Desde las bananeras: de aquel lado de la grapa
Entender el drama que hoy viven los trabajadores de las bananeras en Puerto Armuelles desde la óptica citadina o incluso, desde cualquier otro horizonte geográfico de nuestro país, no es fácil. Serían muchos los antecedentes históricos que harían falta y sobre todo, la carencia de conocimiento en cuanto al acuerdo marco que traspasa los activos de la Puerto Armuelles Fruit Company (PAFCO) a la COOSEMUPAR (Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles), hace casi imposible medir la dimensión de este drama.
Hace diez días la Presidenta de la República hizo el traspaso oficial en un acto en la histórica Finca Blanco. En esa finca surgió hace décadas la organización sindical que fuese la más importante y combativa del país: SITRACHILCO (Sindicato de Trabajadores de la Chiriquí Land Company). Es en esa finca donde se han tomado las decisiones más importantes del movimiento obrero bananero. Y allí, precisamente, ante la presencia masiva de trabajadores y sobre todo, de ex trabajadores y personas alejadas de la producción bananera, se autoriza el inicio de otra historia. Que los trabajadores sean dueños de su propio destino. Que se hagan cargo de la producción bananera y que la ahora antigua PAFCO se dedique a comprarles el banano para comercializarlo en el mercado internacional.
La Presidenta tomó su helicóptero y se fue a enfrentar otros compromisos sociales. Allí quedaron los trabajadores con la esperanza hinchada en su corazón. Otra historia; una nueva vida laboral; el pago de sus prestaciones; sueños de años que se harán realidad y además, seguirán trabajando, su fuente de trabajo no desaparecerá...
En horas de la tarde de ese mismo día empezaron a pagar desde los despachos de los distintos centros de trabajo. No podían ver el cheque ni leer lo que firmaban. "Firme y tome el cheque." Esa era la instrucción. Tarde se dieron cuenta los trabajadores que estaban firmando un mutuo acuerdo y que sus años de duro trabajo en las fincas, en las empacadoras; que sus años de duro trabajo utilizando fertilizantes tóxicos para su salud, que los han dejado con enfermedades crónicas en la piel, en la garganta; que les ha causado enfermedades incurables y muchas veces mortales, no fueron recompensados con una liquidación justa. ¿Por qué se calcularon las liquidaciones en base a un mutuo acuerdo que no era lo acordado? En ninguna parte del acuerdo marco se habla de "mutuo acuerdo".
El Ministerio de Trabajo hizo el cálculo de las prestaciones que les correspondía a los trabajadores. El Banco Nacional dio el dinero. El sindicato pagó y los trabajadores han salido afectados. ¿Quién tiene la responsabilidad?
222El trabajo sucio que quería hacer la PAFCO, lo hacen ahora los trabajadores a sus propios compañeros. Se supone que la cooperativa tiene que preservar la fuente de empleo de los trabajadores.
El Ministerio de Trabajo insiste en que los cálculos que ellos sacaron son correctos. Además, plantea que ellos no tienen nada que ver con la forma de pago ni con el pago en sí mismo. Que esa es la responsabilidad de quien pagó. El hecho concreto es que ahora los trabajadores ganan menos por el mismo trabajo y en algunas circunstancias, por más trabajo. Sus mutuos acuerdos no les sirven ni para pagar las deudas que tienen. Tienen que pagar el transporte de sus hijos e hijas a la escuela, que anteriormente lo asumía la empresa. Se les descontará de su salario el pago de la luz y el agua, que anteriormente también asumía la empresa. Viven amenazados por quienes los han representado en el sindicato, que ahora no se sabe qué son, si dirigentes sindicales, directivos de la cooperativa, dueños de sus vidas, nuevos esclavistas, ¿o qué?
El que habla del nuevo contrato laboral, el que critica a los dirigentes, el que se queja por las liquidaciones, el que cuchichea en su centro de trabajo, el que va a la radio y critica al Secretario General del Sindicato (que también es el Presidente de la Junta de Directores de la Cooperativa), se le invita a irse "de aquel lado de la grapa".
La grapa es una especie de garita de seguridad que existe a la entrada de la finca bananera. Son seis entradas: Bongo, Zapatero, Palmito, Palmar, Potreros y Malagueto. Son seis grapas que existen hoy día. La empresa las formalizó en el último contrato ley que hizo con la Nación y les permitía controlar las salidas y las entradas de vehículos y personas a sus dominios.
La grapa es el límite, el inicio y el fin. "De aquel lado de la grapa" es quedar despedido. Los trabajadores envían de aquél lado de la grapa a los trabajadores. El trabajo sucio que quería hacer la PAFCO, la hacen ahora los trabajadores a sus propios compañeros. Se supone que la cooperativa tiene que preservar la fuente de empleo de los trabajadores.
Valdría la pena que el Ministerio de Trabajo investigara a cuántos trabajadores se han enviado hasta el momento, de aquél lado de la grapa. Y también vale la pena que el Ministerio de Trabajo cumpla con la ley, en el sentido de atender a todo trabajador que presente su queja de despido injustificado en el área bananera.
Vale la pena que este Ministerio cumpla con su deber, antes que queden de aquel lado de la grapa los dos mil 800 trabajadores sobrevivientes del área bananera de Puerto Armuelles.
Hace diez días la Presidenta de la República hizo el traspaso oficial en un acto en la histórica Finca Blanco. En esa finca surgió hace décadas la organización sindical que fuese la más importante y combativa del país: SITRACHILCO (Sindicato de Trabajadores de la Chiriquí Land Company). Es en esa finca donde se han tomado las decisiones más importantes del movimiento obrero bananero. Y allí, precisamente, ante la presencia masiva de trabajadores y sobre todo, de ex trabajadores y personas alejadas de la producción bananera, se autoriza el inicio de otra historia. Que los trabajadores sean dueños de su propio destino. Que se hagan cargo de la producción bananera y que la ahora antigua PAFCO se dedique a comprarles el banano para comercializarlo en el mercado internacional.
La Presidenta tomó su helicóptero y se fue a enfrentar otros compromisos sociales. Allí quedaron los trabajadores con la esperanza hinchada en su corazón. Otra historia; una nueva vida laboral; el pago de sus prestaciones; sueños de años que se harán realidad y además, seguirán trabajando, su fuente de trabajo no desaparecerá...
En horas de la tarde de ese mismo día empezaron a pagar desde los despachos de los distintos centros de trabajo. No podían ver el cheque ni leer lo que firmaban. "Firme y tome el cheque." Esa era la instrucción. Tarde se dieron cuenta los trabajadores que estaban firmando un mutuo acuerdo y que sus años de duro trabajo en las fincas, en las empacadoras; que sus años de duro trabajo utilizando fertilizantes tóxicos para su salud, que los han dejado con enfermedades crónicas en la piel, en la garganta; que les ha causado enfermedades incurables y muchas veces mortales, no fueron recompensados con una liquidación justa. ¿Por qué se calcularon las liquidaciones en base a un mutuo acuerdo que no era lo acordado? En ninguna parte del acuerdo marco se habla de "mutuo acuerdo".
El Ministerio de Trabajo hizo el cálculo de las prestaciones que les correspondía a los trabajadores. El Banco Nacional dio el dinero. El sindicato pagó y los trabajadores han salido afectados. ¿Quién tiene la responsabilidad?
222El trabajo sucio que quería hacer la PAFCO, lo hacen ahora los trabajadores a sus propios compañeros. Se supone que la cooperativa tiene que preservar la fuente de empleo de los trabajadores.
El Ministerio de Trabajo insiste en que los cálculos que ellos sacaron son correctos. Además, plantea que ellos no tienen nada que ver con la forma de pago ni con el pago en sí mismo. Que esa es la responsabilidad de quien pagó. El hecho concreto es que ahora los trabajadores ganan menos por el mismo trabajo y en algunas circunstancias, por más trabajo. Sus mutuos acuerdos no les sirven ni para pagar las deudas que tienen. Tienen que pagar el transporte de sus hijos e hijas a la escuela, que anteriormente lo asumía la empresa. Se les descontará de su salario el pago de la luz y el agua, que anteriormente también asumía la empresa. Viven amenazados por quienes los han representado en el sindicato, que ahora no se sabe qué son, si dirigentes sindicales, directivos de la cooperativa, dueños de sus vidas, nuevos esclavistas, ¿o qué?
El que habla del nuevo contrato laboral, el que critica a los dirigentes, el que se queja por las liquidaciones, el que cuchichea en su centro de trabajo, el que va a la radio y critica al Secretario General del Sindicato (que también es el Presidente de la Junta de Directores de la Cooperativa), se le invita a irse "de aquel lado de la grapa".
La grapa es una especie de garita de seguridad que existe a la entrada de la finca bananera. Son seis entradas: Bongo, Zapatero, Palmito, Palmar, Potreros y Malagueto. Son seis grapas que existen hoy día. La empresa las formalizó en el último contrato ley que hizo con la Nación y les permitía controlar las salidas y las entradas de vehículos y personas a sus dominios.
La grapa es el límite, el inicio y el fin. "De aquel lado de la grapa" es quedar despedido. Los trabajadores envían de aquél lado de la grapa a los trabajadores. El trabajo sucio que quería hacer la PAFCO, la hacen ahora los trabajadores a sus propios compañeros. Se supone que la cooperativa tiene que preservar la fuente de empleo de los trabajadores.
Valdría la pena que el Ministerio de Trabajo investigara a cuántos trabajadores se han enviado hasta el momento, de aquél lado de la grapa. Y también vale la pena que el Ministerio de Trabajo cumpla con la ley, en el sentido de atender a todo trabajador que presente su queja de despido injustificado en el área bananera.
Vale la pena que este Ministerio cumpla con su deber, antes que queden de aquel lado de la grapa los dos mil 800 trabajadores sobrevivientes del área bananera de Puerto Armuelles.