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Detengamos la amenaza


Constantemente y desde hace muchos años, el peligro se cierne sobre el Istmo, pues cruzan por el Canal de Panamá embarcaciones portadoras de basura nuclear y sustancias peligrosas para la salud humana. Próximamente la sociedad panameña tendrá la oportunidad de librarse de esa amenaza, cuando la Comisión de Población, Ambiente y Desarrollo de la Asamblea Legislativa discuta el Proyecto de Ley 058, que prohibiría definitivamente el tránsito de materiales altamente radiactivos y radiotóxicos por Panamá, el cual urge convertir pronto en Ley de la República.
El peligro no es ficticio, pues está claro que en el transporte de desechos nucleares y de plutonio están involucrados riesgos significativos e injustificables para la gente y el ambiente de nuestro país, así lo afirma la asociación ecologista internacional Greenpeace:
-Es muy difícil evaluar los efectos de un accidente grave de transporte nuclear. Dado el tremendo número de variables involucradas, incluyendo la naturaleza del accidente, las condiciones del tiempo y la proximidad con tierra firme, muchos escenarios diferentes son posibles, involucrando todos ellos muchos tipos y niveles diferentes de daños.
-Sin embargo, se puede decir que un accidente grave que involucre un transporte de plutonio o de desechos nucleares que tuviera como consecuencia un incendio de larga duración y de alta intensidad y el eventual hundimiento del carguero afectado podría tener como consecuencia una contaminación radiactiva significativa y de larga duración del medio ambiente. Por ejemplo, si una colisión resultara en un impacto y en un daño de incendio de los contenedores de transporte y su contenido, el material radiactivo pudiera ser liberado al medio ambiente. Mientras que las condiciones del tiempo afectarían la dirección y la difusión de la radioactividad, el calor y las corrientes de aire causadas por el fuego elevarían los radionucleidos en el aire formando un chorro de radioactividad. Los seres humanos y los animales que estén en la ruta de la dirección del viento proveniente del accidente caerían víctimas de la precipitación y de la inhalación de las partículas radiactivas.
-La precipitación también ocasionaría la contaminación radiactiva de los alimentos y de los abastecimientos de agua. En un reporte del Dr. Dr. Edwin Lyman del Instituto de Control Nuclear, se sugiere que un cargamento dañado y hundido de desechos "podría ocasionar la exposición crónica del público a niveles que excederían la comunidad internacional". El mismo establecimiento nuclear ha llegado a esa conclusión en un análisis que realizó, en el año 1988, la OECD Agencia de Energía Nuclear, donde encontró que un accidente que involucre desechos nucleares de alto nivel vitrificados hace "inaceptables los accidentes de transporte de cabotaje". Tal vez en vista de la distancia del Caribe de sus costas, Gran Bretaña, Francia y Japón consideran estas preocupaciones como irrelevantes.
-Las comunidades afectadas por un accidente semejante tendrían que enfrentar esfuerzos de evacuaciones masivas y/o una descontaminación masiva. Al mismo tiempo, las industrias locales y regionales, de pesca, agricultura y turismo serían afectadas adversamente, sino destruidas, por los temores públicos sobre la contaminación radiactiva. Como lo ha demostrado la explosión del reactor de Chernobyl, los efectos de los desastres nucleares son amplios y deben ser estimados en términos de las generaciones futuras así como también presentes. Dado que los materiales nucleares involucrados en estos transportes seguirían siendo un contaminante ambiental mortífero por decenas o cientos de años, los impactos de un accidente de transporte son demasiado enormes para ser imaginados.
-El controversial programa de plutonio que realiza Japón requerirá docenas de futuros cargamentos de desechos nucleares y plutonio. Con estos controversiales transportes nucleares que son hoy por hoy blanco de crecientes protestas y oposición internacional, las naciones transportistas están buscando establecer una ruta abierta para el tránsito de material nuclear irradiado de Japón a Francia y Gran Bretaña, y viajes de regreso de desechos nucleares y plutonio, desde Europa hacia Japón. A pesar de la oposición latinoamericana y caribeña, los oficiales del gobierno japonés, francés e inglés, esperan poder efectuar estos transportes que sentarán precedentes, a través del Canal, en los próximos meses.
Pero ahora estos tránsitos requerirán el permiso de la República de Panamá para transitar. Con la operación del Canal de Panamá finalmente bajo su control, es esencial que el pueblo y el gobierno de Panamá decidan por sí mismos si estos transportes plantean un riesgo injustificado e inaceptable. Dada la obstinada oposición de los países vecinos del Caribe a estos embarques, los panameños debemos decidir si nos sumaremos u obstruiremos a los vecinos caribeños en el rechazo a estos transportes nocivos
¿Qué esperamos, pues? Escribamos a los y las legisladores, al Ejecutivo, a los partidos políticos, a los medios de comunicación sobre la importancia de aprobar esta ley, que nos puede salvar de una terrible amenaza. Envíe copia de sus cartas o telegramas a ISCA, Iniciativa de la Sociedad Civil para el Ambiente. Fax (507) 229-0294, E-mail: isca@yahoogroups.com, que coordina esta campaña.

101 años de Panamá América

 
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