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Descaro y torpeza



Resulta intrigante, por lo incomprensible, los repetidos casos de que está dando cuenta la prensa local de estudiantes menores de edad que, con todo y uniforme, son sorprendidas saliendo, en compañía de adultos, de lugares que propicien el amor furtivamente pecaminoso.
Se precisa ser temerario y torpe para repetir la hazaña. Primero fue en Arraiján, acto seguido en La Chorrera, luego a orillas de un río y, por último, en Colón.
En el primer caso, el escándalo tuvo tal publicidad que llegó a todos los rincones del país y poco faltó para que le diera la vuelta al mundo.
Los adultos que siguieron el ejemplo del primer caso, nos han revelado ser tan descarados como torpes. A pesar de la extensa publicidad que tuvo aquel, otros hicieron lo mismo con todo desparpajo. Posteriormente otros adultos, no conforme con los casos de los que fueron a esconder en sitios especializados en ofrecer refugio a protagonistas del amor pecaminoso, cínicamente convierten en taberna un autobús del servicio público, en el que montan una francachela en compañía de jovencitas menores de edad, estudiantes y uniformadas. Con lo sucedido ahora, es de esperar que otros golosos potenciales actores de las mismas escenas, se abstengan de actuar y de exponerse a cumplir severas penas de cárcel como corruptores de menores.
No obstante, frente a este tétrico panorama alarmante, vergonzoso y de pesar, hay un rayo de luz y de esperanza. Ello lo constituye la colaboración de pundonorosos ciudadanos que, dada su reciedumbre moral, alertan a nuestras autoridades prontamente y sin reparos, y la laudable diligencia con que las mismas actúan.

101 años de Panamá América

 
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