Después de las Primarias
Superada la incertidumbre de las elecciones primarias, la presidenta arnulfista Mireya Moscoso tiene sobre sus hombros la delicada tarea de consolidar la unidad de su partido y al mismo tiempo, sentar las bases de una sólida alianza de oposición liderizada por su colectivo.
Es dudoso que tras la demostración de fuerza durante su torneo interno, quede alguna duda sobre qué partido debe encabezar a la oposición política en las elecciones del año próximo.
No obstante, queda un dilema serio en el aire, que han de dilucidar los estrategas políticos. Se trata de la conveniencia o no de designar desde ya, o al menos antes del referéndum sobre la reelección del 6 de diciembre próximo, el candidato presidencial para el 99.
Quienes se inclinan por la afirmativa aducen que se debe definir incluso las candidaturas a legislador, porque estiman que los así designados se convertirían automáticamente en los más entusiastas promotores del voto opositor a la reelección a través de toda la geografía nacional.
Quienes adversan la idea sostienen que la designación prematura de un candidato presidencial opositor no haría otra cosa que adelantar las elecciones, haciéndolas coincidir en la práctica con el referéndum de la reelección, poniendo de antemano nombre y apellido al voto contra la reelección, incurriendo así en el mismo reparo que se ha expuesto contra la propuesta reforma constitucional impulsada por los sectores progubernamentales.
Y así sería en efecto, desde el momento que surgirían como abanderados a favor y en contra de la reelección, respectivamente, el presidente de la República y el candidato al cargo por la oposición. Ello tendría el efecto de estimular, en el último caso, a la abstención de quienes prefieran no votar con tal de no favorer indirectamente a una figura opositora que no es de su predilección. Y peor aún, habrá quienes prefieran votar a favor de la reelección, optando por lo que estimen un mal menor, con tal de no favorecer a un candidato que rechazan de antemano.
La lógica parece entonces favorecer a quienes recomiendan dejar para después del referéndum la designación del candidato opositor, con el objeto de concentrar los esfuerzos y recursos en el rechazo de la reelección, sumando a tirios y troyanos, arnulfistas y no arnulfistas, vallarinistas y mireyistas, políticos y apolíticos, con tal de llevar más votantes a las urnas.
Hay también otra ventaja que podrían aprovechar, y es que los del gobierno se han colocado en un callejón sin salida, jugando todo a una sola carta, desde el momento que han fijado para el 13 de diciembre, apenas siete días después del referéndum de la reelección, la celebración de las primarias del PRD. Bajo tan apretada circunstancia, si la reforma constitucional es rechazada, no tendrían tiempo suficiente para buscar un buen candidato, y la oposición terminará barriéndolos irremediablemente.
Es dudoso que tras la demostración de fuerza durante su torneo interno, quede alguna duda sobre qué partido debe encabezar a la oposición política en las elecciones del año próximo.
No obstante, queda un dilema serio en el aire, que han de dilucidar los estrategas políticos. Se trata de la conveniencia o no de designar desde ya, o al menos antes del referéndum sobre la reelección del 6 de diciembre próximo, el candidato presidencial para el 99.
Quienes se inclinan por la afirmativa aducen que se debe definir incluso las candidaturas a legislador, porque estiman que los así designados se convertirían automáticamente en los más entusiastas promotores del voto opositor a la reelección a través de toda la geografía nacional.
Quienes adversan la idea sostienen que la designación prematura de un candidato presidencial opositor no haría otra cosa que adelantar las elecciones, haciéndolas coincidir en la práctica con el referéndum de la reelección, poniendo de antemano nombre y apellido al voto contra la reelección, incurriendo así en el mismo reparo que se ha expuesto contra la propuesta reforma constitucional impulsada por los sectores progubernamentales.
Y así sería en efecto, desde el momento que surgirían como abanderados a favor y en contra de la reelección, respectivamente, el presidente de la República y el candidato al cargo por la oposición. Ello tendría el efecto de estimular, en el último caso, a la abstención de quienes prefieran no votar con tal de no favorer indirectamente a una figura opositora que no es de su predilección. Y peor aún, habrá quienes prefieran votar a favor de la reelección, optando por lo que estimen un mal menor, con tal de no favorecer a un candidato que rechazan de antemano.
La lógica parece entonces favorecer a quienes recomiendan dejar para después del referéndum la designación del candidato opositor, con el objeto de concentrar los esfuerzos y recursos en el rechazo de la reelección, sumando a tirios y troyanos, arnulfistas y no arnulfistas, vallarinistas y mireyistas, políticos y apolíticos, con tal de llevar más votantes a las urnas.
Hay también otra ventaja que podrían aprovechar, y es que los del gobierno se han colocado en un callejón sin salida, jugando todo a una sola carta, desde el momento que han fijado para el 13 de diciembre, apenas siete días después del referéndum de la reelección, la celebración de las primarias del PRD. Bajo tan apretada circunstancia, si la reforma constitucional es rechazada, no tendrían tiempo suficiente para buscar un buen candidato, y la oposición terminará barriéndolos irremediablemente.