Descalificación de lo bueno
Un vistazo histórico revela que muchas de las grandes obras que hoy admira la humanidad fueron hechas en épocas de crisis, materiales y morales, de dominación férrea, como cortinas ante las sociedades contemporáneas y la historia que estaba por llegar. No es el caso nombrarlas ahora (Stalin construía el metro de Moscú mientras llenaba de víctimas el Archipiélago Gulag), pero sirva la observación para llamar la atención de quienes se han creído el cuento de que construyendo monumentos tenderán velos sobre la sociedad para ocultar descalificadas acciones que dejan sin asideros a sus administraciones.
Y no se trata de proporciones, porque moralmente no hay diferencia entre quien asesina a uno y el que asesina a muchos, el que roba a uno o el que roba a muchos, el que engaña a uno o engaña a muchos. ¿De qué sirve, por ejemplo, haber sancionado un crimen si se escolta a otro? Una manzana podrida sirve para dañar a cien, aunque sean de muy buena calidad.