Después de la convención
EL 16 de enero, salvo una decisión de última hora del Tribunal Electoral, será el día en que los convencionales arnulfistas decidirán la suerte inmediata del Partido en lo que se refiere a la reforma de sus Estatutos y a la renovación de su dirigencia.
Ingresé al Partido en 1998 con la firme intención de hacer carrera dentro de él. En estos seis años, he dado lo mejor de mí y he sido distinguido por la dirigencia y la membresía del Partido, así como por el electorado de mi Circuito, en más de una ocasión. Me siento orgulloso por ello y al mismo tiempo, sé que tengo un compromiso de seguir trabajando y aportando con aún mayor ahínco. Para mí, como para miles de copartidarios, no existe opción distinta al arnulfismo. Para mí, como para miles de copartidarios, nuestro futuro político está ligado al futuro del Partido. Por ello, en lo personal, tengo grandes esperanzas de que logremos superar las diferencias de caracteres y se imponga el interés superior de reestructurar a profundidad nuestro colectivo para fortalecerlo y ponerlo en el lugar de relevancia que se merece dentro del escenario político nacional. Para lograr tal objetivo, tengo la firme convicción de que los arnulfistas tenemos que demostrar la capacidad de hacer grandes sacrificios por el bien de nuestro colectivo.
El 16 de enero no puede ser una Convención cualquiera ni el cambio que se logre debe ser un cambio cosmético. En otras palabras, ni una reforma estatutaria a medias y puramente formalista ni un simple "quítate tú, pa" ponerme yo".
Como convencional, mi mayor aspiración es que la Convención termine con nuevas reglas del juego, más democráticas y participativas, que le garanticen a todos los que tengan aspiraciones que existirá igualdad de oportunidades y transparencia en todo el proceso de elecciones internas. Y así mismo, que se haya aprobado un cronograma claro y perentorio para la renovación de todos los órganos de gobierno del Partido. También espero que zanjemos, de una vez por todas, el tema controvertido de la elección o no de un Directorio Provisional, en una votación sin tachas en la que la voluntad de la mayoría sea respetada y cuyo resultado sea aceptado por todos.
Pero, sin querer restarle importancia a los puntos señalados, para mí el último es el que menos me quita el sueño. Como se lo he manifestado a varios copartidarios convencionales, mi cargo como uno de los 27 miembros del Directorio Nacional está y estará siempre a su disposición. El 16, serán ustedes quienes decidirán cuándo termina el período del actual Directorio. Mi trabajo como miembro del Partido y como diputado no depende de un cargo directivo a nivel nacional. Sin embargo, nunca he ocultado que sí tengo aspiraciones a formar parte del Directorio Nacional que presidirá la organización del Partido hacia las elecciones de 2009. Y para ello, tendré, como muchos otros y otras, la oportunidad de llevar mi propuesta a las bases del Partido y a los convencionales que resulten electos después de la reforma que se apruebe en la próxima Convención.
En razón de dicha aspiración, lo más importante no es quién presida el proceso de transición, que necesariamente será corto, sino cuáles serán las reglas del juego que se aplicarán durante esa transición y en la celebración misma de las elecciones internas. Lo sensato es entender que quienes aspiramos a dirigir el Partido en los años venideros, debemos tener el interés común de contar con un colectivo unido y consolidado. Presidir un Partido dividido o debilitado por las pugnas internas, no es más que una victoria pírrica. Peor aún, cuando esta generación de panameñistas tenemos la oportunidad dorada de reconstruir de pies a cabeza a un colectivo con la mística y trayectoria del nuestro, bajo una coyuntura favorable como la que nos está brindando el actual gobierno, cuyo lema de campaña muy bonito y pegajoso, ha degenerado en la práctica en "menos empleo, menos seguridad y cero solución".
Ingresé al Partido en 1998 con la firme intención de hacer carrera dentro de él. En estos seis años, he dado lo mejor de mí y he sido distinguido por la dirigencia y la membresía del Partido, así como por el electorado de mi Circuito, en más de una ocasión. Me siento orgulloso por ello y al mismo tiempo, sé que tengo un compromiso de seguir trabajando y aportando con aún mayor ahínco. Para mí, como para miles de copartidarios, no existe opción distinta al arnulfismo. Para mí, como para miles de copartidarios, nuestro futuro político está ligado al futuro del Partido. Por ello, en lo personal, tengo grandes esperanzas de que logremos superar las diferencias de caracteres y se imponga el interés superior de reestructurar a profundidad nuestro colectivo para fortalecerlo y ponerlo en el lugar de relevancia que se merece dentro del escenario político nacional. Para lograr tal objetivo, tengo la firme convicción de que los arnulfistas tenemos que demostrar la capacidad de hacer grandes sacrificios por el bien de nuestro colectivo.
El 16 de enero no puede ser una Convención cualquiera ni el cambio que se logre debe ser un cambio cosmético. En otras palabras, ni una reforma estatutaria a medias y puramente formalista ni un simple "quítate tú, pa" ponerme yo".
Como convencional, mi mayor aspiración es que la Convención termine con nuevas reglas del juego, más democráticas y participativas, que le garanticen a todos los que tengan aspiraciones que existirá igualdad de oportunidades y transparencia en todo el proceso de elecciones internas. Y así mismo, que se haya aprobado un cronograma claro y perentorio para la renovación de todos los órganos de gobierno del Partido. También espero que zanjemos, de una vez por todas, el tema controvertido de la elección o no de un Directorio Provisional, en una votación sin tachas en la que la voluntad de la mayoría sea respetada y cuyo resultado sea aceptado por todos.
Pero, sin querer restarle importancia a los puntos señalados, para mí el último es el que menos me quita el sueño. Como se lo he manifestado a varios copartidarios convencionales, mi cargo como uno de los 27 miembros del Directorio Nacional está y estará siempre a su disposición. El 16, serán ustedes quienes decidirán cuándo termina el período del actual Directorio. Mi trabajo como miembro del Partido y como diputado no depende de un cargo directivo a nivel nacional. Sin embargo, nunca he ocultado que sí tengo aspiraciones a formar parte del Directorio Nacional que presidirá la organización del Partido hacia las elecciones de 2009. Y para ello, tendré, como muchos otros y otras, la oportunidad de llevar mi propuesta a las bases del Partido y a los convencionales que resulten electos después de la reforma que se apruebe en la próxima Convención.
En razón de dicha aspiración, lo más importante no es quién presida el proceso de transición, que necesariamente será corto, sino cuáles serán las reglas del juego que se aplicarán durante esa transición y en la celebración misma de las elecciones internas. Lo sensato es entender que quienes aspiramos a dirigir el Partido en los años venideros, debemos tener el interés común de contar con un colectivo unido y consolidado. Presidir un Partido dividido o debilitado por las pugnas internas, no es más que una victoria pírrica. Peor aún, cuando esta generación de panameñistas tenemos la oportunidad dorada de reconstruir de pies a cabeza a un colectivo con la mística y trayectoria del nuestro, bajo una coyuntura favorable como la que nos está brindando el actual gobierno, cuyo lema de campaña muy bonito y pegajoso, ha degenerado en la práctica en "menos empleo, menos seguridad y cero solución".