Desenfocados
Si ponemos atención a lo que prometen los candidatos al Palacio de Las Garzas, pareciera que mediante el mismo voto estamos escogiendo a todos los integrantes de los tres órganos del Estado y a los gobiernos locales.
No puede explicarse de otra manera que los candidatos a la Presidencia de la República prometan nuevas leyes o derogar las ya existentes, como si ese tipo de acciones fuera una de sus potestades; aseguren que realizarán proyectos en comunidades, como si fueran a sentarse en el Consejo Municipal; anuncien que meterán en la cárcel a malandrines y corruptos, como si el Ejecutivo investigara delitos o dictase sentencias. Desde el megáfono que brinda el torneo electoral pareciera que el próximo Presidente de la República se encargará personalmente de encarar todas estas prácticas deletéreas y ya no serán necesarios ni los diputados, ni los alcaldes, ni los fiscales ni los jueces.
Pareciera como si los comicios del 2009 fueran una especie de juego en que el ganador se lo lleva todo. ¿No sería más sensato prometer una actuación cónsona con los principios de separación de los poderes, transparencia en la gestión pública y promoción de la participación ciudadana? ¿Cómo abordarán las deficiencias del sistema educativo, o las carencias de la salud pública, o las debilidades de la seguridad ciudadana? Es lo que interesa saber. ¿Renunciarán a interferir, por ejemplo, en el nombramiento del Contralor, que sólo le compete a la Asamblea Nacional?
No confundamos el ejercicio del Poder Ejecutivo con una película de aventuras.