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"Día del Amor y la Amistad"


Tal vez muy pocas personas sepan el verdadero significado de esta fecha, la que conmemoran sin tener conocimiento de sus orígenes, pues se ha hecho más énfasis en la parte material y consumista que en el verdadero sentido espiritual de la celebración.
Veamos los antecedentes de la fecha. Durante el imperio romano, hubo un santo, San Valentín, que servía de Cupido entre las parejas y se dedicaba a casarlas secretamente. El Emperador romano Claudio II ordenó la muerte de San Valentín, por haberse atrevido a desafiar su autoridad, pues el Emperador había prohibido estos casamientos, ya que tenía la creencia (falsa por cierto) de que los soldados casados no eran tan buenos y tan eficientes como los solteros. Por otro lado, en la antigua Roma, el 15 de febrero se celebraba el día de la fertilidad o lupercalia, en honor del dios Fauno, llamado también Lupercus.
En el año 1969, el 14 de febrero fue señalado como día de fiesta, cuando el calendario católico romano dedicó esa fecha para recordar a San Valentín y desde entonces se han conjugado toda una serie de leyendas y de tradiciones que han incidido directamente en que el Día de San Valentín sea en la actualidad, una fecha dedicada a los enamorados, pero también una fecha en que se intercambian mensajes y obsequios para demostrar amor y amistad a los seres más cercanos.
El 14 de febrero es, pues, una fecha muy significativa en honor de San Valentín, pero que además nos sirve para recordar, lo valioso y lo bello que es el amor y la amistad verdadera y lo importante que es cultivarlos durante toda la vida, pues como dijo Luis Vives: "No hay riqueza tan segura como un seguro amigo" o como dijo Antoine de Saint Exupéry: "Amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección". ¡Feliz día de San Valentín!
Finalmente, esperamos que la Cancillería y el Ejecutivo (la Presidenta) esclarezcan al país esta decisión de espaldas al conjunto social panameño. Insistimos, jamás podemos estar de acuerdo con las expresiones terroristas, mucho menos con movimientos insurgentes que propalan la violencia y siembran caos y muerte; sin embargo, tampoco podemos permitirnos políticas erráticas, que desdicen de nuestra condición de "ser Estado". Queda abierto el debate.
"¿Qué piensas hacer al llegar allá?", preguntamos y ella sin titubear nos respondió: "yo ahora soy otra. Me hace feliz saber que estaré rodeada de mi tierra porque para un extranjero es muy difícil estar lejos de su país, porque lo extrañas".
"Nuestra relación es ahora más unida que nunca", mencionó Magally con la más amplia sonrisa que hubiese podido escapársele durante la entrevista y agregó: "tenemos muchos planes juntos para cuando yo regrese. Quiero seguir estudiando Técnico en Sistemas porque ya iba en el tercer semestre".
Cada día Magally encuentra consuelo a su desdicha en el recuerdo del pequeño Ameth, quien le dice en cada llamada: "mamá cuándo vienes, yo le pido siempre a Dios y a la luna que te traigan pronto".
A Judith, su amiga, le dejó saber un mensaje a través de El Panamá América: "gracias por interesarte en mí porque eso me hace sentir viva, me hace saber que todavía me quieren y ... cuando llegue no te vas a creer lo que he cambiado" y se rió, esta vez a carcajadas.
Las palabras expresadas por Magally cobraron mayor fuerza al escuchar a Alvaro Ramón González, a quien ella "llama su esposo", porque falta muy poco para serlo y su hijo quiere como "su padre", aunque no lo es. Se hicieron novios a los 13 años y "era algo de niños", pero nos volvimos a ver después y "yo me di cuenta de que la seguía queriendo".
"Ella me dijo que se iba de viajes a Monterrey. Yo pensaba que estaba allá, cuando me llamaron al celular y me dijeron que había sido detenida en Panamá", nos dijo desde México, vía telefónica, "quedé frío, no sabía qué hacer".
Resolvió de inmediato viajar a Panamá para estar junto a ella y 15 días después estaba acá. No hubo reclamos, ni intenciones de apartarse. "Yo sabía que mi indecisión y falta de comunicación la habían orillado", confesó. Aunque Alvaro no era expresivo y en aquellos tormentosos días de Magally, poco hablaban, él le tenía preparada "una sorpresa" como prueba de su amor.
"Yo le había comprado su casa para que viviéramos juntos y se la entregaría cuando estuviera de vuelta". Desde su detención, Alvaro ha visitado el penal en dos ocasiones.
"La quiero demasiado como para dejarla" dijo más de una vez y concluyó: "y le juro que es el amor de mi vida y no quiero perderla... yo sé que no será así".

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