Diálogo, monólogo, o bufido
No quisiera contar historias porque dicen que es propio de viejos; pero no importa lo que digan, se hace necesario recordar lo que muchos han olvidado y otros desconocen. La Caja de Seguro Social se creó con una autonomía que le dio oportunidad a los hombres que la dirigieron de engrandecerla y entregarla en el estado en que se encontraba en 1968. Hay que recordar que la Caja es una entidad privada, no una entidad gubernamental porque se sostiene económicamente sobre la base de las cuotas que aportan los patronos y los trabajadores. Por lo tanto, ellos son los verdaderos dueños de la institución a la que quisieron darle otro rostro y le hicieron una cirugía plástica que la deformó completamente.
El primer factor que deterioró la Caja fue quitarle su autonomía y hacer que dependiera del gobierno central para muchas cosas, utilizando sus fondos equivocadamente como si fuera una caja menuda, hasta acabarla. Luego vinieron las jubilaciones anticipadas que descapitalizó el renglón de Invalidez, Vejez y Muerte, a tal extremo que no ha levantado más cabeza y los jubilados vivimos pasando trabajo. Luego le quitaron responsabilidades al Ministerio de Salud y le recostaron al Seguro las obligaciones del mismo; inventaron la Integración, que no es mala si se equilibra, pero no haciendo que el Seguro cargara con todos los gastos. La burocratizaron y politizaron al extremo de no aguantar el presupuesto de gastos que tiene. Y, las entradas han disminuido hasta ser menores que los gastos que hace con sus beneficiarios que ocupan dos veces la cantidad de asegurados.
Cada vez que dicen que se sentarán a conversar sobre el Seguro, me alegro y me esperanzo nuevamente, porque pienso que, finalmente, lo salvaremos en serio. Por esto, cuando leí que la PNUD hacía un llamado a dialogar, cosa que debió nacer de los panameños, de las partes involucradas y no de afuera, me pareció que no importaba quién lo hacía con tal que se comenzara. Lo que pasa es que, desde hace muchos años, esas partes involucradas no han hecho más que pelearse entre sí porque fue lo que logró la mentada revolución. Ahora son como aceite y agua que es difícil juntar aunque tengan intereses comunes que defender. Lo que una parte diga será rechazado por la otra y viceversa.
Fíjense cómo comenzó el llamado diálogo, como si fuera un monólogo y terminará como un bufido que es en lo que están ahora: en gritos y contradicciones. Tal vez los empresarios no tenían razón para retirarse antes de comenzar; pero, si los trabajadores no deponen un poco su arrogancia de que sólo debe hacerse lo que ellos proponen, sin escuchar y con predisposiciones, dudo que la PNUD ni toda la ONU, logre un arreglo entre las partes. Y lo peor es que nos impondrán las conclusiones de la OIT sin que seamos nosotros quienes le demos el matiz panameño a los lineamientos que los de afuera consideran que pueden arreglar la institución.
¿Será posible que la gente que produce en este país no pueda llegar a un acuerdo una sola vez? ¿Es que, acaso, la influencia de otro dirigente pueda más que los intereses del Seguro? ¿Es que no podemos olvidar la división de clases que crearon después del 68, para sentir que somos iguales ante Dios y la ley? Nada lograremos sino el deterioro del Seguro. Nada conseguiremos con esta pugna sino tenerlo con las imposiciones extranjeras. Pareciera que no aprendemos lecciones; pareciera que las experiencias no nos sirven de nada y, cuando hayamos perdido las oportunidades, lloraremos lágrimas de sangre porque el Seguro será una sucursal de la OIT, del BID y de todas las siglas posibles, menos de los panameños.
Si de algo sirve este llamado, ojalá puedan entenderse las partes como es debido, que conversen seriamente y que termine de una vez por todas la división que creó la bendita revolución y que tanto daño ha hecho a nuestra sociedad, por el bien del Seguro.
El primer factor que deterioró la Caja fue quitarle su autonomía y hacer que dependiera del gobierno central para muchas cosas, utilizando sus fondos equivocadamente como si fuera una caja menuda, hasta acabarla. Luego vinieron las jubilaciones anticipadas que descapitalizó el renglón de Invalidez, Vejez y Muerte, a tal extremo que no ha levantado más cabeza y los jubilados vivimos pasando trabajo. Luego le quitaron responsabilidades al Ministerio de Salud y le recostaron al Seguro las obligaciones del mismo; inventaron la Integración, que no es mala si se equilibra, pero no haciendo que el Seguro cargara con todos los gastos. La burocratizaron y politizaron al extremo de no aguantar el presupuesto de gastos que tiene. Y, las entradas han disminuido hasta ser menores que los gastos que hace con sus beneficiarios que ocupan dos veces la cantidad de asegurados.
Cada vez que dicen que se sentarán a conversar sobre el Seguro, me alegro y me esperanzo nuevamente, porque pienso que, finalmente, lo salvaremos en serio. Por esto, cuando leí que la PNUD hacía un llamado a dialogar, cosa que debió nacer de los panameños, de las partes involucradas y no de afuera, me pareció que no importaba quién lo hacía con tal que se comenzara. Lo que pasa es que, desde hace muchos años, esas partes involucradas no han hecho más que pelearse entre sí porque fue lo que logró la mentada revolución. Ahora son como aceite y agua que es difícil juntar aunque tengan intereses comunes que defender. Lo que una parte diga será rechazado por la otra y viceversa.
Fíjense cómo comenzó el llamado diálogo, como si fuera un monólogo y terminará como un bufido que es en lo que están ahora: en gritos y contradicciones. Tal vez los empresarios no tenían razón para retirarse antes de comenzar; pero, si los trabajadores no deponen un poco su arrogancia de que sólo debe hacerse lo que ellos proponen, sin escuchar y con predisposiciones, dudo que la PNUD ni toda la ONU, logre un arreglo entre las partes. Y lo peor es que nos impondrán las conclusiones de la OIT sin que seamos nosotros quienes le demos el matiz panameño a los lineamientos que los de afuera consideran que pueden arreglar la institución.
¿Será posible que la gente que produce en este país no pueda llegar a un acuerdo una sola vez? ¿Es que, acaso, la influencia de otro dirigente pueda más que los intereses del Seguro? ¿Es que no podemos olvidar la división de clases que crearon después del 68, para sentir que somos iguales ante Dios y la ley? Nada lograremos sino el deterioro del Seguro. Nada conseguiremos con esta pugna sino tenerlo con las imposiciones extranjeras. Pareciera que no aprendemos lecciones; pareciera que las experiencias no nos sirven de nada y, cuando hayamos perdido las oportunidades, lloraremos lágrimas de sangre porque el Seguro será una sucursal de la OIT, del BID y de todas las siglas posibles, menos de los panameños.
Si de algo sirve este llamado, ojalá puedan entenderse las partes como es debido, que conversen seriamente y que termine de una vez por todas la división que creó la bendita revolución y que tanto daño ha hecho a nuestra sociedad, por el bien del Seguro.