Desafíos al periodismo escrito
En el nuevo paradigma global la palabra mágica es: información. Desde la ciencia a la estrategia bélica o comercial (¿existirá alguna diferencia?) tener buena información nos abre las puertas del éxito o por lo menos, nos deja en el umbral.
Con el avance de la tecnología la humanidad se encuentra atiborrada de información. ¿Estamos preparados para elaborar correctamente toda la que nos llega? Creo que no, más aún, la estrategia del lector debiera estar centrada en seleccionar la noticia o el informe que mejor se adecua a lo que necesita, de otro modo corremos el peligro de padecer el síndrome de la intoxicación informática, donde como el de la palabra, se repiten frases sin sentido. De manera que en la actualidad, la informática va suplantando los modos tradicionales de adquirir, procesar y utilizar las noticias.
Los "blogs" están destruyendo el periodismo escrito. El New York Times se ha visto obligado a asociarse con estos sitios, la mayor parte de las veces poco serios y tendenciosos. ¿Cuáles son entonces las armas que pueden combatir esta plaga? No hay duda que el recurso humano es el principal. Contar con un plantel de periodistas bien formados y dispuestos a cumplir su tarea en forma adecuada, veraz y responsable es garantizar al público la calidad de información que se merece. Toda buena información periodística es también una manera de educar y un arma formidable para formar ciudadanos de claro juicio crítico. Nada hay más frustrante al emitir una opinión que ésta sea rebatida por basarse en información falsa.
El periodismo moderno no debe conformarse con el tradicional diario de papel sino que, además, debe incursionar en la Internet del mismo modo ágil e instantáneo que su competencia. Para ello debe someterse al avance tecnológico, pero bajo las estrictas reglas del periodismo internacional.
El Panamá América ha aceptado el desafío del nuevo paradigma sin desprenderse de sus valores tradicionales, es decir, de la veracidad y la libertad de opinión. Espero con ansias que también se anime a llenar el malsano vacío de un periodismo cultural que satisfaga las necesidades de aquellos lectores que ahora la obtienen de periódicos extranjeros. No puedo negar la importancia de las razones comerciales, pero tampoco podemos dejarnos vencer por el falso eslogan que la cultura no vende. Precisamente en las sociedades más cultas es donde abundan los buenos lectores dispuestos a pagar el justo precio por nutrir su conocimiento con información de calidad.
Felicito a las autoridades de este periódico y les deseo que el juicio del tiempo sea tan acertado como lo ha sido desde su fundación. Para conocer a un pueblo basta con saber qué leen sus habitantes.