Detrás de la encuesta
Las encuestas serias corroboran el hecho indiscutible que el perredista Martín Torrijos tiene amplia ventaja en las preferencias electorales por la presidencia del país, sobre sus actuales adversarios, la arnulfista Mireya Moscoso y el independiente Alberto Vallarino.
La encuesta preparada para este diario por la internacional CID/Gallup sobre una muestra de 1,204 ciudadanos, cubriendo entre el 12 y el 17 de noviembre pasado, con un margen de error de apenas 2.8%, no permite equívocos. Torrijos acapara el 40% de la intención de voto, contra el 24% y el 12% de Moscoso y Vallarino, respectivamente.
Ni siquiera juntos podrían los aspirantes opositores alcanzar a Torrijos, quien los superaría por un cómodo 4%, o sea 48 mil votos, sobre una base hipotética de 1.2 millones de electores, que fue la del referéndum. Esa sería casi la misma diferencia que costó la presidencia a Moscoso en 1994, o sea 45 mil votos en cifras redondas. Pero hoy la diferencia sería abismal, de 190 mil votos, si fueran separados.
Otro factor a tomar en cuenta, es el 24% de indecisos, que en una votación similar a la del 30 de agosto pasado, sumaría 288 mil votos que podrían alterar todo el cuadro anterior.
Para el joven Torrijos, contar con 40% de votantes, es una base sólida, difícil de alcanzar, aun a tasas naturales de desgaste de una larga contienda. La posibilidad de descenso, en el peor de los casos, lo llevaría de vuelta al 34% de su partido; y con eso también gana.
Debe observarse además que la preferencia que hoy alcanza Torrijos, se consigue sin ayuda de sus aliados, los partidos Solidaridad y Liberal Nacional; lo cual parece explicar los recientes aspavientos de autosuficiencia dentro del PRD, que ha copado con sus candidatos todos los cargos a elección, sin dejar espacio alguno a sus aliados; y hasta ha manifestado su intención de reservarse también una de las vicepresidencias.
Del lado de Moscoso el haber comprometido prematuramente las vicepresidencias limita su maniobrabilidad para elevar un techo político estrecho. Quizás eso explique cierta moderación mostrada últimamente con su grupo de disidentes. No pueden darse el lujo de romper los pocos puentes que le quedan, así sea con el PRD, bajo el concepto del "gobierno de unidad nacional". Más recientemente, sumó dos pequeños partidos, el Nacionalista Popular y Cambio Democrático, lo que políticamente es oxígeno puro, aunque a fin de cuentas, sea mucho ruido y pocos votos.
Por último nos queda Alberto Vallarino, enredado en la telaraña de dos primarias y una convención nacional en los partidos que le respaldan, el Demócrata Cristiano, el Renovación Civilista y el Liberal. El solo hecho de que haya marcado 12% sin siquiera arrancar, ni ser candidato oficial de nadie; y que haya sido capaz de sumar 25 mil nuevos adherentes en tres semanas de fiestas patrias, es demostración de cierta fortaleza, cuya perspectiva solo el tiempo definirá.
La encuesta preparada para este diario por la internacional CID/Gallup sobre una muestra de 1,204 ciudadanos, cubriendo entre el 12 y el 17 de noviembre pasado, con un margen de error de apenas 2.8%, no permite equívocos. Torrijos acapara el 40% de la intención de voto, contra el 24% y el 12% de Moscoso y Vallarino, respectivamente.
Ni siquiera juntos podrían los aspirantes opositores alcanzar a Torrijos, quien los superaría por un cómodo 4%, o sea 48 mil votos, sobre una base hipotética de 1.2 millones de electores, que fue la del referéndum. Esa sería casi la misma diferencia que costó la presidencia a Moscoso en 1994, o sea 45 mil votos en cifras redondas. Pero hoy la diferencia sería abismal, de 190 mil votos, si fueran separados.
Otro factor a tomar en cuenta, es el 24% de indecisos, que en una votación similar a la del 30 de agosto pasado, sumaría 288 mil votos que podrían alterar todo el cuadro anterior.
Para el joven Torrijos, contar con 40% de votantes, es una base sólida, difícil de alcanzar, aun a tasas naturales de desgaste de una larga contienda. La posibilidad de descenso, en el peor de los casos, lo llevaría de vuelta al 34% de su partido; y con eso también gana.
Debe observarse además que la preferencia que hoy alcanza Torrijos, se consigue sin ayuda de sus aliados, los partidos Solidaridad y Liberal Nacional; lo cual parece explicar los recientes aspavientos de autosuficiencia dentro del PRD, que ha copado con sus candidatos todos los cargos a elección, sin dejar espacio alguno a sus aliados; y hasta ha manifestado su intención de reservarse también una de las vicepresidencias.
Del lado de Moscoso el haber comprometido prematuramente las vicepresidencias limita su maniobrabilidad para elevar un techo político estrecho. Quizás eso explique cierta moderación mostrada últimamente con su grupo de disidentes. No pueden darse el lujo de romper los pocos puentes que le quedan, así sea con el PRD, bajo el concepto del "gobierno de unidad nacional". Más recientemente, sumó dos pequeños partidos, el Nacionalista Popular y Cambio Democrático, lo que políticamente es oxígeno puro, aunque a fin de cuentas, sea mucho ruido y pocos votos.
Por último nos queda Alberto Vallarino, enredado en la telaraña de dos primarias y una convención nacional en los partidos que le respaldan, el Demócrata Cristiano, el Renovación Civilista y el Liberal. El solo hecho de que haya marcado 12% sin siquiera arrancar, ni ser candidato oficial de nadie; y que haya sido capaz de sumar 25 mil nuevos adherentes en tres semanas de fiestas patrias, es demostración de cierta fortaleza, cuya perspectiva solo el tiempo definirá.