Día de la Madre
Ayer se celebró el Día de la Madre panameña para rendir homenaje y reconocer méritos inigualables a aquellas madres de familia que han logrado dignificar su misión, en base al respeto, a la comprensión, al sacrificio y al amor; a esas mujeres que, siendo padre y madre, se encuentran, responsablemente, orientando las fuerzas vivas de la niñez y de la juventud, que representan las reservas materiales y espirituales de Panamá; a esa madre que ha comprendido, muy bien, que la familia es la piedra angular de la sociedad y que sin su acertada guía y consejo, sobreviene la quiebra de nuestros valores éticos y morales.
Por este hecho de trascendencia, dedicamos este espacio a ese ser que encarna los más sublimes sentimientos y con su sabiduría y ternura, endulza las tristezas de esta patria tan golpeada por el dolor de la injusticia social.
Es un imperativo aunar esfuerzos en el nivel gubernamental y en la sociedad civil, a fin de alcanzar una estructuración de familias en donde la madre encuentre el ambiente propicio para poner en juego su potencial espiritual para beneficio del crecimiento y guía de una niñez y juventud que sean esperanza para el futuro de la nación.
Honrar a las madres y dar a ellas la oportunidad que necesita para el desarrollo de su noble misión es algo que no debe hacerse esperar, porque en ello está en juego el progreso integral del país. Nos causa mucho dolor que en fechas como ésta haya madres perdidas en los riscos, valles y montañas de la patria, sumidas en la miseria, en el hambre y las enfermedades; que las luces de mil colores que se encienden para rendir testimonio de reconocimiento profundo a este ser insuperable no lleguen hasta la madre india y campesina que ignoran el porqué de tanta injusticia social.
La fecha es propicia para exaltar los valores de la mujer, pues ello representa el mejor homenaje, demostración de cariño y de reconocimiento a una madre que participa con verdadera responsabilidad al engrandecimiento de la familia y al progreso de la nación. En la medida en que logremos colocar a la mujer en el lugar que le corresponde dentro de la sociedad en cuanto a profesionalismo, dignidad y competencia, de igual modo lograremos honrar a ese ser que, en muchos casos, lleva en sus manos la responsabilidad de dirigir un hogar sin el soporte de un esposo.
En este día, reciban la expresión más sincera de cariño y respeto, y la firme promesa de que siempre estaremos dispuestos a defender el gran tesoro de sabiduría, ternura, amor y comprensión que las madres de Panamá llevan en el alma para endulzar las tristezas de la patria.
Hay muchos adultos que todavía dependen de su madre, hasta para decidir las cosas más elementales de la vida y eso refleja una inmadurez tremenda.
María Santísima, madre de Dios y madre nuestra, tiene también otra cosa muy linda. Sabe usted que Jesús, el Hijo de Dios, amó y ama siempre. Y el amor de Dios es un amor sin límites, claro que sí. Pero en la parte humana, la parte psicológica, la sensibilidad de Cristo, la ternura de Jesús dependió en gran parte de su mamá. Como Hijo de Dios, como Verbo Encarnado, siempre amó, pero la forma de amar tierna, el vibrar ante el sufrimiento del prójimo, el llorar ante la tumba de Lázaro, el abrazar a los niños, ese hombre tan fuerte y vigoroso y al mismo tiempo tan tierno y cariñoso se desarrolló así en gran parte gracias a su madre, quien le transmitió valores muy profundos, valores muy humanos. Por eso Dios escogió a la mujer más santa para que formara y educara a Jesús.
A todas las madres les recomiendo que aprendan la lección de María. Los hijos dependen en gran parte de cómo la mamá los forma e influye en ellos. Si la madre los forma bien, ellos crecerán mejor y más sanos.
Hoy día, María, madre de Dios y madre nuestra, también puede proyectar su maternidad en todos nosotros.
María puede ayudar para que seamos más parecidos a Cristo, si nos dejamos amparar y guiar por su protección maternal.
María tiene una profunda cercanía con Jesús. Tanto así que ahora en el cielo, María es la más cercana a Cristo y, por eso, es la que más puede influir en relación con la acción de Cristo en la tierra.
Si usted le pide a María que oren juntos al Señor para que Él realice algo en usted que es muy importante, entonces, la oración de María tiene una profunda y gran eficacia. María es la persona que más cercana está a Jesús.
Si usted permite que María entre en su corazón y usted entra en el corazón de María y pide su protección y ayuda, ella hará grandes maravillas en usted, como hizo con Jesús. Ella sigue ejerciendo una función maternal muy grande en la historia de la Iglesia.
Por eso les digo que amemos a María, imitemos a María. Ella intercederá mucho ante Dios para hacer de nosotros auténticos hijos de Dios. Y con la ayuda de Dios ¡SEREMOS INVENCIBLES!
Por este hecho de trascendencia, dedicamos este espacio a ese ser que encarna los más sublimes sentimientos y con su sabiduría y ternura, endulza las tristezas de esta patria tan golpeada por el dolor de la injusticia social.
Es un imperativo aunar esfuerzos en el nivel gubernamental y en la sociedad civil, a fin de alcanzar una estructuración de familias en donde la madre encuentre el ambiente propicio para poner en juego su potencial espiritual para beneficio del crecimiento y guía de una niñez y juventud que sean esperanza para el futuro de la nación.
Honrar a las madres y dar a ellas la oportunidad que necesita para el desarrollo de su noble misión es algo que no debe hacerse esperar, porque en ello está en juego el progreso integral del país. Nos causa mucho dolor que en fechas como ésta haya madres perdidas en los riscos, valles y montañas de la patria, sumidas en la miseria, en el hambre y las enfermedades; que las luces de mil colores que se encienden para rendir testimonio de reconocimiento profundo a este ser insuperable no lleguen hasta la madre india y campesina que ignoran el porqué de tanta injusticia social.
La fecha es propicia para exaltar los valores de la mujer, pues ello representa el mejor homenaje, demostración de cariño y de reconocimiento a una madre que participa con verdadera responsabilidad al engrandecimiento de la familia y al progreso de la nación. En la medida en que logremos colocar a la mujer en el lugar que le corresponde dentro de la sociedad en cuanto a profesionalismo, dignidad y competencia, de igual modo lograremos honrar a ese ser que, en muchos casos, lleva en sus manos la responsabilidad de dirigir un hogar sin el soporte de un esposo.
En este día, reciban la expresión más sincera de cariño y respeto, y la firme promesa de que siempre estaremos dispuestos a defender el gran tesoro de sabiduría, ternura, amor y comprensión que las madres de Panamá llevan en el alma para endulzar las tristezas de la patria.
Hay muchos adultos que todavía dependen de su madre, hasta para decidir las cosas más elementales de la vida y eso refleja una inmadurez tremenda.
María Santísima, madre de Dios y madre nuestra, tiene también otra cosa muy linda. Sabe usted que Jesús, el Hijo de Dios, amó y ama siempre. Y el amor de Dios es un amor sin límites, claro que sí. Pero en la parte humana, la parte psicológica, la sensibilidad de Cristo, la ternura de Jesús dependió en gran parte de su mamá. Como Hijo de Dios, como Verbo Encarnado, siempre amó, pero la forma de amar tierna, el vibrar ante el sufrimiento del prójimo, el llorar ante la tumba de Lázaro, el abrazar a los niños, ese hombre tan fuerte y vigoroso y al mismo tiempo tan tierno y cariñoso se desarrolló así en gran parte gracias a su madre, quien le transmitió valores muy profundos, valores muy humanos. Por eso Dios escogió a la mujer más santa para que formara y educara a Jesús.
A todas las madres les recomiendo que aprendan la lección de María. Los hijos dependen en gran parte de cómo la mamá los forma e influye en ellos. Si la madre los forma bien, ellos crecerán mejor y más sanos.
Hoy día, María, madre de Dios y madre nuestra, también puede proyectar su maternidad en todos nosotros.
María puede ayudar para que seamos más parecidos a Cristo, si nos dejamos amparar y guiar por su protección maternal.
María tiene una profunda cercanía con Jesús. Tanto así que ahora en el cielo, María es la más cercana a Cristo y, por eso, es la que más puede influir en relación con la acción de Cristo en la tierra.
Si usted le pide a María que oren juntos al Señor para que Él realice algo en usted que es muy importante, entonces, la oración de María tiene una profunda y gran eficacia. María es la persona que más cercana está a Jesús.
Si usted permite que María entre en su corazón y usted entra en el corazón de María y pide su protección y ayuda, ella hará grandes maravillas en usted, como hizo con Jesús. Ella sigue ejerciendo una función maternal muy grande en la historia de la Iglesia.
Por eso les digo que amemos a María, imitemos a María. Ella intercederá mucho ante Dios para hacer de nosotros auténticos hijos de Dios. Y con la ayuda de Dios ¡SEREMOS INVENCIBLES!