Días feriados no productivos
No podremos levantar la economía del país, si no trabajamos arduamente y con amor a lo que hacemos. "El trabajo dignifica" -dijo alguien. El vago respondió "Pero, por trabajar pagan, quiere decir que no es tan bueno". Así podríamos extendernos, pero lo cierto es que no es correcto aumentar la cantidad de días feriados en el año, que ya bastante hay. Cada vez que tenemos uno de ellos, las empresas pierden dinero, se descontinúa la labor, las máquinas deben pararse y otras más. Por esto se instituyeron los días puente que traía una serie de ventajas. Pero, enseguida salieron los eternos descontentos a oponerse.
¿Qué más da que conmemoremos el 9 de enero en un lunes? El mundo evoluciona y tenemos que seguirlo. La sensibilización pasó y ahora hay que ser más práctico.
Escuché en la radio hace dos días que un legislador, de cuyo nombre no quiero acordarme e ignoro a qué partido pertenezca, presentará un proyecto de ley para que sean feriados el 2 de noviembre, el 24 y 31 de diciembre y el Jueves Santo. Generalmente, muchas empresas y oficinas públicas cierran durante la tarde de esos días. Pero, que sea cada uno que lo haga de acuerdo a su movimiento y sus necesidades, y no quede por ley. Los panameños nos hemos acostumbrado a vivir del paternalismo y de beneficios aunque sean perjudiciales al país. Total, si me conviene a mí, qué importan los demás. Todos las prebendas extraordinarias que alcanzaron los trabajadores en otros tiempos, han perjudicado enormemente al país sin que podamos hacer mucho.
Cada vez que los empresarios o cualquier persona consciente protesta o se opone a una de estas medidas, los trabajadores se tiran a la calle. No podemos continuar así. Todos los días hay una prebenda diferente y ese paternalismo es perjudicial. También escuché a un legislador "darle una buena noticia a los trabajadores". Presentará una ley para que a los que sean padres entren dentro del fuero laboral durante el primer año. No se dan cuenta que con estas leyes lo que hacen es disminuir el incentivo de trabajar y de producir. El trabajo de una persona se mide por sus rendimiento y productividad, y no por las canonjías de que goza. El trabajo se mide por el cumplimiento, la disciplina, el amor al mismo y al ambiente en que labora, el respeto a los demás y a sus jefes.
Leía un documento que informa sobre la baja productividad de los trabajadores panameños y el salario que devengan. Dice la OIT que las horas trabajadas por éstos es de las más bajas de la región y los salarios están en segundo lugar, después de Chile. Sabemos también que la preparación de nuestra gente no es de lo mejor, por lo que entra menos en el terreno competitivo con baja productividad Si tenemos que elevar el nivel de preparación, enseñar inglés, que es el idioma universal, incentivar a que produzcan en un índice superior al que hacen; si dejamos de estar obreros contra empresarios sin superar la división de clases; si somos más conscientes de la necesidad de más tiempo para trabajar; si reconocemos que Panamá es un país con leyes laborales de avanzada que sobreprotegen a los trabajadores, y en algunas estoy de acuerdo, unamos esfuerzos para que aumente la productividad y los resultados de nuestro trabajo no sea mediocre. El conformismo con lo que tenemos sin deseos de superación y la mediocridad privan en nuestro país; mientras pensemos así y exista el paternalismo y la politiquería barata, herencia que debemos superar, no avanzaremos y continuaremos con la peor distribución de la riqueza, iremos acabando, poco a poco con la clase media y la pobreza nos comerá envolviéndonos en una vorágine que nos llevará al despeñadero.
Pensemos y ojalá los legisladores no presenten leyes por presentarlas, sino para beneficiar.
Le toca el turno a España, la de la Leyenda Negra y Bartolomé de las Casas, leyenda fomentada por Inglaterra, aceptada con gusto por sus parientes de Norteamérica y acatada por los seudo-intelectuales de Hispanoamérica con valientes y magníficas excepciones. Según esta especie de réprobas, los "conquistadores bárbaros se llevaron todo y no dejaron nada". España lucha durante 800 años contra la invasión de los árabes. Nadie pide ni da cuartel. Hay momentos de tregua, pero la lucha continuaba, el grupo de avanzada fueron los hombres del sur de España. Andalucía y Extremadura fueron la espina irritante en el talón de los musulmanes. Los nacidos en ese pedazo; en extremo duro, son hombres igualmente duros, templados en el trabajo y en las batallas, no temen a nada, ni hay obstáculos que los detengan.
Ganada la batalla de 800 años, con la caída de Granada en 1492, inmediatamente surge el descubrimiento de América y los otrora recios soldados se lanzan a la conquista y a la aventura. El temple adquirido en siglos de lucha, el fervor religioso, casi místico y la posibilidad de una vida mejor, los volcaron sobre el continente como hormigas y en el transcurso de medio siglo penetraron en un mundo para entonces desconocido; todo era diferente y distinto, árboles, ríos, cordilleras, desiertos, alimentos, animales y todo en una magnitud hasta entonces jamás vista. Ríos anchos como mares, desiertos infinitos, cuyos extremos se perdían en el horizonte; nada los detuvo; con rapidez audaz y asombrada imprudencia dieron a España un imperio casi dos veces mayor que toda Europa.
El genio del chileno Neruda lo sintetiza en unas cortas palabras: "Estos, los conquistadores, andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas"; "todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, etc". Según Neruda, lo único bueno que dejaron fue la Palabra; "las palabras que se quedaron aquí resplandecientes..." El idioma (hoy agónico). Y concluye, "se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Nos dejaron el idioma".
Fueron hombres de carne y hueso con todo lo bueno y lo malo inmanente al ser humano. Ni la Odisea, ni la Ilíada tienen héroes como éstos. Son hombres, seres humanos. No son hijos de Marte ni de Neptuno, ni como Aquiles, descendiente de Nereo, dios marino. O como Sigfrido casi inmortal por bañarse con la sangre de un dragón, salvo que una hoja le cayó en la espalda, y dejó un punto débil, un punto humano, o como Ulises descendiente del dios Mercurio con su talón débil de ser humano.
Para el año de 1510, 18 años después del descubrimiento, ya el nuevo continente bullía, hormigueaba de hombres, caminaban a "zancadas" en todas direcciones, sin saber a dónde iban, pero llegaban, fundaban poblaciones, y continuaban adelante sin que nada los detuviera y dejaron todo un continente abierto a la esperanza, que, desgraciadamente, palidecería con el tiempo.
Casi doscientos años más tarde, aparecen los anglosajones, el camino ya está allanado, desde la Florida en diagonal a Seatle en el noroeste del continente ya habían caminado los hombres de las grandes zancadas. Los ingleses se establecen y detrás de ellos, media Europa empieza a mudarse, se organizan, prosperan, la tierra les favorece, se parece mucho a la Europa que dejaron, solamente que no había fronteras; todo era inmenso, extenso, infinito. Los indios, los aborígenes, les impiden en cierta forma la marcha hacia el Oeste. Con características disciplina sajona, cálculo frío y organización, se disponen a eliminarlos y lo logran. "El único bueno, es el indio muerto" y pusieron manos a la obra. El exterminio fue metódico y eficiente, siempre lo fue en todo. Es por mucho tiempo, un grupo con un solo propósito y un destino manifiesto. En 200 años lograron lo que no se pudo en los 16 millones de años anteriores.
La leyenda negra, la que culpa los españoles de todos nuestros males y convierte a los conquistadores en los más crueles jamás vistos, le vino a esta pujante nación, muy a tiempo. El floreciente arte de la cinematografía les da la oportunidad de convertir en héroes a asesinos y villanos, y a justificar la metódica matanza de los indios.
La humanidad solamente ha conocido un conquistador y revolucionario que llevó a cabo el único cambio y la única conquista que logró alterar para siempre y para beneficio de la humanidad, el curso de la historia "por los siglos de los siglos" sin derramar una sola gota de sangre que no fuera su propia sangre, en el momento de su muerte. No dejó libro alguno alabándose; las alabanzas vinieron después y de quienes jamás lo conocieron. No tuvo generales de brillantes uniformes ni políticos de enardecedora elocuencia. Tuvo amigos pobres que evitarían que al morir él, terminaran su conquista y su revolución. Su conquista benefició a todo el género humano, inclusive a sus más encarnizados enemigos religiosos. Este conquistador excepcional y único se llamó: ¡Jesús de Nazaret!.
¿Qué más da que conmemoremos el 9 de enero en un lunes? El mundo evoluciona y tenemos que seguirlo. La sensibilización pasó y ahora hay que ser más práctico.
Escuché en la radio hace dos días que un legislador, de cuyo nombre no quiero acordarme e ignoro a qué partido pertenezca, presentará un proyecto de ley para que sean feriados el 2 de noviembre, el 24 y 31 de diciembre y el Jueves Santo. Generalmente, muchas empresas y oficinas públicas cierran durante la tarde de esos días. Pero, que sea cada uno que lo haga de acuerdo a su movimiento y sus necesidades, y no quede por ley. Los panameños nos hemos acostumbrado a vivir del paternalismo y de beneficios aunque sean perjudiciales al país. Total, si me conviene a mí, qué importan los demás. Todos las prebendas extraordinarias que alcanzaron los trabajadores en otros tiempos, han perjudicado enormemente al país sin que podamos hacer mucho.
Cada vez que los empresarios o cualquier persona consciente protesta o se opone a una de estas medidas, los trabajadores se tiran a la calle. No podemos continuar así. Todos los días hay una prebenda diferente y ese paternalismo es perjudicial. También escuché a un legislador "darle una buena noticia a los trabajadores". Presentará una ley para que a los que sean padres entren dentro del fuero laboral durante el primer año. No se dan cuenta que con estas leyes lo que hacen es disminuir el incentivo de trabajar y de producir. El trabajo de una persona se mide por sus rendimiento y productividad, y no por las canonjías de que goza. El trabajo se mide por el cumplimiento, la disciplina, el amor al mismo y al ambiente en que labora, el respeto a los demás y a sus jefes.
Leía un documento que informa sobre la baja productividad de los trabajadores panameños y el salario que devengan. Dice la OIT que las horas trabajadas por éstos es de las más bajas de la región y los salarios están en segundo lugar, después de Chile. Sabemos también que la preparación de nuestra gente no es de lo mejor, por lo que entra menos en el terreno competitivo con baja productividad Si tenemos que elevar el nivel de preparación, enseñar inglés, que es el idioma universal, incentivar a que produzcan en un índice superior al que hacen; si dejamos de estar obreros contra empresarios sin superar la división de clases; si somos más conscientes de la necesidad de más tiempo para trabajar; si reconocemos que Panamá es un país con leyes laborales de avanzada que sobreprotegen a los trabajadores, y en algunas estoy de acuerdo, unamos esfuerzos para que aumente la productividad y los resultados de nuestro trabajo no sea mediocre. El conformismo con lo que tenemos sin deseos de superación y la mediocridad privan en nuestro país; mientras pensemos así y exista el paternalismo y la politiquería barata, herencia que debemos superar, no avanzaremos y continuaremos con la peor distribución de la riqueza, iremos acabando, poco a poco con la clase media y la pobreza nos comerá envolviéndonos en una vorágine que nos llevará al despeñadero.
Pensemos y ojalá los legisladores no presenten leyes por presentarlas, sino para beneficiar.
Le toca el turno a España, la de la Leyenda Negra y Bartolomé de las Casas, leyenda fomentada por Inglaterra, aceptada con gusto por sus parientes de Norteamérica y acatada por los seudo-intelectuales de Hispanoamérica con valientes y magníficas excepciones. Según esta especie de réprobas, los "conquistadores bárbaros se llevaron todo y no dejaron nada". España lucha durante 800 años contra la invasión de los árabes. Nadie pide ni da cuartel. Hay momentos de tregua, pero la lucha continuaba, el grupo de avanzada fueron los hombres del sur de España. Andalucía y Extremadura fueron la espina irritante en el talón de los musulmanes. Los nacidos en ese pedazo; en extremo duro, son hombres igualmente duros, templados en el trabajo y en las batallas, no temen a nada, ni hay obstáculos que los detengan.
Ganada la batalla de 800 años, con la caída de Granada en 1492, inmediatamente surge el descubrimiento de América y los otrora recios soldados se lanzan a la conquista y a la aventura. El temple adquirido en siglos de lucha, el fervor religioso, casi místico y la posibilidad de una vida mejor, los volcaron sobre el continente como hormigas y en el transcurso de medio siglo penetraron en un mundo para entonces desconocido; todo era diferente y distinto, árboles, ríos, cordilleras, desiertos, alimentos, animales y todo en una magnitud hasta entonces jamás vista. Ríos anchos como mares, desiertos infinitos, cuyos extremos se perdían en el horizonte; nada los detuvo; con rapidez audaz y asombrada imprudencia dieron a España un imperio casi dos veces mayor que toda Europa.
El genio del chileno Neruda lo sintetiza en unas cortas palabras: "Estos, los conquistadores, andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas"; "todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, etc". Según Neruda, lo único bueno que dejaron fue la Palabra; "las palabras que se quedaron aquí resplandecientes..." El idioma (hoy agónico). Y concluye, "se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Nos dejaron el idioma".
Fueron hombres de carne y hueso con todo lo bueno y lo malo inmanente al ser humano. Ni la Odisea, ni la Ilíada tienen héroes como éstos. Son hombres, seres humanos. No son hijos de Marte ni de Neptuno, ni como Aquiles, descendiente de Nereo, dios marino. O como Sigfrido casi inmortal por bañarse con la sangre de un dragón, salvo que una hoja le cayó en la espalda, y dejó un punto débil, un punto humano, o como Ulises descendiente del dios Mercurio con su talón débil de ser humano.
Para el año de 1510, 18 años después del descubrimiento, ya el nuevo continente bullía, hormigueaba de hombres, caminaban a "zancadas" en todas direcciones, sin saber a dónde iban, pero llegaban, fundaban poblaciones, y continuaban adelante sin que nada los detuviera y dejaron todo un continente abierto a la esperanza, que, desgraciadamente, palidecería con el tiempo.
Casi doscientos años más tarde, aparecen los anglosajones, el camino ya está allanado, desde la Florida en diagonal a Seatle en el noroeste del continente ya habían caminado los hombres de las grandes zancadas. Los ingleses se establecen y detrás de ellos, media Europa empieza a mudarse, se organizan, prosperan, la tierra les favorece, se parece mucho a la Europa que dejaron, solamente que no había fronteras; todo era inmenso, extenso, infinito. Los indios, los aborígenes, les impiden en cierta forma la marcha hacia el Oeste. Con características disciplina sajona, cálculo frío y organización, se disponen a eliminarlos y lo logran. "El único bueno, es el indio muerto" y pusieron manos a la obra. El exterminio fue metódico y eficiente, siempre lo fue en todo. Es por mucho tiempo, un grupo con un solo propósito y un destino manifiesto. En 200 años lograron lo que no se pudo en los 16 millones de años anteriores.
La leyenda negra, la que culpa los españoles de todos nuestros males y convierte a los conquistadores en los más crueles jamás vistos, le vino a esta pujante nación, muy a tiempo. El floreciente arte de la cinematografía les da la oportunidad de convertir en héroes a asesinos y villanos, y a justificar la metódica matanza de los indios.
La humanidad solamente ha conocido un conquistador y revolucionario que llevó a cabo el único cambio y la única conquista que logró alterar para siempre y para beneficio de la humanidad, el curso de la historia "por los siglos de los siglos" sin derramar una sola gota de sangre que no fuera su propia sangre, en el momento de su muerte. No dejó libro alguno alabándose; las alabanzas vinieron después y de quienes jamás lo conocieron. No tuvo generales de brillantes uniformes ni políticos de enardecedora elocuencia. Tuvo amigos pobres que evitarían que al morir él, terminaran su conquista y su revolución. Su conquista benefició a todo el género humano, inclusive a sus más encarnizados enemigos religiosos. Este conquistador excepcional y único se llamó: ¡Jesús de Nazaret!.