Día Internacional de la Mujer
Mujeres de distinta raza, clase social, profesiones, religión e ideas, vienen celebrando desde hace más de nueve décadas esta fecha. Hay quienes todavía se sorprenden de que exista un día en el calendario internacional dedicado a conmemorar a la mitad de la humanidad y ciertamente, una vez más, será un tema que abordarán tímidamente los medios de comunicación, alguno que otro evento realizarán las instituciones gubernamentales, y con mayor resonancia será celebrado por los grupos y asociaciones de mujeres que año tras año aprovechan la celebración del día para llamar la atención de los gobiernos sobre la situación y los problemas de inequidad que aún padecen las féminas en todo el planeta.
Parece contradictorio el hecho de que estando en el tercer milenio, en un mundo que nos maravilla por los grandes avances tecnológicos y científicos, la equidad, la justicia y la paz sean conquistas que todavía parecen estar muy lejos de la realidad para las mujeres; situación que requiere de un profundo análisis e identificación de las causas educativas, culturales, sociales y económicas que originan y agravan las desigualdades entre los géneros y que están estrechamente vinculadas, entre otras razones, a la pérdida de valores en nuestras sociedades postmodernas, en la mercantilización del cuerpo humano, en la ruptura del equilibrio ambiental, en los valores de competitividad y de violencia, muchas veces consecuencia del desarrollo y de la llamada "globalización" a que se ven sometidos nuestros pueblos por la presión de las potencias del primer mundo.
Es necesario reflexionar detenidamente en estos aspectos, pues el desarrollo económico, el pleno empleo, la equidad y la justicia social son requisitos importantes, pero no son suficientes para generar la solidaridad y el respeto por las diferencias. Se necesita, además, cimentar en la sociedad sólidos valores éticos y construir nuevos como el trabajo en equipo, la responsabilidad compartida en el hogar, el equilibrio entre el medio ambiente y la dimensión social; se requiere que el ser humano, especialmente las mujeres, dejen de ser una simple mercancía; se necesita que el conocimiento y la tecnología sean instrumentos accesibles a todos y a todas por igual y no un privilegio para unos pocos.
Pero, fundamentalmente, se necesita incorporar una dimensión ética al pensamiento cotidiano para que se pueda lograr esa anhelada equidad entre los géneros. Esta dimensión ética debe ir acompañada del ponderamiento de las mujeres, y así lograr el de las nuevas generaciones en la construcción de democracias sólidas, representativas, equitativas y justas.
Sólo cuando esto ocurra, la conmemoración de un día internacional de la mujer dejará de ser necesario y se hará realidad ese sueño de la líder feminista inglesa Emmeline Pankhurst, según el cual: "Si la civilización estriba en progresar hacia el futuro, ha de ser a través de la ayuda de las mujeres; mujeres liberadas de sus grilletes políticos, mujeres con plenos poderes para ejercer su voluntad en el seno de la sociedad".
Parece contradictorio el hecho de que estando en el tercer milenio, en un mundo que nos maravilla por los grandes avances tecnológicos y científicos, la equidad, la justicia y la paz sean conquistas que todavía parecen estar muy lejos de la realidad para las mujeres; situación que requiere de un profundo análisis e identificación de las causas educativas, culturales, sociales y económicas que originan y agravan las desigualdades entre los géneros y que están estrechamente vinculadas, entre otras razones, a la pérdida de valores en nuestras sociedades postmodernas, en la mercantilización del cuerpo humano, en la ruptura del equilibrio ambiental, en los valores de competitividad y de violencia, muchas veces consecuencia del desarrollo y de la llamada "globalización" a que se ven sometidos nuestros pueblos por la presión de las potencias del primer mundo.
Es necesario reflexionar detenidamente en estos aspectos, pues el desarrollo económico, el pleno empleo, la equidad y la justicia social son requisitos importantes, pero no son suficientes para generar la solidaridad y el respeto por las diferencias. Se necesita, además, cimentar en la sociedad sólidos valores éticos y construir nuevos como el trabajo en equipo, la responsabilidad compartida en el hogar, el equilibrio entre el medio ambiente y la dimensión social; se requiere que el ser humano, especialmente las mujeres, dejen de ser una simple mercancía; se necesita que el conocimiento y la tecnología sean instrumentos accesibles a todos y a todas por igual y no un privilegio para unos pocos.
Pero, fundamentalmente, se necesita incorporar una dimensión ética al pensamiento cotidiano para que se pueda lograr esa anhelada equidad entre los géneros. Esta dimensión ética debe ir acompañada del ponderamiento de las mujeres, y así lograr el de las nuevas generaciones en la construcción de democracias sólidas, representativas, equitativas y justas.
Sólo cuando esto ocurra, la conmemoración de un día internacional de la mujer dejará de ser necesario y se hará realidad ese sueño de la líder feminista inglesa Emmeline Pankhurst, según el cual: "Si la civilización estriba en progresar hacia el futuro, ha de ser a través de la ayuda de las mujeres; mujeres liberadas de sus grilletes políticos, mujeres con plenos poderes para ejercer su voluntad en el seno de la sociedad".