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Descontento en República Dominicana


Mañana, República Dominicana celebra elecciones presidenciales en medio de una de las peores crisis económicas de su historia. Las encuestas dan una amplia ventaja al ex presidente Leonel Fernández, del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), sobre el actual mandatario, Hipólito Mejía, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), que busca ser el primer presidente que sale reelegido en períodos consecutivos en la historia del país.
Si ninguno de los candidatos obtuviera el 50% más uno de los votos, está prevista una segunda vuelta para el 27 de junio.
Durante la segunda mitad de los años "90, República Dominicana experimentó un acelerado crecimiento económico en lo que se llegó a llamar "el milagro del Caribe". Este crecimiento se basó en una mayor inserción en la economía internacional -particularmente a través del turismo, las ensambladoras en zonas libres de impuestos y las remesas de migrantes-, en parte gracias a la expansión de la economía de Estados Unidos (EU) y los bajos precios del petróleo que caracterizaron esos años. Pero, al igual que en otros países de la región, el crecimiento económico tuvo un impacto limitado en el empleo y las condiciones de vida de la población fuera de las dos principales ciudades y las zonas turísticas. La persistencia de los problemas sociales y el beneficio de sólo algunos sectores fueron determinantes para que en el año 2000, Mejía saliera electo en primera vuelta, apoyado en una plataforma electoral que hacía énfasis en la inclusión de clases más desfavorecidas.
Las dificultades económicas comenzaron en 1999 cuando el precio del petróleo comenzó a subir -República Dominicana depende de las importaciones para satisfacer sus necesidades energéticas. Más tarde, la desaceleración de la economía de EU, la caída de la demanda por servicios turísticos tras los atentados del 11 de septiembre y la disminución de los flujos de inversión extranjera agravaron la situación. Estos problemas se reflejaron en una desaceleración del crecimiento económico que, sin embargo, continuó siendo mayor que la media regional. El detonador de la crisis actual fue la quiebra, en mayo de 2003, del Banco Intercontinental, el segundo mayor del país. Cayó en la insolvencia resultado de un fraude perpetrado por sus propietarios, que desde 1989 llevaban una contabilidad paralela en la que registraban operaciones irregulares que incluían préstamos a sí mismos. Tras la quiebra de Baninter y otros dos bancos más pequeños, el Peso Dominicano se depreció, la inflación se disparó, y el Estado se vio abocado a negociar un préstamo de $600 millones con el FMI que apenas serviría para cubrir el costo del rescate bancario.
El estallido de la crisis llevó a la movilización de distintos grupos sociales que salieron a las calles para protestar por las políticas del gobierno, la negociación con el FMI y los continuos cortes de energía eléctrica (que son comunes desde la privatización de la electricidad en 1999). Las primeras manifestaciones en julio del año pasado dejaron diez muertos por disparos de la policía. Ocho más y cientos de sindicalistas presos, se contabilizarían aún en las huelgas generales en noviembre y enero de 2004.
Además de ser criticado por su gestión de la crisis, el presidente Mejía ha sido acusado de utilizar dinero del erario público. Primero para comprar a los legisladores que votaron a favor de modificar la Constitución para hacer posible su reelección, y más tarde para favorecer a sus clientelas de cara a las elecciones.
El descontento social y la impopularidad del presidente han sido aprovechados por la oposición, para culpar de los males al actual gobierno, y a su candidato, Fernández, para posicionarse como el salvador del país, al recordar que durante su presidencia (1996-2000), el país vivió una gran bonanza económica. Las encuestas dan al PLD de Fernández un 54% de sufragios frente a un 27% del PRD, asegurando que el ex presidente saldrá electo en primera vuelta.
Tanto Mejía como Fernández han sido acusados de recibir favores de los dueños de Baninter, por lo que resulta difícil de creer que las anteriores administraciones no se percataran de el fraude que ahí se estaba fraguando. Los electores acudirán a las urnas para escoger entre dos líderes que tienen responsabilidades que asumir por la actual situación y que deberían rendir cuentas antes de ser candidatos a dirigir el país una vez más.

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