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Despierta, ya, despierta (II)


No dependes de ti para ser, ya que de Alguien vienes. Eres igual que una hierba, que así como hoy es, mañana se seca. Pero eres alguien en ese Ser Misterioso que te dio la vida. Eres porque estás en el pensamiento divino y estás porque El te mantiene vivo. Eres algo más que la materia, aunque seas una mezcla de tierra, aire, agua y fuego y aunque sepas que acabarás un día, sientes que permanecerás para siempre. Eres energía, aunque más que eso, porque piensas y amas. Tú estás fundamentado en lo invisible, en el reino de donde nacen los pensamientos y sentimientos, la fe y la esperanza y de donde brota el amor. Eres en verdad alguien que descansa en el Misterio.

Eres camino, ya que estás siempre evolucionando, en transformación constante, física y mentalmente. Tu cuerpo de ahora ya no es el de hace unos años, porque todas tus células han nacido y muerto, reproduciendo otras. Tu pensamiento y sentimientos van cambiando a lo largo de los años y el cambio es parte de tu vida. Pero eres meta en cuanto que todo el universo gira en torno tuyo, y aunque desde la ciencia seas una parte minúscula de lo que existe, todo lo creado por Dios, para ti y por ti fue hecho. El aire que respiras, las frutos del campo, cada pedazo de tierra en el que pones tus pies, las flores que observas, los pájaros que vuelan y los astros que giran en torno a otros, todo fue creado para ti y por ti.

Eres creación del Amor Infinito, de un Dios que te hizo como El pero en diminuto, finito y dependiente, semejante a Él. En ciertos momentos aparece en tu vida un rayo de luz que ilumina todo tu firmamento interior y amas y eres misericordioso, esperas y te entregas, te das y no esperas recompensa, buscas la unidad y quieres vivir en comunión. Ansías ser puro, estar en paz y armonía, buscas anclarte en algo seguro que te garantice permanecer para siempre. En el fondo sabes que quieres ser bueno. Quisieras amar y ser amado, y que ese amor no se diluya. Eres “ansia de eternidad” y estás sediento de felicidad. Hay en ti dos niveles que completan tu persona: el de lo temporal y caduco y el de lo eterno y gozoso. Hay en ti gracia y pecado, luz y oscuridad, amor y egoísmo, una lucha constante. Pero “eres en Él” y con Dios serás invencible.

101 años de Panamá América

 
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