Diálogo
El señor presidente de la República ha invitado a un diálogo entre el gobierno y todos los sectores del país con miras a resolver el problema que se ha suscitado con motivo de la Ley No. 17 por la cual se regirá la Caja de Seguro Social. Creemos en ello y lo deseamos, pero precisamos tener seguridad de que será un encuentro para cruzar ideas tras las cuales resulte una verdadera conciliación entre pueblo y gobierno.
Lo que está ocurriendo desgraciadamente en el país, no es otra cosa que el sufrimiento de un gran daño producto del engaño. Es difícil ahora disipar dudas y restablecer confianza tras los ingentes esfuerzos que se hicieron para evitar que la ley quedara como está y tras la burla que se nos hizo a todos con un vulgar madrugonazo que debe quedarle de lección a los futuros gobiernos para que esta práctica, astuta y nefasta, no se repita.
Vayamos a dialogar, pero para resolver con acuerdos obligantes. Que no se trate esta vez de la pueril manifestación de un presidente de la Asamblea Nacional, que tras el burdo pase de la Ley, dijo que todos habían sido escuchados a través de más de 90 expositores. Fueron escuchados, pero despreciados.
Por otra parte, que los de todas las facciones entiendan bien que quien va a un diálogo, deja de manifiesto su intención de destruirlo, sino se guardan durante el mismo la mesura y la caballerosidad. Cuando se va a dialogar, es porque se quiere conciliar. No caben las indirectas, las ofensas, ni recriminaciones por cosas del pasado. Habrá que refutar sin gritar y disentir sin herir. Y que quede bien claro para los malintencionados que vayan al diálogo con el empeño de destruirlo, que su ruptura no la lograrán por su deserción.
Cuarto, todos debemos entender que no somos los dueño de la verdad absoluta, y que con la verdad de cada uno, podremos construir la gran verdad.
Quinto, el Gobierno debe actuar con toda la apertura y flexibilidad, ya que con su llamado al diálogo ha convertido este asunto de la CSS en un tema de Estado (lo que debía haber hecho desde el principio), con un término prudente de discusión (lo que le faltó al anterior gobierno en el diálogo de 2002), y presentar las modificaciones planteadas y aprobadas en este escenario. Todos los que participemos debemos actuar pensando en nuestro país y no en nuestra agenda personal o colectiva, con propuestas bien sustentadas y no demagógicas e irreales.
El país entero estará pendiente de esto y juzgara a los que actúen irresponsablemente, egoísta, politiquera y sobre todo, de intransigencia.
El primer día del diálogo convocado en el 2002, exprese que era la oportunidad que teníamos los panameños, de resolver la problemática de la CSS, con fórmulas panameñas entre panameños. Hoy es la última oportunidad que tenemos los panameños para hacerlo, seríamos irresponsables y tontos en desperdiciarla; llegó la hora de demostrar si queremos y respetamos nuestra Patria o somos una partida de irresponsables que no tenemos el mínimo amor por Panamá.
"Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar". Gandhi.
cdabadia@cwpanama.net
Lo que está ocurriendo desgraciadamente en el país, no es otra cosa que el sufrimiento de un gran daño producto del engaño. Es difícil ahora disipar dudas y restablecer confianza tras los ingentes esfuerzos que se hicieron para evitar que la ley quedara como está y tras la burla que se nos hizo a todos con un vulgar madrugonazo que debe quedarle de lección a los futuros gobiernos para que esta práctica, astuta y nefasta, no se repita.
Vayamos a dialogar, pero para resolver con acuerdos obligantes. Que no se trate esta vez de la pueril manifestación de un presidente de la Asamblea Nacional, que tras el burdo pase de la Ley, dijo que todos habían sido escuchados a través de más de 90 expositores. Fueron escuchados, pero despreciados.
Por otra parte, que los de todas las facciones entiendan bien que quien va a un diálogo, deja de manifiesto su intención de destruirlo, sino se guardan durante el mismo la mesura y la caballerosidad. Cuando se va a dialogar, es porque se quiere conciliar. No caben las indirectas, las ofensas, ni recriminaciones por cosas del pasado. Habrá que refutar sin gritar y disentir sin herir. Y que quede bien claro para los malintencionados que vayan al diálogo con el empeño de destruirlo, que su ruptura no la lograrán por su deserción.
Cuarto, todos debemos entender que no somos los dueño de la verdad absoluta, y que con la verdad de cada uno, podremos construir la gran verdad.
Quinto, el Gobierno debe actuar con toda la apertura y flexibilidad, ya que con su llamado al diálogo ha convertido este asunto de la CSS en un tema de Estado (lo que debía haber hecho desde el principio), con un término prudente de discusión (lo que le faltó al anterior gobierno en el diálogo de 2002), y presentar las modificaciones planteadas y aprobadas en este escenario. Todos los que participemos debemos actuar pensando en nuestro país y no en nuestra agenda personal o colectiva, con propuestas bien sustentadas y no demagógicas e irreales.
El país entero estará pendiente de esto y juzgara a los que actúen irresponsablemente, egoísta, politiquera y sobre todo, de intransigencia.
El primer día del diálogo convocado en el 2002, exprese que era la oportunidad que teníamos los panameños, de resolver la problemática de la CSS, con fórmulas panameñas entre panameños. Hoy es la última oportunidad que tenemos los panameños para hacerlo, seríamos irresponsables y tontos en desperdiciarla; llegó la hora de demostrar si queremos y respetamos nuestra Patria o somos una partida de irresponsables que no tenemos el mínimo amor por Panamá.
"Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar". Gandhi.
cdabadia@cwpanama.net