Día Internacional de la Mujer
E l Día Internacional de la Mujer se celebra en todo el mundo el 8 de Marzo de cada año. En Panamá, la celebración tiene características nada desdeñables, puesto que en todos los ámbitos de convivencia y de actividad empieza a tener fuerza de costumbre que en esta fecha hagamos significativos gestos de reconocimiento a la mujer panameña, singularmente a aquellas que en el presente dejan huella en la memoria de la patria, como en el pasado lo hicieron mujeres de la estatura de Sara Sotillo y de Reina Torres de Araúz.
Esta circunstancia, sumada al hecho de que a menos de 100 años de vida republicana una mujer fue electa para ocupar la primera magistratura del país, le dan fundamento a la afirmación de que "en Panamá la mujer ocupa un lugar aventajado en la vida nacional".
Tal afirmación es relativamente cierta y asimismo relativamente falsa. Relativamente cierta porque actualmente la matrícula femenina en las escuelas y las universidades está equiparada con la matrícula masculina y porque, en muchos casos, el éxito escolar es mayor en las alumnas que en los alumnos.
La afirmación es relativamente cierta porque el estrado público es plenamente accesible a la mujer panameña, hasta el punto de que hoy en día las jóvenes no tienen ni idea de que hubo tiempos en los que la mujer estaba excluida y virtualmente asignada a la dimensión privada.
Cuando decimos que es relativamente falsa es porque tanto en las áreas urbanas como en las áreas rurales, la mujer panameña es más vulnerable que el hombre a los efectos de la pobreza y de sus consecuencias.
Es relativamente falsa porque las estadísticas oficiales muestran que generalmente la mujer recibe menos salario que el hombre tratándose de la misma ocupación o responsabilidad laboral.
La mujer panameña ha conquistado ciertos niveles de equidad con el hombre, pero la sociedad panameña aún no exhibe dicha equidad de modo homogéneo ni geográfica, ni social, ni económicamente. Esta situación justifica en nuestros días la vigencia de la Convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer que tiene como uno de sus propósitos fundamentales "la obligación de garantizar a hombres y mujeres la igualdad en el goce de todos los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos".
La afirmación que le reconoce a la mujer panameña un lugar aventajado en la vida nacional es también relativamente falsa porque la mujer panameña, como es el caso de la mujer en muchos otros países, esta permanentemente desafiada por una especie de contradicción que está implícita en la idea de que o se es buena esposa y madre o se es buena para otras cosas. De ahí que la Convención sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer, que ya mencionamos reconozca que "para lograr la plena igualdad entre el hombre y la mujer es necesario modificar el papel tradicional tanto del hombre como de la mujer en la sociedad y en la familia".
Le es muy difícil a la mujer-por no decir casi imposible- intentar jugar un papel de primer plano, cumpliendo con los deberes que le impone la maternidad con la importancia social que ella entraña, y aparecer a la vez como persona autónoma, soberana y libre de sus actos. Es decir, hay todavía en nuestra sociedad muchos condicionamientos para la realización de la mujer en la vida pública. Hay en nuestra sociedad ciertos atavismos que hacen que la mujer aparezca más fácilmente, más que como ella misma, como la sombra de una figura masculina, ya sea éste el marido, el padre o el hermano.
El porvenir de la humanidad necesita que empecemos a reconocer que es una expresión más de discriminación hacia la mujer el decir: "Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer". Tenemos que darnos cuenta de que es al lado de todo gran hombre hay una gran mujer.
En mi juventud me sedujo una frase de un poema de Luis Aragón: "la mujer es el futuro del hombre". Me pregunté si semejante idea le vino a Aragón porque era un poeta surrealista. Ha pasado más de medio siglo y ahora creo que esa frase de Aragón fue una profecía.
Día a Día vemos que el porvenir de la humanidad, tanto o más que su pasado, necesita de la mujer capacitada, de la mujer libre, de la mujer orientada hacia los mismos horizontes que el hombre, pero que pone en el camino los instintos y las instituciones, la fuerza y la comprensión que le son propios.
Aprovecho el auspicio de la fecha para saludar con singular aprecio a todas las mujeres panameñas que han dicho Presente en los movimientos dirigidos a fomentar el respeto de la dignidad de la mujer y a luchar contra las discriminaciones y contra la violencia hacia la mujer, sea esta intrafamiliar o extrafamiliar. Deseo expresar mi personal e íntima convicción de que los hombres panameños debemos estar atentos a la carga de machismo que hay en toda conducta que discrimina o impide la realización de la mujer.
Somos solidarios con el pensamiento de quienes sostienen que "la máxima participación tanto de las mujeres como de los hombres en todos los campos es indispensable para el desarrollo total de un país, el bienestar del mundo y la causa de la paz".
Esta circunstancia, sumada al hecho de que a menos de 100 años de vida republicana una mujer fue electa para ocupar la primera magistratura del país, le dan fundamento a la afirmación de que "en Panamá la mujer ocupa un lugar aventajado en la vida nacional".
Tal afirmación es relativamente cierta y asimismo relativamente falsa. Relativamente cierta porque actualmente la matrícula femenina en las escuelas y las universidades está equiparada con la matrícula masculina y porque, en muchos casos, el éxito escolar es mayor en las alumnas que en los alumnos.
La afirmación es relativamente cierta porque el estrado público es plenamente accesible a la mujer panameña, hasta el punto de que hoy en día las jóvenes no tienen ni idea de que hubo tiempos en los que la mujer estaba excluida y virtualmente asignada a la dimensión privada.
Cuando decimos que es relativamente falsa es porque tanto en las áreas urbanas como en las áreas rurales, la mujer panameña es más vulnerable que el hombre a los efectos de la pobreza y de sus consecuencias.
Es relativamente falsa porque las estadísticas oficiales muestran que generalmente la mujer recibe menos salario que el hombre tratándose de la misma ocupación o responsabilidad laboral.
La mujer panameña ha conquistado ciertos niveles de equidad con el hombre, pero la sociedad panameña aún no exhibe dicha equidad de modo homogéneo ni geográfica, ni social, ni económicamente. Esta situación justifica en nuestros días la vigencia de la Convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer que tiene como uno de sus propósitos fundamentales "la obligación de garantizar a hombres y mujeres la igualdad en el goce de todos los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos".
La afirmación que le reconoce a la mujer panameña un lugar aventajado en la vida nacional es también relativamente falsa porque la mujer panameña, como es el caso de la mujer en muchos otros países, esta permanentemente desafiada por una especie de contradicción que está implícita en la idea de que o se es buena esposa y madre o se es buena para otras cosas. De ahí que la Convención sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer, que ya mencionamos reconozca que "para lograr la plena igualdad entre el hombre y la mujer es necesario modificar el papel tradicional tanto del hombre como de la mujer en la sociedad y en la familia".
Le es muy difícil a la mujer-por no decir casi imposible- intentar jugar un papel de primer plano, cumpliendo con los deberes que le impone la maternidad con la importancia social que ella entraña, y aparecer a la vez como persona autónoma, soberana y libre de sus actos. Es decir, hay todavía en nuestra sociedad muchos condicionamientos para la realización de la mujer en la vida pública. Hay en nuestra sociedad ciertos atavismos que hacen que la mujer aparezca más fácilmente, más que como ella misma, como la sombra de una figura masculina, ya sea éste el marido, el padre o el hermano.
El porvenir de la humanidad necesita que empecemos a reconocer que es una expresión más de discriminación hacia la mujer el decir: "Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer". Tenemos que darnos cuenta de que es al lado de todo gran hombre hay una gran mujer.
En mi juventud me sedujo una frase de un poema de Luis Aragón: "la mujer es el futuro del hombre". Me pregunté si semejante idea le vino a Aragón porque era un poeta surrealista. Ha pasado más de medio siglo y ahora creo que esa frase de Aragón fue una profecía.
Día a Día vemos que el porvenir de la humanidad, tanto o más que su pasado, necesita de la mujer capacitada, de la mujer libre, de la mujer orientada hacia los mismos horizontes que el hombre, pero que pone en el camino los instintos y las instituciones, la fuerza y la comprensión que le son propios.
Aprovecho el auspicio de la fecha para saludar con singular aprecio a todas las mujeres panameñas que han dicho Presente en los movimientos dirigidos a fomentar el respeto de la dignidad de la mujer y a luchar contra las discriminaciones y contra la violencia hacia la mujer, sea esta intrafamiliar o extrafamiliar. Deseo expresar mi personal e íntima convicción de que los hombres panameños debemos estar atentos a la carga de machismo que hay en toda conducta que discrimina o impide la realización de la mujer.
Somos solidarios con el pensamiento de quienes sostienen que "la máxima participación tanto de las mujeres como de los hombres en todos los campos es indispensable para el desarrollo total de un país, el bienestar del mundo y la causa de la paz".