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Día Internacional de la Tolerancia


Uno de los elementos que ayudaría realmente a propiciar un nuevo clima que coadyuve a la construcción y al mantenimiento individual y colectivo de la paz utilizando únicamente la fuerza de las ideas y de las palabras con el firme propósito de eliminar la violencia, es sin lugar a dudas la "Tolerancia". Si se aceptara la primacía de su significado para la prevención de conflictos, las prerrogativas y la sensibilidad de los demás serían más respetadas, lo que constituye un desafío para cada una de nuestras sociedades. Tal vez porque la tendencia más inquietante que se haya observado, es el desprecio cada vez mayor de las normas básicas que rigen la conducta humana. No obstante, la experiencia nos indica que el respeto al derecho ajeno, a la pluralidad de opinión, de raza y de religión, la superación de la marginalidad, conjuntamente con la tolerancia, constituyen entre otros, las bases fundamentales para ayudar a reafirmar la necesidad de continuar explorando todas las vías de solución pacífica de las controversias.
El apoyo decidido de brindar a la humanidad una coexistencia pacífica, que ayude a superar los obstáculos y conjurar las amenazas a la paz debe ser una exhortación general, cuyo objetivo primordial sería lograr la reversión de la creciente tendencia a la violencia. Por eso es necesario identificar la tolerancia como un valor universal, que debe ser integrada como una norma básica en nuestro comportamiento cotidiano, sustentando el principio fundamental de que los valores se aprenden en la práctica y no en la teoría, por lo que se requiere examinar y discutir la dimensión ética de su alcance. Encontrar el equilibro de asumir el desafío que pueda plantear la aplicación diaria de una buena dosis de tolerancia, abre nuevos canales para resolver diferencias, porque de lo que se trata, es no sólo de identificarlas, y encausarlas sino, por sobre todo de evitarlas. La tarea es ardua, pero no imposible. Todos tenemos un papel que desempeñar y si asumimos convencidos este compromiso, podremos afrontar con mayor tranquilidad los retos venideros.
Mientras no exista la disposición de adoptar una eficaz política criminal en la que intervenga no sólo el gobierno, sino la sociedad civil, no se podrá resolver nada. Por ello debe promoverse, en todo el país, campañas educativas donde se incentiven los valores familiares, morales, sociales, culturales tan trastocados hoy día.
Así se evitará el aumento desmedido de la delincuencia. También es importante que los centros carcelarios cuenten con personal idóneo (psicológos, trabajadores sociales, médicos) para adoptar efectivos programas de resocialización en pro de los delincuentes.

101 años de Panamá América

 
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