Desaparecidos por los militares
Fueron 21 años de gobierno o desgobierno militar, porque los civiles de ese entonces, ninguno gobernó. Sí señores y recuérdenlo bien para que no suceda nuevamente, de lo contrario seríamos reincidentes. 21 largos años durante los cuales sucedió todo lo imaginable y lo que nunca pasó por nuestras mentes. Entre los militares elegían las torturas de toda clase y las maldades que les harían a los que no estaban de acuerdo con ellos.
Sin embargo, ahora que los macabros hallazgos de osamentas humanas en el antiguo cuartel de los Pumas se han hecho visibles, ninguno de ellos habla; el silencio acaricia sus bocas y no son capaces de decir una palabra de lo mucho que deben saber. No me digan que, desde el "68 hasta el "89, hubo un secreto "a soto voce" entre los altos dirigentes y que ahora su himno es: "yo no sé nada, yo llegué ahora mismo, yo no estaba allí". ¡Qué barbaridad! Mientras continúan los familiares de los desaparecidos, mientras la hermana del padre Gallego no descansan para conocer el verdadero paradero de sus restos, nadie se atreve a decir, aunque sea a través de una confesión eximida, lo que saben y así terminar de una vez por todas con este peregrinaje.
Desde joven siempre consideré inútil la existencia de militares en nuestros países de América; su presencia sólo servía y sirve para tragarse la mayor parte del presupuesto de pueblos empobrecidos y para descargar su energía contra ese mismo pueblo y contra los que los adversan. Lo viví en Argentina y, cuando dieron el golpe en 1968, sabía bien cuál sería nuestro futuro. Olvídense de dictadura con cariño: o es dictadura o no lo es, pero no a medias. Amigos, a los militares panameños y los civiles que los siguieron no les faltó nada de lo que hacían en otros países. En Panamá, el que más o el que menos, tiene una historia, propia o de algún familiar.
No le des poder a un militar porque se enloquece, se embravece y le sale el monstruo que lleva dentro. Pero, peor, no se los quites porque quedan como canarios, cantando la Marsellesa en honor a la libertad que ellos mismos conculcaron. Lo malo es que se vuelven buenos y olvidadizos, se vuelven mansos cuando están desprotegidos sin el poder de las armas. Por esto, digan lo que digan los que despotricaron contra la invasión este 20 de diciembre, unos con razón porque son PRD y otros a quienes vi en calle 50 vitoreando a los invasores y ahora se llenan la boca de "patriotismo", los norteamericanos nos quitaron esa pesadilla de encima, se llevaron en los cuernos a todo lo que olía a militar y ahora vivimos contentos.
¡Cuántos crímenes, cuánta tortura física y psicológica! ¿Por qué tenían que ensañarse con un pueblo desprotegido y tranquilo? No señores, ninguna dictadura es buena; ninguna dictadura es productiva porque si hacen algo bueno, están manchados de sangre por todas partes. Que me disculpen algunos militares si se sienten aludidos y no se sientan ofendidos. Pero, cuando veo un uniforme de militar, huele a podrido.
Quisiera pedirle a aquellos que saben algo sobre los desaparecidos, a los que saben dónde está el cuerpo del padre Gallego y todas las demás víctimas de la dictadura, que lo digan de una vez por todas, que por lo menos esos puntos se ganen en la conciencia de los panameños que, estoy segura, los perdonarán si hacen esa buena obra. No permitan que continúe el Estado gastando dinero para descubrir esos cuerpos, que continúen los parientes sufriendo la indecisión de si serán o no serán y de dónde sacar el dinero para que se les hagan las pruebas porque el Ministerio Público no cuenta con recursos. ¿Podrán dormir esas personas que saben todo y se lo callan o lo harán a expensas de Lexotán? De que hay conciencia, hay conciencia y todos la tenemos, así es que no comprendo cómo vivirán con esos secretos. Por favor digan lo que saben para terminar de una vez por todas con este martirio.
Sin embargo, ahora que los macabros hallazgos de osamentas humanas en el antiguo cuartel de los Pumas se han hecho visibles, ninguno de ellos habla; el silencio acaricia sus bocas y no son capaces de decir una palabra de lo mucho que deben saber. No me digan que, desde el "68 hasta el "89, hubo un secreto "a soto voce" entre los altos dirigentes y que ahora su himno es: "yo no sé nada, yo llegué ahora mismo, yo no estaba allí". ¡Qué barbaridad! Mientras continúan los familiares de los desaparecidos, mientras la hermana del padre Gallego no descansan para conocer el verdadero paradero de sus restos, nadie se atreve a decir, aunque sea a través de una confesión eximida, lo que saben y así terminar de una vez por todas con este peregrinaje.
Desde joven siempre consideré inútil la existencia de militares en nuestros países de América; su presencia sólo servía y sirve para tragarse la mayor parte del presupuesto de pueblos empobrecidos y para descargar su energía contra ese mismo pueblo y contra los que los adversan. Lo viví en Argentina y, cuando dieron el golpe en 1968, sabía bien cuál sería nuestro futuro. Olvídense de dictadura con cariño: o es dictadura o no lo es, pero no a medias. Amigos, a los militares panameños y los civiles que los siguieron no les faltó nada de lo que hacían en otros países. En Panamá, el que más o el que menos, tiene una historia, propia o de algún familiar.
No le des poder a un militar porque se enloquece, se embravece y le sale el monstruo que lleva dentro. Pero, peor, no se los quites porque quedan como canarios, cantando la Marsellesa en honor a la libertad que ellos mismos conculcaron. Lo malo es que se vuelven buenos y olvidadizos, se vuelven mansos cuando están desprotegidos sin el poder de las armas. Por esto, digan lo que digan los que despotricaron contra la invasión este 20 de diciembre, unos con razón porque son PRD y otros a quienes vi en calle 50 vitoreando a los invasores y ahora se llenan la boca de "patriotismo", los norteamericanos nos quitaron esa pesadilla de encima, se llevaron en los cuernos a todo lo que olía a militar y ahora vivimos contentos.
¡Cuántos crímenes, cuánta tortura física y psicológica! ¿Por qué tenían que ensañarse con un pueblo desprotegido y tranquilo? No señores, ninguna dictadura es buena; ninguna dictadura es productiva porque si hacen algo bueno, están manchados de sangre por todas partes. Que me disculpen algunos militares si se sienten aludidos y no se sientan ofendidos. Pero, cuando veo un uniforme de militar, huele a podrido.
Quisiera pedirle a aquellos que saben algo sobre los desaparecidos, a los que saben dónde está el cuerpo del padre Gallego y todas las demás víctimas de la dictadura, que lo digan de una vez por todas, que por lo menos esos puntos se ganen en la conciencia de los panameños que, estoy segura, los perdonarán si hacen esa buena obra. No permitan que continúe el Estado gastando dinero para descubrir esos cuerpos, que continúen los parientes sufriendo la indecisión de si serán o no serán y de dónde sacar el dinero para que se les hagan las pruebas porque el Ministerio Público no cuenta con recursos. ¿Podrán dormir esas personas que saben todo y se lo callan o lo harán a expensas de Lexotán? De que hay conciencia, hay conciencia y todos la tenemos, así es que no comprendo cómo vivirán con esos secretos. Por favor digan lo que saben para terminar de una vez por todas con este martirio.