Después de los aranceles, ¿qué?
Hoy hace exactamente un año desde que la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC) hizo público el Estudio sobre los probables efectos de una modificación arancelaria en los precios de algunos productos que consumen los panameños.
En aquella ocasión, la CLICAC advirtió a las autoridades y a todo el pueblo panameño que si los aranceles subían, los consumidores se verían afectados significativamente por una serie de factores relacionados con niveles de precios, grados de apertura comercial y transparencia en el mercado.
No escapa del conocimiento de los panameños la importancia que tiene la implementación de una política económica coherente con la realidad nacional. Panamá, con sus escasos recursos y su histórico subdesarrollo, está obligada a actuar responsablemente en este sentido. Es por eso que el tema de los aranceles y el impacto que causan estos en el bienestar de los consumidores debe examinarse al momento que se define la política económica nacional.
Es importante indicar, para que se comprenda la realidad institucional, que la política económica nacional no es facultad de la CLICAC sino que es una responsabilidad del Ejecutivo y de su Consejo de Gabinete. Lo que sí es competencia de la CLICAC, y eso está establecido en la Ley 29 de 1996, es la de investigar, analizar y divulgar las distorsiones en el sistema de economía de mercado que afecten a los consumidores.
Con este objetivo, la CLICAC informó que si los aranceles subían, aumentarían los precios al consumidor de los productos nacionales, aumentarían los precios de los productos importados, y disminuiría la oferta total de productos en el mercado.
En otras palabras, la CLICAC señaló técnicamente que si los aranceles suben, los consumidores se perjudican; y que si los aranceles bajan, los consumidores se benefician. Debido a que la CLICAC tiene la responsabilidad por ley de velar por la seguridad y el bienestar de los consumidores, es evidente que la institución se sintió obligada a advertir en su Estudio sobre los efectos negativos que se producirían si se ejecutaba un aumento arancelario.
Hay quienes vieron en las preocupaciones y advertencias de la CLICAC, una oportunidad para flamear sus banderas partidistas y posiciones políticas, colocándola como blanco de sus críticas. Para ellos les repetimos una vez más: la CLICAC no es adversaria de ningún sector ni tiene preferencias con ningún grupo económico de este país. Su compromiso son los consumidores y la modernización económica de Panamá.
Es importante recordar que en el mismo Estudio en que se hizo referencia a los efectos adversos de una modificación arancelaria, la CLICAC reiteró su obligación de respaldar al sector productor, en el sentido que si alguna industria nacional se sentía amenazada de daño grave por las importaciones, debía someterse a los procedimientos establecidos en la Ley 29 para hacerle frente a las prácticas de comercio desleal.
Sin embargo, no podemos ocultar la realidad de que existen productores que no tienen la eficiencia necesaria para competir en un libre mercado y que, antes de subirles los aranceles, deben comprometerse, adaptarse y hacerse más eficientes a través de planes de reconversión. De lo contrario, cualquier aumento arancelario se constituiría en una mera protección a la ineficiencia, lo cual es inaceptable bajo el prisma de la Ley 29 porque impediría el florecimiento de una economía de libre mercado. Igualmente es necesario dejar claro que la ineficiencia se refiere a la mala asignación de los recursos y al método inadecuado de producción, independiente de las importaciones.
El mayor deseo de la CLICAC es que todos los panameños consuman productos de calidad, a precios justos y competitivos. Esto aplica tanto para los productos nacionales como para los importados. En este sentido, la CLICAC ha intentado explicar en innumerables ocasiones a las autoridades responsables de la política económica nacional para que entiendan que, en el marco de una nueva cultura de libre mercado, su papel es el de facilitador, promoviendo el libre comercio, fomentando la libre competencia, permitiendo que los precios sean determinados mediante la libre oferta y demanda, desalentando la concertación de precios entre los productores, y propiciando un ambiente de transparencia que garantice prosperidad en el país. Este es el principio y fundamento del por qué la CLICAC advirtió oportunamente que, si se implantaba una política proteccionista, los consumidores se iban a ver perjudicados.
Luego de haber transcurrido un año, no hay duda que la advertencia de la CLICAC no fue bien entendida por algunos sectores productivos. Por un lado, los productores ineficientes que se sintieron aludidos aún siguen desgastando sus recursos justificando su situación y tildando a la CLICAC como enemiga del sector.
Pareciera que estos no recuerdan cuando en noviembre de 1997, la CLICAC fue la única institución que defendió al productor nacional frente al contingente de 100,000 toneladas de arroz infestados del hongo Tilletia barclayana. Pero no importa; actuamos entonces con conocimiento y causa, era nuestra obligación, y lo haríamos nuevamente si fuese necesario.
Por otro lado, la mayoría de los productores nacionales que son competitivos y se prepararon para enfrentar las nuevas tendencias mundiales, compiten actualmente en el mercado nacional con los productos importados, e inclusive algunos exportan en buenas condiciones de competitividad. Otros hicieron reconversión industrial, tecnológica y genética, y también han entrado al mercado global.
Independientemente de lo que piensen o digan sobre la CLICAC, la institución emitió su opinión técnica, tal como lo faculta la ley. Sin embargo, las autoridades de turno hicieron caso omiso al Estudio y aumentaron los aranceles, también como les faculta la ley. Pero ahora sabemos quiénes son los responsables de lo que ha pasado: un sólo cambio en la política arancelaria y miren cómo se ha distorsionado el mercado.
La CLICAC advirtió que toda forma de proteccionismo injustificado impide el fortalecimiento del libre comercio, constituye un mecanismo que fomenta la ineficiencia y obstaculiza el desarrollo económico. La CLICAC advirtió sobre las nefastas consecuencias que se producirían si se restringían los permisos de importación, si se levantaban barreras no arancelarias, si se acordaban precios en las reuniones de las Comisiones Consultivas, y si se obligaban a los comerciantes a comprar la producción nacional de rubros agropecuarios.
Es hora de que las autoridades tomen el timón y apunten hacia una dirección que nos lleve por los caminos de la modernidad. Es hora de que las autoridades solucionen las restricciones al libre comercio, comiencen a otorgar los permisos de importación con transparencia y eliminen de inmediato todas las trabas no arancelarias. Es hora de que Panamá cumpla responsablemente con todos los compromisos acordados en convenios comerciales internacionales.
La CLICAC es una institución que habla el idioma de la verdad y actúa bajo un criterio técnico-científico, y todo lo que ha hecho ha sido en estricto derecho. Su obligación por ley es la de emitir opiniones sobre leyes, proyectos, reglamentos y actos administrativos que se relacionan con asuntos de mercado, competencia y consumidor.
Al parecer las autoridades y algunos productores aún no comprenden esto. Pero nunca es tarde para que aprendan, porque si a estas alturas todavía no lo entienden, vamos a remitirlos nuevamente a lo que se dijo hace un año: si los aranceles suben, los consumidores se van a ver afectados. ¿Alguna duda ahora?
En aquella ocasión, la CLICAC advirtió a las autoridades y a todo el pueblo panameño que si los aranceles subían, los consumidores se verían afectados significativamente por una serie de factores relacionados con niveles de precios, grados de apertura comercial y transparencia en el mercado.
No escapa del conocimiento de los panameños la importancia que tiene la implementación de una política económica coherente con la realidad nacional. Panamá, con sus escasos recursos y su histórico subdesarrollo, está obligada a actuar responsablemente en este sentido. Es por eso que el tema de los aranceles y el impacto que causan estos en el bienestar de los consumidores debe examinarse al momento que se define la política económica nacional.
Es importante indicar, para que se comprenda la realidad institucional, que la política económica nacional no es facultad de la CLICAC sino que es una responsabilidad del Ejecutivo y de su Consejo de Gabinete. Lo que sí es competencia de la CLICAC, y eso está establecido en la Ley 29 de 1996, es la de investigar, analizar y divulgar las distorsiones en el sistema de economía de mercado que afecten a los consumidores.
Con este objetivo, la CLICAC informó que si los aranceles subían, aumentarían los precios al consumidor de los productos nacionales, aumentarían los precios de los productos importados, y disminuiría la oferta total de productos en el mercado.
En otras palabras, la CLICAC señaló técnicamente que si los aranceles suben, los consumidores se perjudican; y que si los aranceles bajan, los consumidores se benefician. Debido a que la CLICAC tiene la responsabilidad por ley de velar por la seguridad y el bienestar de los consumidores, es evidente que la institución se sintió obligada a advertir en su Estudio sobre los efectos negativos que se producirían si se ejecutaba un aumento arancelario.
Hay quienes vieron en las preocupaciones y advertencias de la CLICAC, una oportunidad para flamear sus banderas partidistas y posiciones políticas, colocándola como blanco de sus críticas. Para ellos les repetimos una vez más: la CLICAC no es adversaria de ningún sector ni tiene preferencias con ningún grupo económico de este país. Su compromiso son los consumidores y la modernización económica de Panamá.
Es importante recordar que en el mismo Estudio en que se hizo referencia a los efectos adversos de una modificación arancelaria, la CLICAC reiteró su obligación de respaldar al sector productor, en el sentido que si alguna industria nacional se sentía amenazada de daño grave por las importaciones, debía someterse a los procedimientos establecidos en la Ley 29 para hacerle frente a las prácticas de comercio desleal.
Sin embargo, no podemos ocultar la realidad de que existen productores que no tienen la eficiencia necesaria para competir en un libre mercado y que, antes de subirles los aranceles, deben comprometerse, adaptarse y hacerse más eficientes a través de planes de reconversión. De lo contrario, cualquier aumento arancelario se constituiría en una mera protección a la ineficiencia, lo cual es inaceptable bajo el prisma de la Ley 29 porque impediría el florecimiento de una economía de libre mercado. Igualmente es necesario dejar claro que la ineficiencia se refiere a la mala asignación de los recursos y al método inadecuado de producción, independiente de las importaciones.
El mayor deseo de la CLICAC es que todos los panameños consuman productos de calidad, a precios justos y competitivos. Esto aplica tanto para los productos nacionales como para los importados. En este sentido, la CLICAC ha intentado explicar en innumerables ocasiones a las autoridades responsables de la política económica nacional para que entiendan que, en el marco de una nueva cultura de libre mercado, su papel es el de facilitador, promoviendo el libre comercio, fomentando la libre competencia, permitiendo que los precios sean determinados mediante la libre oferta y demanda, desalentando la concertación de precios entre los productores, y propiciando un ambiente de transparencia que garantice prosperidad en el país. Este es el principio y fundamento del por qué la CLICAC advirtió oportunamente que, si se implantaba una política proteccionista, los consumidores se iban a ver perjudicados.
Luego de haber transcurrido un año, no hay duda que la advertencia de la CLICAC no fue bien entendida por algunos sectores productivos. Por un lado, los productores ineficientes que se sintieron aludidos aún siguen desgastando sus recursos justificando su situación y tildando a la CLICAC como enemiga del sector.
Pareciera que estos no recuerdan cuando en noviembre de 1997, la CLICAC fue la única institución que defendió al productor nacional frente al contingente de 100,000 toneladas de arroz infestados del hongo Tilletia barclayana. Pero no importa; actuamos entonces con conocimiento y causa, era nuestra obligación, y lo haríamos nuevamente si fuese necesario.
Por otro lado, la mayoría de los productores nacionales que son competitivos y se prepararon para enfrentar las nuevas tendencias mundiales, compiten actualmente en el mercado nacional con los productos importados, e inclusive algunos exportan en buenas condiciones de competitividad. Otros hicieron reconversión industrial, tecnológica y genética, y también han entrado al mercado global.
Independientemente de lo que piensen o digan sobre la CLICAC, la institución emitió su opinión técnica, tal como lo faculta la ley. Sin embargo, las autoridades de turno hicieron caso omiso al Estudio y aumentaron los aranceles, también como les faculta la ley. Pero ahora sabemos quiénes son los responsables de lo que ha pasado: un sólo cambio en la política arancelaria y miren cómo se ha distorsionado el mercado.
La CLICAC advirtió que toda forma de proteccionismo injustificado impide el fortalecimiento del libre comercio, constituye un mecanismo que fomenta la ineficiencia y obstaculiza el desarrollo económico. La CLICAC advirtió sobre las nefastas consecuencias que se producirían si se restringían los permisos de importación, si se levantaban barreras no arancelarias, si se acordaban precios en las reuniones de las Comisiones Consultivas, y si se obligaban a los comerciantes a comprar la producción nacional de rubros agropecuarios.
Es hora de que las autoridades tomen el timón y apunten hacia una dirección que nos lleve por los caminos de la modernidad. Es hora de que las autoridades solucionen las restricciones al libre comercio, comiencen a otorgar los permisos de importación con transparencia y eliminen de inmediato todas las trabas no arancelarias. Es hora de que Panamá cumpla responsablemente con todos los compromisos acordados en convenios comerciales internacionales.
La CLICAC es una institución que habla el idioma de la verdad y actúa bajo un criterio técnico-científico, y todo lo que ha hecho ha sido en estricto derecho. Su obligación por ley es la de emitir opiniones sobre leyes, proyectos, reglamentos y actos administrativos que se relacionan con asuntos de mercado, competencia y consumidor.
Al parecer las autoridades y algunos productores aún no comprenden esto. Pero nunca es tarde para que aprendan, porque si a estas alturas todavía no lo entienden, vamos a remitirlos nuevamente a lo que se dijo hace un año: si los aranceles suben, los consumidores se van a ver afectados. ¿Alguna duda ahora?