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Después de las protestas


Lo esencial de toda protesta son sus razones o motivos. De ahí surge otra cuestión igualmente importante y que en todo país libre le confiere legitimidad a las protestas ciudadanas, y es el hecho que el mensaje que haya sido elevado por sus organizadores como estandarte de la manifestación pública, logre ser conocido por una gran mayoría para que, a su vez, inspire reflexiones, solidaridad y acciones. De darse lo contrario, la protesta fracasó. Tal como fracasó rotundamente la de los estudiantes universitarios en la capital panameña, el pasado miércoles.
Y ocurrió así, pues, el mensaje quedó diluido y muy pocos se enteraron de sus consignas debido al caos que crearon en las calles y que únicamente dejó en la ciudadanía un profundo malestar contra las mismas. Finalmente, quién percibió por qué protestaban. ¿TLC? ¿Cuál? ¿Renuncia de Alleyne y Cañizales? ¿Cuándo y cómo? Es decir, dónde quedó el mensaje. Con seguridad en nada.
Las formas empleadas por un pequeño grupo de universitarios en las calles, tales como las caras tapadas, acciones incendiarias, amenazas con piedras y palos contra indefensos conductores y gritería inconexa y mal expresada, fueron acciones que dejaron al descubierto que estos manifestantes no podrán jamás convertirse en un elemento movilizador de conciencia social en Panamá, pues están atados a esquemas anárquicos más propios del hombre de la caverna que de la era de la información y la comunicación.
Es una tragedia que estas supuestas dirigencias estén haciéndole el juego a aquellos que se benefician de que la sociedad se aleje de estas protestas, debido a que no es sano para nuestra democracia que una población se encuentre desmovilizada, a pesar de los graves hechos que están ocurriendo en Panamá. Pero es que este tipo de manifestaciones están irremediablemente condenadas al fracaso por falta de una dirigencia más acorde con una época que recién empieza y compuesta de un tumulto de ideas, acontecimientos y desafíos que requieren del compromiso ciudadano para que nuestra solidaridad no quede cautiva en una encerrona vehicular en la Transístmica.

101 años de Panamá América

 
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