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Desastre educativo nacional 


Día tras día nuestra sociedad continúa padeciendo las graves consecuencias de un sistema educativo cada vez más deteriorado e ineficiente. Las circunstancias que sumergen a la educación pública panameña han producido tal anarquía que trascienden al manejo de la enseñanza, extendiéndose negativamente a numerosas esferas. Los afectados por esta caótica situación no son sólo los estudiantes, maestros y profesores, sino un país entero que espera impaciente a la realización de un mejor futuro de manos de sus jóvenes generaciones. Los pésimos resultados obtenidos, que alcanzan al hogar, a la calle y al mercado laboral, indican claramente que la actual oferta educativa ha colapsado.

Alumnos de planteles insignia como el Instituto Nacional y el Fermín Naudeau, la Escuela Normal y la de Artes y Oficios, entre otros, marchan en protesta por las deficientes condiciones, falta de seguridad, mantenimiento, equipo y material didáctico en sus centros, todo lo cual menoscaba aún más la pobre calidad educativa. Otros como la Escuela Pedro Pablo Sánchez son cerrados por la presencia de fibra de vidrio, un riesgo a la salud que ha provocado la pérdida de incontables horas de clases a miles de estudiantes a lo largo y ancho de la República.

Algunos lamentablemente han recurrido a la violencia y al vandalismo, indicando con ello que no han aprendido a dialogar ni a manifestarse de forma civilizada. Los gremios magisteriales por su parte se quejan de la ausencia de orientación, comunicación y respuesta de las autoridades, en especial del Ministerio de Educación.

Y es que en este Ministerio, el principal responsable de la enseñanza a cargo del Estado, la excelencia académica y la administrativa parecen haber dado paso a mediocres nombramientos de carácter político. Si en algo se ha destacado el Ministerio es en la generación de escándalos como los peculados del FECE y los oscuros contratos para la remoción de la fibra de vidrio en las escuelas, pero no en impulsar una mayor y mejor calidad de enseñanza en beneficio de los educandos.

De cara a la vorágine de problemas que enfrenta, el Ministerio de Educación ha sido apenas reactivo, sin iniciativas ni proyectos que levanten al sistema educativo de tanto marasmo. Ni siquiera una reciente propuesta con modificaciones a los planes de estudio ha tenido aceptación inicial, pues elimina a materias no especificadas que se teme sean cívica, lógica, ética y filosofía, entre otras.

Ante la inminente llegada de un nuevo ministro del ramo, el cuarto en tres años y medio, no queda menos que esperar una gestión que en todo sentido sea superior a las anteriores. Los requerimientos educativos de nuestra nación no pueden seguir paralizados. La población panameña, consciente de que sin educación de calidad no hay posibilidades de competir en un mundo globalizado, lo demanda con urgencia.

101 años de Panamá América

 
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