Desequilibrios en salarios y empleos
El segundo indicador que destacan los medios es que las mujeres en Panamá ganan menos. Pero si insertamos estos indicadores en el contexto de otras cifras, por ejemplo, la tasa de crecimiento económico, el mensaje es claro: el crecimiento económico mundial no se ha traducido en la generación de los empleos de calidad necesarios para reducir la pobreza en las diferentes regiones del mundo.
Con este mensaje se abre esta semana en Ginebra una reunión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para abordar los problemas que persisten en una buena parte del mundo, y que según la OIT radican en que se proponen políticas económicas donde la prioridad no es generar empleos decentes y seguros en casi ningún país, especialmente en América Latina y África. Por otro lado, el 16 % de los panameños no obtiene suficientes ingresos para superar, ellos y sus familias, el umbral de la extrema pobreza, que en Panamá se cifra en B/. 586 al año, es decir viven con menos de dos balboas al día.
Lo grave es que tampoco podrán romper en una o más generaciones el círculo de la pobreza. Las cifras, aunque puedan resultar engañosas, están allí para obligarnos a desarrollar políticas económicas más comprometidas con la generación de oportunidades de empleos dignos y seguros, sin los evidentes desequilibrios que se dan entre el campo y la ciudad, o entre el núcleo urbano y los cinturones de pobreza que circundan la capital.
Con este mensaje se abre esta semana en Ginebra una reunión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para abordar los problemas que persisten en una buena parte del mundo, y que según la OIT radican en que se proponen políticas económicas donde la prioridad no es generar empleos decentes y seguros en casi ningún país, especialmente en América Latina y África. Por otro lado, el 16 % de los panameños no obtiene suficientes ingresos para superar, ellos y sus familias, el umbral de la extrema pobreza, que en Panamá se cifra en B/. 586 al año, es decir viven con menos de dos balboas al día.
Lo grave es que tampoco podrán romper en una o más generaciones el círculo de la pobreza. Las cifras, aunque puedan resultar engañosas, están allí para obligarnos a desarrollar políticas económicas más comprometidas con la generación de oportunidades de empleos dignos y seguros, sin los evidentes desequilibrios que se dan entre el campo y la ciudad, o entre el núcleo urbano y los cinturones de pobreza que circundan la capital.