default

Dibujos de una realidad urbana II


Continuación del artículo del jueves 30 de agosto: Nuestra intención no es establecer dogmas ni fijar soluciones a problemas urbanos en general, sino describir físicamente lo existente y el devenir de los que habitan y residen en los entornos nacionales. Nos referiremos a la expansión de lo que denominamos las metrópolis, siendo la del Atlántico, con su centro en Colón, una, y la Pacífica, con su corazón ubicado en la ciudad capital, otra, las cuales constituyen las más importantes de la República de Panamá.
Cierto o no, lo que sí es una realidad es que la calidad de vida en las urbes de nuestro país desmejoró en los últimos lustros. Es una especie de martirio conducir un automóvil particular o transportarse en lo que llaman colectivo público. Un automóvil compite contra el resto de los automóviles y pareciese que existe una erosión destructiva de ellos sobre nuestras ciudades. Las vías, generalmente se inundan cuando llueve, y sufrimos sus baches. Los desechos no se colectan con regularidad. El suministro de agua y electricidad no es eficiente ni tiene calidad. Se multiplican las fechorías cometidas por delincuentes y drogadictos. Y así podemos continuar señalando otras taras urbanas que hace cincuenta años atrás no existían o se percibían ocasionalmente.
Hasta la desaparición de los espacios abiertos es notoria, así como la carencia de avenidas, boulevares y alamedas arboradas, con sus aceras para caminar y pasear (allés).
Como en los suburbios, el consumo de gasolina es exorbitante. Sume esto a las expulsiones de gas de las chimeneas industriales y el resultado es smog nocivo. Todavía no se puede señalar, de manera concluyente, el origen de la fetidez que se percibe ocasionalmente en la ciudad de Panamá. En mucha parte, la situación descrita causó el éxodo hacia las áreas sub-urbanas.Irónico pensar que la ciudad de Panamá se le llamó la "Tacita de Oro" por su limpieza y el agrado de vivir en ella. No es que al panameño le cause disgusto las ciudades. Lo que le molesta son ciudades que fracasan como tales.
No estoy seguro que los arquitectos planificadores, y mucho menos si son extranjeros, conozcan o les interese saber la naturaleza del comportamiento de nuestros compatriotas en nuestras ciudades. Menos aún, sus aspiraciones y deseos en lo que se refiere a su habitat. En esta actitud de los profesionales de la Arquitectura participan los financistas y los promotores que los acompañan en las rehabilitaciones o regeneraciones urbanas.Comento dos casos que prueba lo anterior: lo ocurrido en el Barrio El horrillo, en 1990, y en "Hollywood" (Curundú), en 1999, ambos ubicados en la Ciudad de Panamá.
Se cometió un error tonto, que destruido el Barrio El Chorrillo, con motivo de la invasión a Panamá por los norteamericanos, (1989), copiamos, en su reconstrucción, la original barriada, con todas sus debilidades y macas. Solamente que en esta ocasión la construyeron de bloques en vez de madera y no consultaron las aspiraciones de los residentes. Se inició un círculo vicioso que termina como un sector urbano con tugurios, similares a los de antes.
Diferente resultó con el paraje llamado "Hollywood", bordeando el Río Curundú, el cual fue destruido parcialmente por un incendio, en octubre de 1999. En esta oportunidad, el Ministerio de vivienda les solicitó el parecer a los moradores afectados sobre sus deseos de permanecer en el lugar, reconstruido eso es, o trasladarse a otro sitio. Decidieron quedarse en los lares con que estaban familiarizados, mejorado.
No queremos implicar que somos contrarios a la planificación urbana o a sus teóricos. Ni que estamos en desacuerdo con las comunidades autárquicas. Nuestra posición es una de crítica a las interpretaciones ortodoxas de los planteamientos, con tintes paternalistas, para la solución de problemas urbanos que nuestras ciudades rechazan por extrañas.
Pongamos el caso de las reglas de zonificación de las cuáles no somos partidarios por numerosas razones que en otra ocasión explicaré. Digamos solamente que las ciudades son organismos vivientes y que como tales ellas se zonifican y rezonifican de manera natural. Ejemplo lo son la Avenida Central y la calle Luis Felipe Clement (Frangipani),
De manera acentuada las ordenanzas de zonificación son hostiles a los peatones porque separan a las áreas comerciales de las residenciales. Además, ubica a los almacenes y negocios detrás de inmensas playas de estacionamientos.
En otro aspecto, es justo mencionar que el éxodo de la población de la ciudad hacia su periferia tiene una contraparte. Hablamos del movimiento de la población rural hacia las ciudades en busca de un shangrila de oportunidades. Como esta emigración es de magnitud imprevisible, en un momento específico, sorprende a nuestras comunidades inadvertidas con una secuela de conflictos adicionales que se suman a los ya existentes problemas urbanos que hemos dibujado.
Con el arribo de estos nuevos vecinos, que no son diestros en ningún oficio, aumenta rápidamente la cantidad de habitantes en nuestras ciudades y resulta en una incidencia que hace que la operación de la infraestructura existente se cope más allá de su capacidad prevista, y, como consecuencia, crecen las situaciones anti-sanitarias de salud, de crimen, viviendas informales, invasiones de fincas (públicas y privadas) que se deben eliminar de inmediato y que no pueden esperar soluciones planificadas.
También es apropiado señalar que desde hace aproximadamente cincuenta años, nuestros Gobiernos nacionales desalientan las emigraciones internas con acciones como el establecimiento de universidades en lo que llamamos interior de la República y como la indulgencia arancelaria a las industrias ubicadas en esas regiones.
No ha sido nuestra intención aludir, como una letanía, a un rosario de observaciones sobre las atribulaciones que tienen nuestras ciudades, y que, después de todo, son ciertas. Solamente son reflexiones. Como mencionamos en los inicios, no indico soluciones ni dogmas a las aflicciones urbanas observadas, especialmente las de mi "ciudad de Panamá", a la que conozco desde hace más de cincuenta años. Subrayo que estas indisposiciones urbanas, relativamente nuevas, parecen incorregibles. Hay facetas excelentes en nuestras comunidades, especialmente sus gentes, es decir mis compatriotas.
Pensando que nuestras ciudades tienen problemas organizados, siempre vuelve a nuestra mente algo que escuchamos o leímos en alguna parte, y que nos impresionó como un comentario importante: "Las autoridades que otorgan crédito para nuestras ciudades (urbanismo y vivienda) tienen el poder de destruir o crear". En esta última idea descansa, como factor primordial, el futuro de nuestras ciudades y sus habitantes.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América