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Desprotección laboral


La calidad de vida y el ambiente laboral que rodea la faena de un alto porcentaje de trabajadores (as) en nuestro país dista de encontrarse en las condiciones mínimas indispensables para un desempeño óptimo y satisfactorio. Empezando por los salarios, que constituyen uno de los impulsores relevantes del empleo. El salario mínimo en Panamá ($284.00, sin deducciones) no alcanza para cubrir ni siquiera la canasta básica ($214.00) exenta en su ponderación de rubros tan importantes como el vestuario, medicinas, vivienda, ropa, transporte, recreación, educación y otros.
Pero, ¿qué porcentaje de la población trabajadora logra ese simbólico salario mínimo? De hecho, un significativo número de los incorporados a las cifras oficiales como ocupados, pertenecen a la denominada economía informal, derivando ingresos de uno o dos dólares diarios. Un cuarto de la población trabajadora mundial no puede mantener a su familia con el ingreso de un dólar al día; eso, sin contar con la creciente disparidad salarial entre los empleados capacitados y los que no los están. "En el mundo más 2 mil 500 millones de personas continúan viviendo con $2.00 dólares al día". (jaconte 23@yahoo.com).
Según un informe de Nader Fergamy (Informe sobre el Desarrollo Humano), el desempleo y la inseguridad laboral afectan a la población juvenil de manera insidiosa. Pruebas al calce la tenemos frecuentemente en nuestro país: Los accidentes laborales que se repiten de manera inmisericorde en la construcción. Con sus secuelas de luto, dolor y discapacidades, bastarían para que las autoridades adoptarán no sólo una actitud, sino una política de protección real a las necesidades que en esta materia tiene la fuerza laboral. Pero resulta que, en vez de ello, se asocian con fuerzas oscuras, patrocinando la impunidad y el sicariato como fórmula para disuadir las legítimas reclamaciones de los obreros de la construcción.
Si en la construcción llueve, en otros sectores de la economía no escampa. Los que trabajan en el sector comercial están sometidos a un sin fin de iniquidades, tales como la contratación temporal sujeta a renovación sistemática, a fin de que no acumulen prestaciones sociales. Peor es en el caso de las mujeres, que siempre es la que lleva la peor parte. Por ejemplo, aún cuando salga embarazada dentro del período de contratación laboral, los patronos esperan a la próxima terminación de su contrato para suspendérselo hasta que dé a luz; incumpliendo así la protección del fuero maternal, consignada en la Constitución.
En este país a las mujeres se nos viola constantemente nuestros derechos, a ciencia y paciencia de quienes deben velar no sólo por la defensa y protección de los mismos, sino en la estructuración de políticas que real y concretamente mejoren las condiciones laborales de las féminas; en virtud de que somos la mitad de la población; encabezamos un altísimo número de hogares monoparentales y cargamos sobre nuestros hombros el peso de la globalización con sus altas tasas de desigualdades, iniquidades y pobreza.
No obstante, más allá de una retórica feminista, a veces sólo inspirada en postulados de ética y moral, como la citada por una funcionaria de una oficina de la mujer, cuando en un estudio comprobamos que en nuestro país muchos empresarios (públicos y privados) exigían, por debajo y por arriba de la mesa, la prueba de embarazo para acceder al empleo; apeló a la conciencia de los empresarios para resolver el problema (vaya manera de honrar su trabajo); tal vez, porque como dijo una sindicalista de alto perfil: "se trataba de un hueso duro de roer".
El hecho es que los y las trabajadores siguen sin la protección adecuada y con las angustias e inseguridades que les impide ejecutorias de primera calidad, así como la protección y mejoramiento de su nivel de vida.

101 años de Panamá América

 
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