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Desarme nuclear


Barack Obama está haciendo buena su palabra. Su reciente visita a Europa ha servido para anunciar los esfuerzos que empeñará Estados Unidos para convertir a la Tierra en un planeta libre de armamento nuclear, una propuesta, además de inteligente, sabia y consecuente con la misión de que la civilización humana sobreviva a cualquier inconveniente por muy crítico que sea.

No resulta aventurado afirmar que la humanidad ha recibido con alivio el anuncio de Obama, sobre todo por los conflictos en distintos puntos del planeta y las intenciones de naciones como Irán o Corea del Norte de incrementar el arsenal nuclear en una amenaza directa a la existencia de la humanidad.

Claro que el anuncio del presidente Obama, lanzado hacia Rusia, va a demandar iniciativas ejemplares de parte de Washington, porque una cosa es proponer y demandar que se cumpla una orientación en ese sentido, y otra actuar con la fuerza del ejemplo. Su propuesta parece identificar claramente ese escenario donde las armas, en lugar de defender al hombre, lo convierten en su rehén. De concretarse, sería un nuevo intento en las largas y accidentadas relaciones entre Estados Unidos y Rusia, pero más que todo, una señal de que, en efecto, la guerra fría, por fin, ha quedado atrás.

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