Dialoguemos por la educación
Tenemos la responsabilidad de entrar en una profunda reflexión sobre nuestros problemas nacionales y, por medio de ella, disponernos a dialogar y a concertar acciones que nos permitan alcanzar mejores opciones para educar a los hombres y mujeres del país y a la sociedad en general. No basta con elaborar y exponer discursos y mucho menos endilgarle responsabilidades a uno u otro sector por lo que no se ha hecho o se hizo, pero no convenía a determinado sector; el problema radica en que a la sociedad hay que ofrecerle una educación para el presente siglo y para lograrlo tenemos que plantearnos objetivos realista y metas factibles. Esto significa que, primero, debemos demostrar una real y verdadera voluntad de dialogo, en medio de él se tendrán que identificar todos los componentes del sistema educativo que se verán afectados, tendremos que elaborar un marco orientador de las acciones que se deben realizar para el mejoramiento de la educación y su contenido.
La educación cuenta con una característica, que la misma se ha constituido en su problema central y que a través de los años ha estado mostrando signos de debilidad, segmentación y por lo tanto, su mejoramiento y elevación son indispensables para que nos adecuemos a las necesidades de una mayor productividad, a las exigencias de un mercado de trabajo altamente competitivo, el fomento de la ciencia y al fortalecimiento de un proceso de democratización mediante el cual se amplíe el proceso de participación de todos los actores dentro del sistema y lograr un desarrollo económico, cultural y humano sostenible.
La concertación debe ofrecer nuevas lógicas de análisis, programación y desarrollo que, desde su perspectiva, se diseñe una propuesta educativa nacional, que debe tener como fundamento la Ley Orgánica de Educación, que contiene una propuesta de cambio y que, a nuestro juicio, debe ser debatida por todos los sectores. Se impone dimensionar el sentido y alcance de cada uno de los niveles educativos. Definido el rumbo de la educación, tendremos que encarar el desafío del diseño de una política curricular nacional orientada a fortalecer nuestra identidad cultural, los valores morales y cívicos, y el tronco de las diversificaciones en razón de las distintas situaciones y características de los sujetos educativos ubicados en sus contextos específicos.
En un artículo anterior le sugerimos a la señora ministra de Educación que convocara a todos los actores del proceso educativo a un foro nacional por el mejoramiento de la educación y que le diera prioridad de Estado, y ahora se lo reiteramos. Es importante destacar que se aprecia una preocupación en algunos sectores por los problemas educativos: El gobierno ha creado una comisión de alto nivel integrada por representantes suyos y la dirigencia magisterial, aún cuando la Ley Orgánica de Educación crea la Comisión Coordinadora de la Educación, en la que participan amplios sectores de la sociedad y reduce la discusión del problema educativo al gobierno y dirigentes magisteriales; los sectores empresariales han conformado la suya y la Comisión de Educación de la Asamblea Legislativa ha hecho otro tanto. Se hace necesario, por la salud y la vida del debate por la educación y por ende su transformación, que conjuguemos todos esos esfuerzos mediante una sola acción de diálogo. El actual escenario cultural, político, económico, social y educativo es propicio para desarrollar un proceso de construcción de alianzas que implique discusiones democráticas, apertura espiritual, tolerancia para escuchar y valorar otras visiones, actitud favorable para establecer un consenso como producto del intercambio de ideas, la toma de conciencia de nuestro papel en este escenario social y de nuestra responsabilidad de contribuir a superar las condiciones y prácticas trasnochadas, pero a veces actuantes en términos de fundamentalismos ideológicos, políticos y organizacionales.
El diálogo es la vía más caracterizada para crear y fortalecer la cultura democrática. Si en medio de éste hay que hacer denuncias, hay que presentarlas, pero no podemos quedarnos sólo en la denuncia; el diálogo debe estar orientado a construir las propuestas que emerjan del consenso y a trazar las líneas para la instrumentación de las decisiones consensuadas. Insisto que hay aquí un ambiente propicio para que las organizaciones magisteriales, gobierno, padres de familia, empresarios, sectores obreros, legisladores, estudiantes, sociedad civil y política podamos hacer docencia de cultura democrática, con sentido de unidad nacional y consecuentemente con disposición de construir consensos en torno a tareas históricas nacionales de fundamental importancia.
Una inevitable tarea histórica nacional es reconstruir el rumbo del desarrollo educativo nacional, en la perspectiva de la tarea más amplia que es la de construir una nueva sociedad nacional. Podemos concluir que no es menos cierto que en el escenario nacional existen múltiples elementos de encuentro, de convergencia y de articulación, que nos hacen pensar en la posibilidad de construir una genuina alianza de cooperación, iluminada por la opción de un desarrollo educativo transformador en beneficio de los sectores sociales, particularmente los que están en situación de pobreza. (romagrau19@hotmail.com)
La educación cuenta con una característica, que la misma se ha constituido en su problema central y que a través de los años ha estado mostrando signos de debilidad, segmentación y por lo tanto, su mejoramiento y elevación son indispensables para que nos adecuemos a las necesidades de una mayor productividad, a las exigencias de un mercado de trabajo altamente competitivo, el fomento de la ciencia y al fortalecimiento de un proceso de democratización mediante el cual se amplíe el proceso de participación de todos los actores dentro del sistema y lograr un desarrollo económico, cultural y humano sostenible.
La concertación debe ofrecer nuevas lógicas de análisis, programación y desarrollo que, desde su perspectiva, se diseñe una propuesta educativa nacional, que debe tener como fundamento la Ley Orgánica de Educación, que contiene una propuesta de cambio y que, a nuestro juicio, debe ser debatida por todos los sectores. Se impone dimensionar el sentido y alcance de cada uno de los niveles educativos. Definido el rumbo de la educación, tendremos que encarar el desafío del diseño de una política curricular nacional orientada a fortalecer nuestra identidad cultural, los valores morales y cívicos, y el tronco de las diversificaciones en razón de las distintas situaciones y características de los sujetos educativos ubicados en sus contextos específicos.
En un artículo anterior le sugerimos a la señora ministra de Educación que convocara a todos los actores del proceso educativo a un foro nacional por el mejoramiento de la educación y que le diera prioridad de Estado, y ahora se lo reiteramos. Es importante destacar que se aprecia una preocupación en algunos sectores por los problemas educativos: El gobierno ha creado una comisión de alto nivel integrada por representantes suyos y la dirigencia magisterial, aún cuando la Ley Orgánica de Educación crea la Comisión Coordinadora de la Educación, en la que participan amplios sectores de la sociedad y reduce la discusión del problema educativo al gobierno y dirigentes magisteriales; los sectores empresariales han conformado la suya y la Comisión de Educación de la Asamblea Legislativa ha hecho otro tanto. Se hace necesario, por la salud y la vida del debate por la educación y por ende su transformación, que conjuguemos todos esos esfuerzos mediante una sola acción de diálogo. El actual escenario cultural, político, económico, social y educativo es propicio para desarrollar un proceso de construcción de alianzas que implique discusiones democráticas, apertura espiritual, tolerancia para escuchar y valorar otras visiones, actitud favorable para establecer un consenso como producto del intercambio de ideas, la toma de conciencia de nuestro papel en este escenario social y de nuestra responsabilidad de contribuir a superar las condiciones y prácticas trasnochadas, pero a veces actuantes en términos de fundamentalismos ideológicos, políticos y organizacionales.
El diálogo es la vía más caracterizada para crear y fortalecer la cultura democrática. Si en medio de éste hay que hacer denuncias, hay que presentarlas, pero no podemos quedarnos sólo en la denuncia; el diálogo debe estar orientado a construir las propuestas que emerjan del consenso y a trazar las líneas para la instrumentación de las decisiones consensuadas. Insisto que hay aquí un ambiente propicio para que las organizaciones magisteriales, gobierno, padres de familia, empresarios, sectores obreros, legisladores, estudiantes, sociedad civil y política podamos hacer docencia de cultura democrática, con sentido de unidad nacional y consecuentemente con disposición de construir consensos en torno a tareas históricas nacionales de fundamental importancia.
Una inevitable tarea histórica nacional es reconstruir el rumbo del desarrollo educativo nacional, en la perspectiva de la tarea más amplia que es la de construir una nueva sociedad nacional. Podemos concluir que no es menos cierto que en el escenario nacional existen múltiples elementos de encuentro, de convergencia y de articulación, que nos hacen pensar en la posibilidad de construir una genuina alianza de cooperación, iluminada por la opción de un desarrollo educativo transformador en beneficio de los sectores sociales, particularmente los que están en situación de pobreza. (romagrau19@hotmail.com)