Desde China sin control
La cadena de intermediarios, tanto nacionales e internacionales que participaron en la compra de compuestos medicinales adulterados de la Caja de Seguro Social -dietilenglicol-, y que han provocado la muerte a más de 100 panameños es, a la luz de las nuevas informaciones que han estado apareciendo, el más peligroso escenario que le sirve a los posibles responsables para ocultar los procedimientos ignorados.
Si las investigaciones judiciales quieren avanzar correctamente tendrán que hacerlo en varias direcciones a la vez y deberán estar los fiscales totalmente conscientes que habrá muchos responsables con sus distintas cargas de culpas.
Cada vez está más claro que lo ocurrido es una larga historia de responsabilidades incumplidas y que el daño ocasionado tiene proporciones inmensas, por lo que no importa lo que digan ni cómo se defiendan quienes participaron en este problema, en algún momento tendrán que enfrentar la justicia.
Desde el Ministerio de Salud, pasando por la CSS, la intermediaria panameña Medicom, la española Rasfer Internacional y los agentes chinos, todos obviaron los controles que debían ejercer sobre los medicamentos que envenenaron a tantos pacientes debido a un oscuro proceso de compra-venta de productos adulterados. Y aunque los representantes de la intermediaria española advierten que la CSS debió analizar la materia prima enviada desde China, véase la noticia de Panamá América del 10/05/07, lo cierto es que ellos también lo debieron hacer.
En esta maraña de acusaciones hoy lo que tenemos claro son las raíces de un cuento chino donde vendieron una medicina que no verificó Rasfer, ni Medicom, que tampoco analizó la CSS, ni mucho menos certificó el MINSA o controló Aduanas.
Las normas, los requisitos y los procedimientos exigidos en Panamá para la elaboración, transporte, almacenamiento y distribución de medicamentos están ahí, sencillamente todos las ignoraron en esta larga cadena de descontroles administrativos y legales.