Desastre vial
Puede que el Ministerio de Obras Públicas se esfuerce tapando baches y reparando calles, como en efecto creemos; pero ese no es el tema. La cuestión está en los resultados, o sea, en lo que palpan a diario los conductores de automóviles nacionales y extranjeros, que es el desastre y el aspecto lastimoso que ofrecen nuestras vías públicas y aceras.
El dinero no es para robárselo, sino para solucionar problemas. Con las montañas de plata que guardan en sus arcas tanto el gobierno central como el municipio capitalino, aquí no debiera haber un solo bache ni fractura o hundimiento de calle alguna. La Interamericana y las autopistas deberían estar adornadas con jardines, como en Miami y Viña del Mar, por no mencionar otras tantas ciudades.
En la tarea de ornato se puede emplear a miles de desocupados y se ofrecería al mismo tiempo una mejor imagen a nuestros visitantes, más acorde con los rascacielos y el cordón de hoteles y demás infraestructura turística que se extiende apresuradamente por todos los rincones del país.