Devoción a una Santa
Han pasado muchos años desde la última vez que fui al poblado de Las Tablas a participar de las fiestas de Santa Librada. Los tableños le llaman "la Moñona" por el cabello abundante de su imagen. Siempre ha sido una santa milagrosa y querida por los paisanos de Azuero. No imaginan la cantidad de ofrendas que luce al salir en la procesión como parte solamente de todas las que gana por los milagros a los devotos.
Su día es el 20 de julio. Desde el 18 empieza a "bajar" la gente de todas partes de la provincia para venerar a la santa y asistir a sus festividades. Viajé con parte de la familia el 19. Desde Los Santos hasta Las Tablas la gente caminaba hacia el poblado; algunos con la vestimenta azul y roja de la santa. Vi muchos jóvenes, sobre todo del sexo masculino, caminar horas hasta llegar a la procesión de esa noche. Era un espectáculo digno de verse y grabarse porque es fiel testigo de la devoción a Santa Librada.
El pueblo hervía en gente y, desde el día anterior se les cocinaba desayuno y grandes paila de almuerzo para alimentar a esas personas. A las 8 de la noche terminó su último día de novena y salió la procesión a la calle. La esperé en el portal de mi casa solariega. Las primeras personas, que venían en grandes grupos, con vela y en silencio, pasaron frente a mi casa a las 8:30.
Nunca había visto tanta gente junta; cuatro o cinco bandas acompañaban al desfile con cierta distancia de separación. Allí no se podía caminar en fila de uno porque no hubieran terminado jamás; se caminaba ocupando toda la calle.
Cuando la santa Moñona pasó frente a mi casa con el final de la procesión eran pasadas las 11 y 30 de la noche. Imaginen la cantidad de devotos que desfiló en ese tiempo. No se acabará esa devoción porque los jóvenes la profesan también y los niños van de la mano de sus padres para aprender desde temprana edad su amor por la santa.
222Santa Librada, qué hermosas tus patronales; cuánto fervor y devoción se desplegó en esos días y vimos mucho amor por lo nuestro,...
La bandera del 20 fue maravillosa. No es porque mi hijo Rodolfo fuera el abanderado; sencillamente, la cabalgata que acompañó la bandera llevaba, según expertos, alrededor de 120 caballos. Participaron caballistas del poblado, de los campos aledaños, de la Asociación de Caballistas de Panamá, de Chitré, de Panamá, lo que alegró ese paseo hasta comentarse que nunca se había visto tantos caballos juntos en una bandera.
Hermosos animales y elegantes jinetes la hicieron más distinguida, digna de Santa Librada. Los bailes conservan el fervor típico, porque no se escuchó ni una nota de música foránea. Las costumbres se han perdido en el Carnaval, pero se conservan en estas patronales. La reina de calle Abajo tuvo una matanza amenizada por el gran chaparro Fito Espino con su acordeón, padre de la futura reina. Fue una fiesta totalmente típica, alegre y asistida por mucha gente.
La hermosura del día 22, día por medio de toros, como se llamaba antes, se completó con el concurso de la pollera por la medalla Margarita Lozano. Desfilaron los vestidos más hermosos que puedan imaginar en cinco categorías y de allí se escogió la ganadora por la pollera más hermosa y completa.
Luego salieron en tuna alrededor del parque las polleras, cantantes adelante, tambores y fuegos artificiales. Detrás venía, en un sencillo carro alegórico, la Reina Nacional de la Pollera, escogida una semana antes, con sus damas y la murga. Dos carnavales diferentes: el moderno y el de mis tiempos de infancia y adolescencia y sólo puedo decir que gocé el espectáculo en indicios de no perderse las costumbres de aquella tierra. Santa Librada, qué hermosas tus patronales; cuánto fervor y devoción se desplegó en esos días y vimos mucho amor por lo nuestro, por lo folclórico y lo bello de la península de Azuero. Ojalá se conserve esa devoción y nuestra Moñona siga reinando. ¡Loor a ti!
Su día es el 20 de julio. Desde el 18 empieza a "bajar" la gente de todas partes de la provincia para venerar a la santa y asistir a sus festividades. Viajé con parte de la familia el 19. Desde Los Santos hasta Las Tablas la gente caminaba hacia el poblado; algunos con la vestimenta azul y roja de la santa. Vi muchos jóvenes, sobre todo del sexo masculino, caminar horas hasta llegar a la procesión de esa noche. Era un espectáculo digno de verse y grabarse porque es fiel testigo de la devoción a Santa Librada.
El pueblo hervía en gente y, desde el día anterior se les cocinaba desayuno y grandes paila de almuerzo para alimentar a esas personas. A las 8 de la noche terminó su último día de novena y salió la procesión a la calle. La esperé en el portal de mi casa solariega. Las primeras personas, que venían en grandes grupos, con vela y en silencio, pasaron frente a mi casa a las 8:30.
Nunca había visto tanta gente junta; cuatro o cinco bandas acompañaban al desfile con cierta distancia de separación. Allí no se podía caminar en fila de uno porque no hubieran terminado jamás; se caminaba ocupando toda la calle.
Cuando la santa Moñona pasó frente a mi casa con el final de la procesión eran pasadas las 11 y 30 de la noche. Imaginen la cantidad de devotos que desfiló en ese tiempo. No se acabará esa devoción porque los jóvenes la profesan también y los niños van de la mano de sus padres para aprender desde temprana edad su amor por la santa.
222Santa Librada, qué hermosas tus patronales; cuánto fervor y devoción se desplegó en esos días y vimos mucho amor por lo nuestro,...
La bandera del 20 fue maravillosa. No es porque mi hijo Rodolfo fuera el abanderado; sencillamente, la cabalgata que acompañó la bandera llevaba, según expertos, alrededor de 120 caballos. Participaron caballistas del poblado, de los campos aledaños, de la Asociación de Caballistas de Panamá, de Chitré, de Panamá, lo que alegró ese paseo hasta comentarse que nunca se había visto tantos caballos juntos en una bandera.
Hermosos animales y elegantes jinetes la hicieron más distinguida, digna de Santa Librada. Los bailes conservan el fervor típico, porque no se escuchó ni una nota de música foránea. Las costumbres se han perdido en el Carnaval, pero se conservan en estas patronales. La reina de calle Abajo tuvo una matanza amenizada por el gran chaparro Fito Espino con su acordeón, padre de la futura reina. Fue una fiesta totalmente típica, alegre y asistida por mucha gente.
La hermosura del día 22, día por medio de toros, como se llamaba antes, se completó con el concurso de la pollera por la medalla Margarita Lozano. Desfilaron los vestidos más hermosos que puedan imaginar en cinco categorías y de allí se escogió la ganadora por la pollera más hermosa y completa.
Luego salieron en tuna alrededor del parque las polleras, cantantes adelante, tambores y fuegos artificiales. Detrás venía, en un sencillo carro alegórico, la Reina Nacional de la Pollera, escogida una semana antes, con sus damas y la murga. Dos carnavales diferentes: el moderno y el de mis tiempos de infancia y adolescencia y sólo puedo decir que gocé el espectáculo en indicios de no perderse las costumbres de aquella tierra. Santa Librada, qué hermosas tus patronales; cuánto fervor y devoción se desplegó en esos días y vimos mucho amor por lo nuestro, por lo folclórico y lo bello de la península de Azuero. Ojalá se conserve esa devoción y nuestra Moñona siga reinando. ¡Loor a ti!