Desperdicio de los inútiles
¿Cómo entendemos la bondad del narciso, el avaro o el egoísta? ¿Qué inteligencia moverá al que se alaba siempre y sólo así mismo? ¿Qué bondad manifiesta quien se mofa de la ignorancia ajena y le llama a "participar en la gestión de migajas" mediante cabildo abierto, mientras gobierna a obscuras mediante decretos antidemocráticos y contrarios al querer popular precisamente en asuntos importantes a todos?
La diatriba radica en que tanto gobernantes como gobernados piensan y actúan de modo igual. Prefieren el consumismo desmedido, el derroche de lo que no nos pertenece, del baile y el festejo en la ignorancia verosímil de las vacas gordas, aportando absolutamente nada a resolver los problemas cardinales de nuestra sociedad, dándole la espalda a la valiosa planificación del bienestar futuro nacional.
Triste es ver el daño que se le causa a la moral de nuestros ciudadanos con conciencia, quienes nos allanamos aún más a la desesperanza de lograr un mejor Panamá, al ver cómo un grupo que desplaza a otro del poder político precisamente porque no funcionó, luego hace exactamente lo mismo o peor. Y definitivamente peor, aunque no se quiera ver, pues si lo hace parecido es luego peor, ya que no se justifica el apoyo que de todos, en estafa, recibió. Es un pueblo pobre, impotente y estafado. Un pueblo que caminará adorando la ignorancia, debido a que la coherencia le resulta inapropiada.
Con cada quinquenio derrochado no sólo se desperdician millonarios recursos mientras se enriquecen quienes ya lo están, se elogia la impunidad y desprecian las virtudes y al buen ser, se sacrifican los valores y trauman ciudadana la moral, se condena a los nuestros a creer en el mal y a vivir de él. ¿Qué aprendimos de las maldades Mireyadas, cuando las de hoy, de inmensas se tornan peor?
Como diferencia, aquélla nada ofreció y por ello siquiera un debate enfrentó. Nada que plantear su cabeza ofrecía. Jean Jaques Rousseau decía "El hombre en su ignorancia es por naturaleza malo, ¿cómo sería si hubiese nacido sabio?".
Hoy escuchamos de la crisis financiera internacional, de la Cumbre de los 20 donde se invitan a las nuevas economías emergentes y se ponderan el desarrollo industrial de Brasil, México, India, Sudáfrica, y otros. La pregunta es, ¿qué ha hecho Panamá de los suyos? Una economía con alto crecimiento sostenido en su región, pero endeudada hasta el tuétano por simple corrupción, con un analfabetismo funcional creciente, acompañado causalmente de delincuencia multilateral e impunidad lego-procesal que de la mano van.
Somos sólo tres señores, sólo tres millones de habitantes y nos parecemos en crimen y corrupción a países con cientos de millones, no así pensamos siquiera en el agro, menos la industria a los cuales la espalda brindamos mientras vendemos, cedemos y regalamos el nutre de nuestras tierras, el oro de nuestras minas y recursos de nuestra patria.