Dialéctica de contradicciones científico-sociales
La búsqueda científica por conocer y ordenar todo el cuadro o mapa genético que pudiera propiciar un salto de calidad en el tratamiento y la curación de las enfermedades y con tal descubrimiento, el diseño de la tarjeta o disco computarizado del cuadro ordenado de los genes del individuo, constituirá sin lugar a dudas una revolución en el campo de las ciencias médicas.
Pero como si lo anterior fuera poco, no faltan algunos visionarios que vienen señalando, que llegará el momento en que la fecundación artificial y la concresión de la reproducción de los humanos por clonación, llevará a la desaparición de la relación sexual como medio para la reproducción de los mismos.Evidentemente, se trata de una perspectiva que redimensionará el concepto del amor como un valor ético trascendental para la convivencia planetaria.
No cabe duda que los científicos de las ciencias biológicas han venido colocándose a la vanguardia de los cambios que tienen que ver con la reproducción y la perpetuidad de la especie humana en el planeta Tierra. Sin embargo, por el lado de las ciencias sociales, las cosas no andan bien.
El protagonismo y la acción del hombre sobre la naturaleza, nos está conduciendo al desastre planetario, con consecuencias que amenazan la propia existencia de la vida en la tierra. Con justa razón, meses atrás, el Sr. Secretario General de las Naciones Unidas, el Dr. Kofi Annan, señalaba que gran parte de los fenómenos naturales que traen destrucción y muerte, no son tales, en tanto que tienen su origen en la acción del hombre.
Ciertamente está comprobado que el recalentamiento de grandes zonas planetarias tiene que ver con la destrucción de la capa de ozono. No faltan algunos, que sostienen que este fenómeno, que tiene su origen en el hombre, pudiera debilitar a la masa candescente solar, lo que pudiera traducirse en un enfriamiento total del planeta Tierra, lo que acabaría con la vida.
Lo que viene ocurriendo en el Artico (descongelamiento anual de masas de hielo del tamaño del territorio de un país como Bélgica), de alguna manera, en forma proporcional, a la larga pudiera influir en la potencia o capacidad de calentamiento solar. La crisis descrita se agudiza por la destrucción de zonas inmensas de plantas y árboles, generando amplias zonas desérticas y procesos crecientes de falta de agua.
Como se puede observar, los ejemplos sobran para afirmar que mientras la ciencia trata de perpetuar la especie humana y otras, la acción del hombre en otros campos de sus actividades nos está llevando a la autodestrucción.
Ahora bien, somos optimistas. Este proceso de autodestrucción creciente puede ser reversible. Todo dependerá del desarrollo sostenible que seamos capaz de crear. La dimensión humana tiene que empezar por reconocerse a sí misma como un valor universal y no un objeto material.
Se trata entonces, de construir una ética que rebase el ethos que se materializa en la búsqueda esquizofrénica de poder y riquezas y que lleva al hombre a convertirse en la antípoda de la naturaleza y no en su conciencia superior.
Pero como si lo anterior fuera poco, no faltan algunos visionarios que vienen señalando, que llegará el momento en que la fecundación artificial y la concresión de la reproducción de los humanos por clonación, llevará a la desaparición de la relación sexual como medio para la reproducción de los mismos.Evidentemente, se trata de una perspectiva que redimensionará el concepto del amor como un valor ético trascendental para la convivencia planetaria.
No cabe duda que los científicos de las ciencias biológicas han venido colocándose a la vanguardia de los cambios que tienen que ver con la reproducción y la perpetuidad de la especie humana en el planeta Tierra. Sin embargo, por el lado de las ciencias sociales, las cosas no andan bien.
El protagonismo y la acción del hombre sobre la naturaleza, nos está conduciendo al desastre planetario, con consecuencias que amenazan la propia existencia de la vida en la tierra. Con justa razón, meses atrás, el Sr. Secretario General de las Naciones Unidas, el Dr. Kofi Annan, señalaba que gran parte de los fenómenos naturales que traen destrucción y muerte, no son tales, en tanto que tienen su origen en la acción del hombre.
Ciertamente está comprobado que el recalentamiento de grandes zonas planetarias tiene que ver con la destrucción de la capa de ozono. No faltan algunos, que sostienen que este fenómeno, que tiene su origen en el hombre, pudiera debilitar a la masa candescente solar, lo que pudiera traducirse en un enfriamiento total del planeta Tierra, lo que acabaría con la vida.
Lo que viene ocurriendo en el Artico (descongelamiento anual de masas de hielo del tamaño del territorio de un país como Bélgica), de alguna manera, en forma proporcional, a la larga pudiera influir en la potencia o capacidad de calentamiento solar. La crisis descrita se agudiza por la destrucción de zonas inmensas de plantas y árboles, generando amplias zonas desérticas y procesos crecientes de falta de agua.
Como se puede observar, los ejemplos sobran para afirmar que mientras la ciencia trata de perpetuar la especie humana y otras, la acción del hombre en otros campos de sus actividades nos está llevando a la autodestrucción.
Ahora bien, somos optimistas. Este proceso de autodestrucción creciente puede ser reversible. Todo dependerá del desarrollo sostenible que seamos capaz de crear. La dimensión humana tiene que empezar por reconocerse a sí misma como un valor universal y no un objeto material.
Se trata entonces, de construir una ética que rebase el ethos que se materializa en la búsqueda esquizofrénica de poder y riquezas y que lleva al hombre a convertirse en la antípoda de la naturaleza y no en su conciencia superior.