Desde acá afuera II
Cuando hablé en un artículo reciente sobre la ventaja de tratar de adquirir la suma de 1,800 millones de dólares de deuda pública, en base a una inversión de 1,300 millones, esto implicaba que en ese momento, los bonos que representaban esa deuda se cotizaban a 72% de su precio original.
Lógico es suponer, que al hacerse pública esta intención, los mismos podrían subir instantáneamente, considerando que los mercados de valores se mueven con una rapidez vertiginosa y que las instituciones financieras (es triste decirlo, pero es la realidad) funcionan con una frialdad extraordinaria y no se dan el lujo de permitir que sus decisiones se basen en otra cosa que no sea su ventaja inmediata.
Debemos tomar en cuenta que en una cifra global de 1,300 millones, cada punto porcentual significa 13 millones.
Basado en esto, es fácil predecir que dado a que se requiere una ley nueva que permita la utilización de los fondos y que las leyes desgraciadamente no se pueden hacer en secreto, existe la posibilidad de que cuando toda esta alharaca se termine, muchas instituciones financieras se hayan aprovechado de esta situación para adquirir especulativamente los bonos depreciados con la intención de vendernoslos más caros, pensando que una vez pasada la ley, nosotros, como país, tenemos la obligación de comprarlos de todas maneras y a cualquier precio.
Esto no tiene que ser así y la forma más sencilla de evitarlo sería que la ley, autorizando esta compra, se hiciera en términos muy específicos, o sea, que sólo se permitiera la compra si el precio de oferta es menor del 75% del valor original. En esta forma se elimina todo intento de especulación leonina al respecto y desarmamos cualquier propósito de obtener ganancias pingües a costa de nuestra vital economía. Además, no debe haber nada en la ley que nos obligue a comprar los bonos de todas maneras e inmediatamente; se debe estipular que se comprarían sólo y únicamente en el momento que más nos convenga hacerlo.
Es de suma importancia que esto se tome en cuenta como un factor primordial al redactar la ley en mención, pues de omitir esta restricción, seríamos presa fácil de los especuladores y se estaría desvirtuando el propósito real de esta iniciativa.
Lógico es suponer, que al hacerse pública esta intención, los mismos podrían subir instantáneamente, considerando que los mercados de valores se mueven con una rapidez vertiginosa y que las instituciones financieras (es triste decirlo, pero es la realidad) funcionan con una frialdad extraordinaria y no se dan el lujo de permitir que sus decisiones se basen en otra cosa que no sea su ventaja inmediata.
Debemos tomar en cuenta que en una cifra global de 1,300 millones, cada punto porcentual significa 13 millones.
Basado en esto, es fácil predecir que dado a que se requiere una ley nueva que permita la utilización de los fondos y que las leyes desgraciadamente no se pueden hacer en secreto, existe la posibilidad de que cuando toda esta alharaca se termine, muchas instituciones financieras se hayan aprovechado de esta situación para adquirir especulativamente los bonos depreciados con la intención de vendernoslos más caros, pensando que una vez pasada la ley, nosotros, como país, tenemos la obligación de comprarlos de todas maneras y a cualquier precio.
Esto no tiene que ser así y la forma más sencilla de evitarlo sería que la ley, autorizando esta compra, se hiciera en términos muy específicos, o sea, que sólo se permitiera la compra si el precio de oferta es menor del 75% del valor original. En esta forma se elimina todo intento de especulación leonina al respecto y desarmamos cualquier propósito de obtener ganancias pingües a costa de nuestra vital economía. Además, no debe haber nada en la ley que nos obligue a comprar los bonos de todas maneras e inmediatamente; se debe estipular que se comprarían sólo y únicamente en el momento que más nos convenga hacerlo.
Es de suma importancia que esto se tome en cuenta como un factor primordial al redactar la ley en mención, pues de omitir esta restricción, seríamos presa fácil de los especuladores y se estaría desvirtuando el propósito real de esta iniciativa.