Después del 2 de mayo hablamos
El debate presidencial del 16 de marzo, por fin empezó a enseñarnos lo que queríamos ver. Candidatos indispuestos, no precisamente porque se le presentaba una oportunidad más de ser oídos, sino porque no controlaban el contenido de las preguntas de antemano y la premura del tiempo y las advertencias del moderador bajaron, -aunque no completamente-, la tónica del discurso demagógico lleno de promesas que muy pocos creen que cumplirán para, sólo en parte, ser sustituido por propuestas concretas para resolver problemas específicos.
Ahora que, si bien los candidatos se vieron obligados a trocar promesas por propuestas, no les quedó más remedio que cargar a estas últimas de los elementos demagógicos de las primeras. Así, José Miguel Alemán no descansó de recordarle al candidato del PRD su enorme techo de vidrio, olvidándose de los sonadísimos casos de corrupción que impregnaron al gobierno cuya gestión defiende. Martín Torrijos Espino, -con una cara digna de mejores propósitos-, no dejó de repetirnos que él es el representante de una nueva generación de políticos, por lo que él sí puede combatir la corrupción. Ricardo Martinelli no dejó de recordarnos que él no es político, aunque todos recordemos que es el único de los cuatro que ha participado del gobierno de las dos últimas administraciones presidenciales, ambas de signos contrarios. Y, finalmente, Guillermo Endara Galimany dice que él sí puede resolver el problema de la Caja de Seguro Social, pero prefiere que sea el pueblo quien decida como hacerlo.
Si tiene todo el sentido del mundo que haya ausencia de carga ideológica en la campaña electoral, -por eso de que la ideología murió el día que se cayó el Muro de Berlín (que tampoco creo)-, por lo menos tenemos derecho a una campaña electoral en la que los candidatos presidenciales nos digan cómo van a atajar los grandes problemas nacionales. Y todos dicen exactamente lo que el electorado quiere escuchar, lejos de decirle al electorado lo que debiera oir.
En el tema del Seguro Social, Martín dijo claramente que el sector más débil de la sociedad no cargaría con la solución, porque evidentemente Martín quiere tener de su lado a los obreros el día de las elecciones. Otro tanto hizo José Miguel, quien nos recordó que el Seguro Social es una institución muy querida para los arnulfistas. Y no faltó Endara, quien se sacó de la manga aquello de la democracia participativa, para eludir el fondo del problema. Y, finalmente, Martinelli dijo que había que aumentar las cotizaciones, como si hubiera descubierto el agua tibia.
¿Observan un patrón en las respuestas? Definitivamente, ninguno dijo nada que pudiera afectar el caudal de sus eventuales votos, y por lo tanto, ninguno ofreció una solución real y viable al problema del Seguro Social. Que el Seguro Social probablemente quiebre en los años por venir, eso no importa, lo importante ahora es ganar las elecciones.
Otro tanto ocurrió con otras de las papas calientes de la política nacional: el desmesurado tamaño de la planilla estatal. Endara dijo que éste no era el mejor momento para despedir a empleados públicos. Martín y José Miguel afirmaron que el problema del desempleo no se resuelve despidiendo trabajadores que laboran para el Estado. Y Martinelli afirmó que si bien rompería todas las botellas que laboran en el gobierno, los empleados públicos podían sentirse seguros en su futura administración del Estado, pues sus posiciones no estaban en peligro.
¿Nuevamente, observan el patrón de las respuestas? Para ninguno de los candidatos parece ser un problema que haya un enorme malgasto de recursos del Estado, destinados a pagar una abultadísima planilla estatal. Es más, para ninguno de ellos parece ser un problema el pésimo servicio público que caracteriza a una buena parte de las dependencias gubernamentales. Otra vez, porque el costo político es muy grande, la abultada planilla estatal no es un problema que merezca el reconocimiento de tal por parte de los candidatos presidenciales, ni mucho menos, esperemos de ellos, una propuesta para resolverlo.
El arnulfismo seguirá siendo un eje político en los próximos años, se debe dar un "relevo generacional" y hacer del Partido Arnulfista un colectivo político donde se escojan democráticamente sus candidatos y se regeneren sus líderes. De otro modo, el famoso dicho de Arnulfo Arias "Volveremos", será sólo historia patria.
Ahora que, si bien los candidatos se vieron obligados a trocar promesas por propuestas, no les quedó más remedio que cargar a estas últimas de los elementos demagógicos de las primeras. Así, José Miguel Alemán no descansó de recordarle al candidato del PRD su enorme techo de vidrio, olvidándose de los sonadísimos casos de corrupción que impregnaron al gobierno cuya gestión defiende. Martín Torrijos Espino, -con una cara digna de mejores propósitos-, no dejó de repetirnos que él es el representante de una nueva generación de políticos, por lo que él sí puede combatir la corrupción. Ricardo Martinelli no dejó de recordarnos que él no es político, aunque todos recordemos que es el único de los cuatro que ha participado del gobierno de las dos últimas administraciones presidenciales, ambas de signos contrarios. Y, finalmente, Guillermo Endara Galimany dice que él sí puede resolver el problema de la Caja de Seguro Social, pero prefiere que sea el pueblo quien decida como hacerlo.
Si tiene todo el sentido del mundo que haya ausencia de carga ideológica en la campaña electoral, -por eso de que la ideología murió el día que se cayó el Muro de Berlín (que tampoco creo)-, por lo menos tenemos derecho a una campaña electoral en la que los candidatos presidenciales nos digan cómo van a atajar los grandes problemas nacionales. Y todos dicen exactamente lo que el electorado quiere escuchar, lejos de decirle al electorado lo que debiera oir.
En el tema del Seguro Social, Martín dijo claramente que el sector más débil de la sociedad no cargaría con la solución, porque evidentemente Martín quiere tener de su lado a los obreros el día de las elecciones. Otro tanto hizo José Miguel, quien nos recordó que el Seguro Social es una institución muy querida para los arnulfistas. Y no faltó Endara, quien se sacó de la manga aquello de la democracia participativa, para eludir el fondo del problema. Y, finalmente, Martinelli dijo que había que aumentar las cotizaciones, como si hubiera descubierto el agua tibia.
¿Observan un patrón en las respuestas? Definitivamente, ninguno dijo nada que pudiera afectar el caudal de sus eventuales votos, y por lo tanto, ninguno ofreció una solución real y viable al problema del Seguro Social. Que el Seguro Social probablemente quiebre en los años por venir, eso no importa, lo importante ahora es ganar las elecciones.
Otro tanto ocurrió con otras de las papas calientes de la política nacional: el desmesurado tamaño de la planilla estatal. Endara dijo que éste no era el mejor momento para despedir a empleados públicos. Martín y José Miguel afirmaron que el problema del desempleo no se resuelve despidiendo trabajadores que laboran para el Estado. Y Martinelli afirmó que si bien rompería todas las botellas que laboran en el gobierno, los empleados públicos podían sentirse seguros en su futura administración del Estado, pues sus posiciones no estaban en peligro.
¿Nuevamente, observan el patrón de las respuestas? Para ninguno de los candidatos parece ser un problema que haya un enorme malgasto de recursos del Estado, destinados a pagar una abultadísima planilla estatal. Es más, para ninguno de ellos parece ser un problema el pésimo servicio público que caracteriza a una buena parte de las dependencias gubernamentales. Otra vez, porque el costo político es muy grande, la abultada planilla estatal no es un problema que merezca el reconocimiento de tal por parte de los candidatos presidenciales, ni mucho menos, esperemos de ellos, una propuesta para resolverlo.
El arnulfismo seguirá siendo un eje político en los próximos años, se debe dar un "relevo generacional" y hacer del Partido Arnulfista un colectivo político donde se escojan democráticamente sus candidatos y se regeneren sus líderes. De otro modo, el famoso dicho de Arnulfo Arias "Volveremos", será sólo historia patria.