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Desplazados: Preparémonos


La crisis colombiana ya trasciende de ser un problema interno para adquirir dimensiones mucho más amplias. El gobierno de Estados Unidos aprobó 1,300 millones para enfrentar el narcotráfico (Plan Colombia), pero teniendo la mayor parte de esa donación finalidad militar, muchos tememos el escalamiento de la guerra por la que atraviesa el vecino país. Por varias razones, pues según señala la colombiana Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento, se produce: El desarrollo de las capacidades estratégicas, económicas y político militares de las guerrillas y su tendencia a la afirmación territorial El auge del proyecto paramilitar contrainsurgente y la consiguiente consolidación de zonas estratégicas para el desarrollo del conflicto y la disputa de nuevos territorios. El incremento de los recursos estatales destinados a la guerra, en abierto contraste con la política económica de ajuste, que profundiza los desequilibrios sociales y no ofrece alternativas estructurales a la profunda recesión que vive el país.
La creciente intervención norteamericana en el plano contrainsurgente y antinarcóticos, desde una perspectiva que privilegia soluciones militares a soluciones sociales y que, por consiguiente, será un factor de escalamiento de la guerra antes que una solución a los problemas de la guerra, el narcotráfico y la crisis social.
Las dificultades de la sociedad civil para construir expresiones sociales y democráticas capaces de cuestionar integralmente la guerra, y exigir en consecuencia la solución política negociada y la creación de escenarios de participación social que contribuyan a resolver los problemas generadores de la guerra.
Lo cierto es que este volcán en erupción posee cinco fronteras terrestres, una de ellas, de 233 kilómetros, es la panameña. Evidentemente nuestra frontera es la más vulnerable de todas a pesar de ser la más pequeña, por el hecho de ser el país con menos habitantes, pequeña dimensión geográfica, más desarmado y vulnerable socioeconómicamente de los que son limítrofes con Colombia.
Uno de los efectos del posible escalamiento de la guerra colombiana en nuestro país es el aumento de los desplazados que huyen de los fragores de la guerra y sus secuelas. Se calcula que pueden existir en Darién, aproximadamente, mil desplazados colombianos. Pero no sólo se desplaza la población colombiana, sino que el impacto de su presencia, el temor y los incidentes violentos que conocemos, están provocando desplazamientos internos de panameños hacia otras zonas del país, como es el caso de un millar de emberás que se han movilizado internamente ante esta situación.
Como afirma Jon Bennet: "El término desplazado interno es implícitamente conservador, ya que reconoce las fronteras y sostiene la responsabilidad de los gobiernos de proteger a todas las personas en su interior. En realidad, la causa más común del desplazamiento interno es precisamente la contraria: las personas son desarraigadas, forzosamente se mueven hacia y entre las fronteras, se convierten en un "escudo" para las actividades insurgentes, y son objeto de acoso y de violaciones de derechos humanos. Encontrar el equilibrio entre la protección internacional efectiva y la asistencia para los desplazados, a la vez que se sostiene el principio mismo de responsabilidad del Estado, se encuentra en la esencia misma de los debates actuales relativos al desplazamiento interno"
El gobierno, el sector privado, las iglesias, la sociedad civil y la cooperación internacional deben prepararse, coordinarse y activarse para tratar, desde una perspectiva humanitaria, la situación de desplazados internos y externos que pueden desprenderse de la crisis colombiana a la par que Panamá, se mantiene al margen del conflicto sin involucrarse en ninguna estrategia de guerra, coadyuvando más bien al logro de la paz.

101 años de Panamá América

 
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