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¿Diálogo o confrontación?


La situación económica del país es difícil. Desde el año 1997, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) ha ido descendiendo paulatinamente, mientras aumenta el peso de la deuda pública sobre el Presupuesto General del Estado. Al mismo tiempo, se siente en el comercio los efectos de las mayores restricciones en el crédito al consumo y la consiguiente falta de circulante de efectivo en la calle.
En el ámbito internacional, la situación luce igualmente preocupante. La economía norteamericana, de la cual mucho depende la nuestra, luce cercana a una recesión. Ni hablar de la debacle argentina y sus efectos negativos en América del Sur, principal mercado de la Zona Libre de Colón. Y todo esto, antes de los ataques terroristas a New York y Washington, que han estremecido al mundo y causado un "shock" a los mercados financieros.
El año 2002 puede ser un año más complicado para nuestras finanzas públicas que el actual. Por un lado, el servicio de la deuda se incrementa en varios cientos de millones de dólares; mientras que, por otro lado, seguramente las recaudaciones tributarias bajarán significativamente. Como si lo anterior no bastase, las medidas del Tesoro de los Estados Unidos y la realidad de los mercados financieros internacionales, conlleva a una reducción significativa de los rendimientos del Fondo Fiduciario para el Desarrollo, lo que, bajo el esquema de la ley vigente, implica una mayor descapitalización del mismo.
Bajo este panorama poco tranquilizador, parece poco menos que suicida de parte de la clase política nacional que sigamos enfrascados en un debate continuo, con un tono de confrontación, como si las próximas elecciones estuvieran a la vuelta de la esquina. El sentido común indica que debemos ir más allá de los esporádicos llamados al consenso y pasar a los hechos de un diálogo constructivo, no sólo con la participación de los partidos políticos, sino de las principales fuerzas productivas del país. En tal sentido, el ejemplo de lo que sucede en Estados Unidos, en circunstancias sin duda más dramáticas que la nuestra, debe servirnos de inspiración y guía. ¿O es que tenemos que esperar que la tragedia nos golpee o que nos veamos obligados a tomar medidas drásticas como las tomadas en Argentina, para entonces comprender la necesidad de acordar conjuntamente una agenda básica en materia de desarrollo económico sostenible?
Para que haya reales posibilidades de diálogo, debemos enterrar las hachas de la guerra. No podemos continuar en el intercambio cotidiano de denuncias temerarias e improperios. Si se descubre la comisión de un acto ilícito, que se denuncie ante las autoridades competentes y que éstas investiguen. Pero no reduzcamos el discurso político a la confrontación permanente, a un continuo "dime que te diré", menos en momentos en que la realidad política y la crisis económica nos obligan al diálogo, como única manera de echar adelante a nuestro país y darle así respuesta a esas miles de personas que hoy no tienen un empleo digno y a esas otras miles de personas, que teniendo un empleo, ven desmejorarse su situación con el transcurrir de los días.
Pese a todo, hay razones para estar optimista. Dentro del contexto de la crisis regional, la economía panameña no está tan mal parada. Tenemos la oportunidad de obtener mejores rendimientos del Fondo Fiduciario y de explorar áreas de actividad económica con un gran potencial, como lo es el turismo, los denominados "call centers" y la actividad portuaria. Para lograrlo, se requiere, en algunas instancias, de cambios a nivel legislativo y por ende, de un consenso con la oposición.
En lo que nos corresponde más directamente como legisladores de Gobierno, nuestra bancada tiene una agenda legislativa que da especial énfasis a la reactivación de nuestra economía. Hemos manifestado reiteradamente, tanto en público como en privado, que estamos dispuestos al diálogo con los partidos de oposición, buscando puntos de coincidencia en cuanto a prioridades legislativas. Pero para que el diálogo se concrete, debemos entender, tanto los políticos de gobierno como los de oposición, que dialogando no pierde el uno o el otro, sino que ganamos todos y sobre todo, gana el país.

101 años de Panamá América

 
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