Desempleo, marginalidad y pobreza
El problema del desempleo en Panamá es tan aterrador que cuando un candidato ofreció crear 250 mil empleos, en cinco años, casi todo el país y sus adversarios sonrieron de incredulidad recordando la producción de cine y televisión "Misión imposible".
Pero cuando su proponente, Alberto Vallarino, explicó que al crear tal cantidad de empleos tan sólo reduciría a la mitad la actual tasa oficial de desempleo que es de 12%, la polémica de si se puede o no se puede, adquirió las características de tragicomedia.
Crear 250 mil empleos en cinco años reduciría el desempleo a 6% cuando el de Costa Rica oscila hoy día entre 4 y 5%. Pero ese sería apenas el comienzo, un primer paso para solucionar un problema mucho más grave: 35% de pobreza y 18% de pobreza extrema, en circunstancias en que estudios independientes ubican dichos índices en términos mucho peores. De cualquier forma, hablar de 875 mil pobres en un país pleno de riqueza con apenas 2.5 millones de habitantes es aterrador.
En ese mismo orden de ideas, Costa Rica, más pequeña y con menos recursos que Panamá, presenta apenas 8% de pobreza y eso que su economía absorbe a más de un millón de inmigrantes nicaragüenses que se ocupan de las tareas más duras de la producción y los servicios.
Pero hay además otro índice preocupante que las estadísticas oficiales nunca cuentan, quizás por tener más que suficiente con el desempleo, y es el del subempleo. Nadie sabe a ciencia cierta cuánta gente que trabaja por cuenta propia apenas devenga de su actividad su mera subsistencia, sin recibir los beneficios de un Seguro Social y de una jubilación.
Mas es obvio que si tenemos un 35% de pobreza y un 12% de desempleo, el índice de subempleo podría situarse en la diferencia entre ambos registros, esto es un 23% de subempleados que son pobres, aunque por tener ocupación propia, así sea de subsistencia, no son considerados desempleados.
Con semejantes índices, podríamos concluir que 250 mil empleos en cinco años no sólo es insuficiente sino lo mínimo a que todo aspirante presidencial debe aspirar a ofrecer a este país; por lo que sería deprimente limitarse a decir "no se puede", en vez de plantear "puedo hacerlo mejor" y, lo más importante, explicar cómo hacerlo.
Pero cuando su proponente, Alberto Vallarino, explicó que al crear tal cantidad de empleos tan sólo reduciría a la mitad la actual tasa oficial de desempleo que es de 12%, la polémica de si se puede o no se puede, adquirió las características de tragicomedia.
Crear 250 mil empleos en cinco años reduciría el desempleo a 6% cuando el de Costa Rica oscila hoy día entre 4 y 5%. Pero ese sería apenas el comienzo, un primer paso para solucionar un problema mucho más grave: 35% de pobreza y 18% de pobreza extrema, en circunstancias en que estudios independientes ubican dichos índices en términos mucho peores. De cualquier forma, hablar de 875 mil pobres en un país pleno de riqueza con apenas 2.5 millones de habitantes es aterrador.
En ese mismo orden de ideas, Costa Rica, más pequeña y con menos recursos que Panamá, presenta apenas 8% de pobreza y eso que su economía absorbe a más de un millón de inmigrantes nicaragüenses que se ocupan de las tareas más duras de la producción y los servicios.
Pero hay además otro índice preocupante que las estadísticas oficiales nunca cuentan, quizás por tener más que suficiente con el desempleo, y es el del subempleo. Nadie sabe a ciencia cierta cuánta gente que trabaja por cuenta propia apenas devenga de su actividad su mera subsistencia, sin recibir los beneficios de un Seguro Social y de una jubilación.
Mas es obvio que si tenemos un 35% de pobreza y un 12% de desempleo, el índice de subempleo podría situarse en la diferencia entre ambos registros, esto es un 23% de subempleados que son pobres, aunque por tener ocupación propia, así sea de subsistencia, no son considerados desempleados.
Con semejantes índices, podríamos concluir que 250 mil empleos en cinco años no sólo es insuficiente sino lo mínimo a que todo aspirante presidencial debe aspirar a ofrecer a este país; por lo que sería deprimente limitarse a decir "no se puede", en vez de plantear "puedo hacerlo mejor" y, lo más importante, explicar cómo hacerlo.