Diálogo y no confrontación en el Canal
Recogiendo el consenso de la ciudadanía y de los medios de comunicación, las autoridades del canal y los dirigentes de los pilotos han restablecido el diálogo como una alternativa nacional y patriótica de armonizar criterios laborales y técnicos. Se restablecen así los canales de comunicación que se estancaron y regresaron a fojas cero después de la frustrada participación conciliadora de un mediador que logró avances importantes antes que se entrampara la negociación. El paso siguiente era la intervención de un árbitro cuyo fallo final, fuere cual fuere, prevalecería, dejando insatisfecha a una de las partes. En ese proceso, la reanudación del diálogo directo surge como una alternativa posible antes de llegar al arbitraje.
Como sostuvimos días atrás, Panamá y el mundo observan atentamente el manejo del canal en esta etapa crucial en que se pondría a prueba nuestra capacidad para administrar en forma autónoma y eficiente la vía interoceánica. Existen intereses mezquinos en tratar de demostrar que somos inmaduros e incompetentes en la responsabilidad administrativa. Un politólogo norteamericano, Mark Falcoff, ha escrito un libro sobre el canal en el que llega a afirmar que su manejo puntual es una tarea muy grande para un país tan pequeño.
Frente a los resquemores y suspicacias, no cabe otra alternativa que demostrar con hechos que no solamente tenemos la experiencia técnica sino, sobre todo, la madurez humana para manejar el canal. Las discordancias laborales entre la autoridad y los pilotos es una ocasión excelente para probar nuestra seriedad y coherencia a la comunidad internacional.
En esa perspectiva no puede dejar de alarmar los reclamos de los trabajadores panameños por un monto de nada menos que siete mil millones de dólares por conceptos de pagos no realizados de décimotercer mes, indemnizaciones, etc.
Un monto espectacular de reclamaciones económicas como éste debiera ventilarse con fundamentos legales por tribunales competentes. Pero, recurrir a manifestaciones y piqueteos ante la embajada de Estados Unidos le otorga al reclamo un tinte populista que más perjudica que beneficia a los trabajadores y, sobre todo, a la imagen internacional de Panamá.
Existe en ello un componente extraño en este repentino estilo político de demandas laborales que no se hicieron durante la administración norteamericana y ahora llegan justo cuando asume responsabilidad plena la administración panameña. La politización del canal perjudica a todos los panameños. Por tanto, nadie debe poner la satisfacción de sus intereses personales por encima de los intereses de la nación.
Como sostuvimos días atrás, Panamá y el mundo observan atentamente el manejo del canal en esta etapa crucial en que se pondría a prueba nuestra capacidad para administrar en forma autónoma y eficiente la vía interoceánica. Existen intereses mezquinos en tratar de demostrar que somos inmaduros e incompetentes en la responsabilidad administrativa. Un politólogo norteamericano, Mark Falcoff, ha escrito un libro sobre el canal en el que llega a afirmar que su manejo puntual es una tarea muy grande para un país tan pequeño.
Frente a los resquemores y suspicacias, no cabe otra alternativa que demostrar con hechos que no solamente tenemos la experiencia técnica sino, sobre todo, la madurez humana para manejar el canal. Las discordancias laborales entre la autoridad y los pilotos es una ocasión excelente para probar nuestra seriedad y coherencia a la comunidad internacional.
En esa perspectiva no puede dejar de alarmar los reclamos de los trabajadores panameños por un monto de nada menos que siete mil millones de dólares por conceptos de pagos no realizados de décimotercer mes, indemnizaciones, etc.
Un monto espectacular de reclamaciones económicas como éste debiera ventilarse con fundamentos legales por tribunales competentes. Pero, recurrir a manifestaciones y piqueteos ante la embajada de Estados Unidos le otorga al reclamo un tinte populista que más perjudica que beneficia a los trabajadores y, sobre todo, a la imagen internacional de Panamá.
Existe en ello un componente extraño en este repentino estilo político de demandas laborales que no se hicieron durante la administración norteamericana y ahora llegan justo cuando asume responsabilidad plena la administración panameña. La politización del canal perjudica a todos los panameños. Por tanto, nadie debe poner la satisfacción de sus intereses personales por encima de los intereses de la nación.