Dialéctica y democracia
La principal conquista de los panameños en los últimos 18 años ha sido la democracia que vivimos; el derecho a ser contestarios y, aunque a pocos les guste, ejercer el derecho a equivocarse. Obviamente, nadie está porque las equivocaciones pongan en juego el derecho de todos, pero ciertas manifestaciones públicas parecieran indicar que algunos sectores están acostumbrados a actuar sin que nadie se oponga a sus criterios. Si ello sucede, entonces viene la tónica política, y las “informaciones de inteligencia”.
Hay quienes en un escenario afirman que las protestas populares son resultantes de una madurez social; pero en otro, que son maniobras políticas dada la campaña electoral que se aproxima. ¿Cuál es la verdad? Podría estar sucediendo que algunos olviden que el disenso, no el consenso, es la característica principal de la democracia. El consenso puede ser al final, tras acuerdos e interés comunes y mayoritarios, pero son las contradicciones las que mueven a la sociedad. Una panorama así exige de cualquier asociado, fundamentalmente de aquellos que periódicamente les toca dirigir la nave del Estado, una alta dosis de paciencia y una manera magistral para tratar, sin desacreditar, a sus críticos, aunque sean sus opositores.
Esas son las reglas. Y deben ser respetadas y administradas, fundamentalmente, por aquellos que tanto se expusieron para dirigir el Estado.