Diálogo por la educación
El gobierno pasado hizo un esfuerzo para adoptar ciertas reformas dirigidas a modernizar el sector. Logró la primera reforma en 15 años a la ley orgánica educativa y comenzó la ejecución de varios programas, incluyendo uno con el BID para mejorar la educación en las escuelas más marginadas. El gobierno de turno, además de abandonar ciertas medidas adoptadas por el anterior, ha optado por someter el tema educativo a otro diálogo (recordemos que en 1997 el gobierno anterior hizo lo mismo, sin lograr consensos amplios), esta vez bajo el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
En realidad se trata de un diálogo de varias mesas, cada una de las cuales discute un tema relacionado con la educación. Aproximadamente 130 personas están directamente involucradas en el esfuerzo mayúsculo de coordinación y concertación. Hay que reconocer que está lleno de buenas intenciones de todos, pero también existen intereses creados celosos de perder lo suyo.
Uno de los grandes temas es, por supuesto, la descentralización. Experiencias como la de Estados Unidos y más recientemente Chile demuestran que la centralización de la educación genera ineficiencias, arbitrariedades y politización, todo lo cual perjudica al sector. Eso lo han reconocido todos los grupos representados. Por ello, parece existir consenso en el Diálogo de que hay que darle mayor injerencia a las comunidades sobre la educación de sus niños y jóvenes.
Otro gran tema es la modernización del curriculum, para lo cual se requiere no sólo identificar las materias clave sino también los temarios y materiales para poder enseñarlas. Hablar de modernización de la educación es fácil, lo difícil es adoptar las medidas que efectivamente la produzcan. Por ejemplo, este diario ha insistido en la importancia en la lectura y la composición como materias sine qua non para lograr el alfabetismo funcional e informático que requiere la era en que vivimos.
En relación con la excelencia de la calidad, los educadores exigen mayores incentivos para convertirse en agentes de cambio. En principio, no debe haber reparos en introducirlos, siempre que no sean automáticos ni arbitrarios, ya que se producirá el efecto contrario al deseado. Amén de que la experiencia en el exterior es que esos mejores beneficios económicos se producirán automáticamente bajo el régimen de descentralización, toda vez que habrá competencia entre las diferentes comunidades para captar a los mejores educadores.
A diferencia de otros lanzados por el gobierno, pareciera que el diálogo sobre la educación podría producir propuestas consensuadas. Se trata de un tema harto complejo, por lo cual la demora es justificada. Sin embargo, cada día que pasa sin que se adopten medidas dirigidas a mejorar la educación perjudica el futuro del país. Por ello, las propuestas ya consensuadas deben presentarse cuanto antes al Gobierno para su adopción.
En realidad se trata de un diálogo de varias mesas, cada una de las cuales discute un tema relacionado con la educación. Aproximadamente 130 personas están directamente involucradas en el esfuerzo mayúsculo de coordinación y concertación. Hay que reconocer que está lleno de buenas intenciones de todos, pero también existen intereses creados celosos de perder lo suyo.
Uno de los grandes temas es, por supuesto, la descentralización. Experiencias como la de Estados Unidos y más recientemente Chile demuestran que la centralización de la educación genera ineficiencias, arbitrariedades y politización, todo lo cual perjudica al sector. Eso lo han reconocido todos los grupos representados. Por ello, parece existir consenso en el Diálogo de que hay que darle mayor injerencia a las comunidades sobre la educación de sus niños y jóvenes.
Otro gran tema es la modernización del curriculum, para lo cual se requiere no sólo identificar las materias clave sino también los temarios y materiales para poder enseñarlas. Hablar de modernización de la educación es fácil, lo difícil es adoptar las medidas que efectivamente la produzcan. Por ejemplo, este diario ha insistido en la importancia en la lectura y la composición como materias sine qua non para lograr el alfabetismo funcional e informático que requiere la era en que vivimos.
En relación con la excelencia de la calidad, los educadores exigen mayores incentivos para convertirse en agentes de cambio. En principio, no debe haber reparos en introducirlos, siempre que no sean automáticos ni arbitrarios, ya que se producirá el efecto contrario al deseado. Amén de que la experiencia en el exterior es que esos mejores beneficios económicos se producirán automáticamente bajo el régimen de descentralización, toda vez que habrá competencia entre las diferentes comunidades para captar a los mejores educadores.
A diferencia de otros lanzados por el gobierno, pareciera que el diálogo sobre la educación podría producir propuestas consensuadas. Se trata de un tema harto complejo, por lo cual la demora es justificada. Sin embargo, cada día que pasa sin que se adopten medidas dirigidas a mejorar la educación perjudica el futuro del país. Por ello, las propuestas ya consensuadas deben presentarse cuanto antes al Gobierno para su adopción.