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¿Desestabilizadores?


Conciudadanos: La Patria pernocta en un fango fétido y maloliente. Como diría William Shakespeare, “algo podrido huele en Dinamarca”. Hay hijos de ella, hombres y mujeres, que la han vilipendiado. Han mancillado el honor de la nación y, a costas de los recursos y bienes de todos los panameños, han amasado fortunas de magnitudes desconocidas. Se han enriquecido con los dineros y grandes negociados del pueblo; nada les importa ni les interesa el concepto nación o el ser panameño. Se han vuelto recalcitrantes y mojigatos; les incomoda la crítica de los buenos hijos de la Patria; se molestan, de modo virulento, cuando se construyen cosas buenas como Poder Social Siglo XXI; aborrecen a los hijos de la Nación que se preparan, estudian y llegan a ser grandes profesionales; no les gusta a esos innobles conciudadanos ver que el pueblo se organiza, se estructura y levanta, como Moisés en el desierto levantó la serpiente de vida, para exigir el adecentamiento en sus actos por parte de quienes nos desgobiernan con arrogancia suprema y menosprecian toda posibilidad de bienestar y progreso para nuestro pueblo.
En medio del marasmo gubernamental, quienes liberalizamos Poder Social Siglo XXI, hemos sido objetos de despiadados e injustificados ataques por parte de los más conspicuos defensores del Gobierno y algunos sátrapas del poder; sin embargo, nada nos perturba, nada nos incomoda y ninguna de las ofensas que profieren en nuestra contra tiene el poder de causarnos mal alguno, dado que esas palabras adolecen del gran poder de la moral y de la fuerza de la espiritualidad tan necesarias y que son, en definitiva, las que confieren esencia y sentido a nuestros actos y discursos. He allí el sentido de la transparencia y de la probidad con las cuales calzamos nuestras sandalias al caminar.
Se nos acusa de desestabilizadores del gobierno, que las marchas le hacen mal al pueblo, que el país pierde oportunidad de desarrollo y de progreso; sin embargo, el pueblo panameño sabe, perfectamente, que quienes han logrado desestabilizar a nuestra gente, a los distintos sectores de la comunidad nacional, han sido, precisamente ellos, los que detentan el poder político y que han usado dicho poder, lo han manipulado, manejado y conducido de modo antojadizo para desarrollar una agenda de progreso personal y no así una agenda de desarrollo nacional en la que todos los panameños tengamos la igualdad de oportunidades, de participación y de beneficios.
Buena y propicia es la ocasión para recordarle a los gobernantes de hoy que no ha sido el pueblo panameño quien enfrentó a los productores de nuestro país; que no ha sido nuestro pueblo quien comandó el helicóptero HP-1430; tampoco fue nuestra gente la que participó en la corrupción del caso CEMIS; del caso de los “afudólares o de los durodólares”; no es nuestro pueblo el que acaba de aprobar una resolución en la Asamblea Legislativa, y con ella pretendiendo enterrar el caso CEMIS y la designación impropia e irregular de dos magistrados de la Corte Suprema; no ha sido nuestra humilde gente quien dona las tierras del Estado a una empresa portuaria; no ha sido nuestro pueblo el que dona costosos y finos relojes a los legisladores; no, no señora Presidenta de la República, no somos nosotros, el pueblo panameño, los desestabilizadores de la sociedad panameña. Esos desestabilizadores tienen nombre propio: se llaman corruptores de la nación, se califican como los saqueadores de la Patria, son los “alibabás gubernamentales”; son los califas y mercaderes de los bienes de la Patria.
La desestabilización, señores del Gobierno, está allí en donde reina la pobreza y el desempleo; allá en donde mueren nuestros niños y mujeres a consecuencia de los deplorables estados de salud de grandes sectores que se hallan distantes de la metrópolis; la desestabilización se encuentra en cada esquina de los barrios y sectores pobres de El Chorrillo, Santa Ana, Curundú, ciudad de Colón, Samaria, San Miguelito, La Chorrera, David, Bocas del Toro, Puerto Armuelles, Nuevo y Viejo Veranillo, Santa Marta, Nueva Esperanza, etc.
Cada vez que muere un pobre en nuestro territorio muere también parte de la Patria; cada vez que se le niega a un panameño el derecho al trabajo, también se le niega a la Nación su derecho al progreso y al bienestar social; cuando en nuestros hospitales y centros de salud fallece el hijo de la cocinera o de la empleada doméstica por falta de cuidado de atención médica o porque no se le aplicó el tratamiento debido, también pierde la Patria y se llena de luto el pueblo panameño.
Dentro del panorama o estado de cosas, muy deplorable, por el que atraviesa nuestra gente, lamentamos la actitud de indiferencia de los llamados partidos políticos de oposición que permanecen en una especie de castración moral, de parálisis cerebral y de raquitismo político que nada dicen, nada hacen y se han convertido, con el silencio, en cómplices del actual estado de cosas que mantiene enlutecida a la Nación.
Nadie quiere, entienda señora Presidenta, desestabilizarla. Tal vez a eso es que se refiere usted cuando habla de la desestabilización. Es que cuando los gobiernos incapaces, incompetentes y mediocres se hacen oídos sordos a la voz del pueblo, entonces se apodera de quienes gobiernan el pánico, el miedo y un temor pusilánime por cuanto advierten que peligra el oportunismo perverso, la mezquindad gubernamental, la hipocresía de los discursos, etc. Entonces salen con el clásico discurso de la “desestabilización” del cual ningún panameño honesto y noble hijo de la Patria puede ya creer.
Mañana la Patria sentará en el banquillo de los acusados a los que la han saqueado y dilapidado. Los Judas políticos serán exhibidos públicamente en la plaza de la honestidad, y quienes se han comportado como Barrabás serán condenados a la perpetuidad de la ignominia, el reproche social y la historia no hará mención de ellos en sus capítulos dorados.
Hoy se hace historia: marcamos un hito singular en el camino de nuestra nacionalidad, pues nunca antes el pueblo panameño había marchado contra la corrupción y la pobreza. Hoy lo hacemos convencidos que la Patria está agradecida y contenta con todos los que al marchar, en cada paso que dimos, pisamos la corrupción. ¡Viva Panamá!
Sí señores, hombres y mujeres de nuestro pueblo, somos pastores en la conducción del rebaño de nuestra gente humilde, pero sincera, sencilla y transparente.
Es mejor vivir pobre que rico a costillas del pueblo. No le tenemos miedo a los sabuesos del régimen; a las garrapatas que succionan la leche del Estado; a las lagartijas que muerden y se alimentan de las migajas y prebendas del poder. Estamos por encima de ellos: Dios es nuestra fortaleza y nuestro amparo. Vienen mejores días para la Patria, así lo creemos y esperamos que acontezca.
¡Panamá primero!

101 años de Panamá América

 
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