Despúes del Canal, ¿qué...?
En el año 2,000 (¡qué mágica suena la expresión!) seremos hombres y mujeres del siglo pasado; hombres y mujeres del nuevo milenio. Para el día primero del próximo siglo, ya habrá cristalizado el sueño de incontables panameños (as) que entregaron lo mejor de sus vidas en aras de la soberanía e independencia nacional. Sus voces entonarán, al unísono, las letras del Himno Nacional, del Himno de la Alegría y la Marcha de los Triunfadores, en un evento único y último del siglo que fenece. Las sombras de Ester Neira de Calvo, Lidya Sogandares, Clara González de Beringer, Arnulfo Arias, Thelma King, Diógenes De la Rosa, Floyd Britton, Polidoro Pinzón, Ascanio Arosemena, Rosa Elena Landecho, Rómulo Escogar, Juan Materno Vásquez y Omar Torrijos, habrán escoltado la izada del pabellón hacia el cielo de la soberanía, hacia "la patria del querube", reivindicando con ello las huellas de Amelia Denis De Icaza y la sangre derramada por los mártires. Entonces habrá visto Ester María Osses cumplida su consigna: "Patria Bandera... ¡Símbolos! ¡Un día ha de llegar cuando la tierra cubra una bandera sola, un solo canto, en donde paz y libertad no sean una ingenua esperanza escarnecida".
Para esa fecha, espero, escribiremos un nuevo capítulo de nuestra historia, con nuestro puño y letra; con el abecedario de nuestra cultura multiétnica; en el pentagrama de nuestras aspiraciones de seres libres e independientes, sin el ofensivo tutelaje, ni "operación amiga en Canal Zona o Píldoras Johnson para el subdesarrollo" porque habremos realizado el anhelo de Diana Morán, es decir, "La Soberanía Presencia de la Patria", en negativa al presagio de Manuel Orestes Nieto de que "llegaron para llegar, para no irse". Afortunadamente no es cierto, se habrán ido, y entonces los panameños, con el canto inmortal de José Franco podemos dedicarnos a "hacer del Canal un sitio dulce..., un sendero de alborozo, un eterno vehículo de amor".
En el año 2,000 estaremos de vuelta de la fiesta nacionalista, con el calor embriagante del patriotismo. El Canal será nuestro y una sola bandera ondeará de norte a sur y de este a oeste; sin quinta frontera, sin botas extranjeras que mancillen la estrecha cintura de la patria; sin soldaditos de plomo que nos ocupen; sin un idioma extraño que nos injurie. Pero debemos apresurarnos a construir el porvenir; el legado de cultura e identidad es permanente; aquello que transmitiremos a las futuras generaciones: La Patria Nueva, soñada e invocada por poetas y poetisas. Tendremos que construir una nueva forma de vivir, tanto en lo particular como en lo general; sin el opresor no sólo en la conciencia sino en el terruño (según Franz Fanon, el dominado, incorpora al dominador en su conciencia) sin sus bases militares, ni su "american way life".
Llegó el momento de aprender a andar solos, sin miedos ni temores; conscientes de nuestra debilidades, pero también de nuestras fortalezas; dueños de nuestros destinos, con alta autoestima, empuñaremos el timón de la nave del futuro, de un futuro libre y próspero que inaugure una nueva época, donde no encuentre cabida el "juega vivo", el contrabando, el nepotismo, el manejo amañado de las finanzas; una nueva época en la que los frutos del canal y las áreas revertidas se proyecten al bienestar social de toda la población panameña.
Para esa fecha, espero, escribiremos un nuevo capítulo de nuestra historia, con nuestro puño y letra; con el abecedario de nuestra cultura multiétnica; en el pentagrama de nuestras aspiraciones de seres libres e independientes, sin el ofensivo tutelaje, ni "operación amiga en Canal Zona o Píldoras Johnson para el subdesarrollo" porque habremos realizado el anhelo de Diana Morán, es decir, "La Soberanía Presencia de la Patria", en negativa al presagio de Manuel Orestes Nieto de que "llegaron para llegar, para no irse". Afortunadamente no es cierto, se habrán ido, y entonces los panameños, con el canto inmortal de José Franco podemos dedicarnos a "hacer del Canal un sitio dulce..., un sendero de alborozo, un eterno vehículo de amor".
En el año 2,000 estaremos de vuelta de la fiesta nacionalista, con el calor embriagante del patriotismo. El Canal será nuestro y una sola bandera ondeará de norte a sur y de este a oeste; sin quinta frontera, sin botas extranjeras que mancillen la estrecha cintura de la patria; sin soldaditos de plomo que nos ocupen; sin un idioma extraño que nos injurie. Pero debemos apresurarnos a construir el porvenir; el legado de cultura e identidad es permanente; aquello que transmitiremos a las futuras generaciones: La Patria Nueva, soñada e invocada por poetas y poetisas. Tendremos que construir una nueva forma de vivir, tanto en lo particular como en lo general; sin el opresor no sólo en la conciencia sino en el terruño (según Franz Fanon, el dominado, incorpora al dominador en su conciencia) sin sus bases militares, ni su "american way life".
Llegó el momento de aprender a andar solos, sin miedos ni temores; conscientes de nuestra debilidades, pero también de nuestras fortalezas; dueños de nuestros destinos, con alta autoestima, empuñaremos el timón de la nave del futuro, de un futuro libre y próspero que inaugure una nueva época, donde no encuentre cabida el "juega vivo", el contrabando, el nepotismo, el manejo amañado de las finanzas; una nueva época en la que los frutos del canal y las áreas revertidas se proyecten al bienestar social de toda la población panameña.