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¿Descentralizar, cuándo?


Entre los vicios que con el tiempo se han ido acentuando en el Estado panameño está sin lugar dudas el excesivo centralismo de la gestión pública. El desarrollo de la democracia, que aparece siempre como un consenso fundamental de la clase política, no ha cobrado vida en la discusión sobre la distribución vertical del poder público. Las razones para aprobar la ley de descentralización fueron tan perversas como los motivos que han rodeado su reciente y larga suspensión. Al Ejecutivo anterior la descentralización le pareció muy bien siempre que se implementara en el siguiente periodo y no se le privara de la posibilidad de llenar el país de letreros oficiales que unían su nombre a un pretendido logro de la comunidad. No sabemos si el Ejecutivo actual va por el mismo camino y también quiera recordarle a los sectores más pobres que las obras comunitarias se deben a su magnanimidad presidencial. ¿Veremos más de lo mismo en estos cinco años? Si bien esta práctica no sirve a la democracia, tampoco es la única perversión que plaga esta controversia, pues el clientelismo y la corrupción también podrían tener en la administración municipal una presa fácil de sus fechorías. Lo más apropiado parece ser transitar ordenadamente hacia un desarrollo de capacidades de gestión y control de las finanzas municipales, antes de hacer efectiva la transferencia de fondos. Pero es prematuro decir que ese es el compromiso del actual gobierno. Si es así, o no, lo dirán los hechos y no las palabras.

101 años de Panamá América

 
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