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Dibujos en la arena


En el playón que dejó la bajamar encontré a un grupo de niños y jóvenes de un cercano pueblo de pescadores, que dibujaban sobre la arena enormes figuras de peces y barcos, corazones, fechas y nombres. Al frente estaba el edificio cerrado de la escuela por motivo de las vacaciones. Uno de los jóvenes me contó cómo nunca en su escuela habían utilizado la playa como un gran cuaderno lleno de posibilidades pedagógicas, pues para él la educación era sinónimo de aburrimiento y monotonía, y a las aulas sólo les falta la jota para expresar lo que en verdad son: jaulas que hacen prisioneros a los estudiantes y profesores a través de una educación repetitiva, memorística y desprovista de participación. Es difícil encontrarse con algunas personas que niegue esta verdad irrefutable, la educación necesita una profunda renovación y reetructuración. El quid del asunto es cómo reformarla y cuáles son los objetivos fundamentales de esos necesarios cambios.
Al sistema educativo le urgen cambios profundos y faltan propuestas educativas renovadoras que fortalezcan la capacidad de la gente de intervenir en la gestión de su propio desarrollo. Debe desencadenarse un proceso de búsqueda de alternativas a la crisis de un sistema educativo, que no tiene capacidad para responder con la calidad y evolución necesaria a sus actuales y futuros educandos, y que tampoco posee capacidad inclusiva para lograr sumar a segmentos de la población que quedan al margen de la instrucción, en muchos casos, permanentemente. La propuesta debe basarse en un pensamiento innovador, entendiendo operativamente innovación, como las "conductas u objetos que son nuevos, porque son cualitativamente diferentes de formas existentes, han sido ideados deliberadamente para mejorar algún componente del sistema educativo formal o de prácticas educativas no formales que mejoran el nivel educativo de la población y llevan un tiempo de aplicación tal que permite medir su efectividad y juzgar su poder de estabilidad y permanencia relativa". (Restrepo, 1985,3).Esto lleva implícita la necesidad de una reconceptualización del modelo pedagógico desde una visión del cambio educativo, haciendo énfasis la metodología que aporta elementos tan vitales como la revalorización del saber del educando, y su relación con el contexto, lo que le otorgaría una potencialidad transformadora, puesto que es fundamental que el proceso educativo exprese nuestra cultura, capacidad de interculturalidad, idiosincrasia, historia, perspectivas e identidad.
La propuesta de educación integral implica la combinación de modalidades formales y no formales en ofertas educativas en una íntima relación con las realidades, aspiraciones y necesidades de los sectores sociales con los que se trabaja. Calidad y equidad se ligan como principios infaltables de un proceso que debe abarcar la integralidad de los ejes temáticos, la diversidad de género, cultura, edad, situación socioeconómica, capacidad física o mental; y la pluralidad de las formas educativas ligadas a la máxima calidad posible. Debe propiciar la creación de ambientes educativos en los espacios de la cotidianidad, estimulando la construcción y diálogo de saberes. Redefiniendo los procesos educativos en función de una visión diferente del conocimiento y de la participación de la gente en su extensión, producción, aplicación y apropiación.
Se trata de valorar los procesos de socialización dirigidos a acrecentar y consolidar las capacidades individuales, grupales y colectivas de los sectores (es especial marginales), a través de la recuperación y recreación de valores; la revalorización de la memoria histórica; y la producción, apropiación y aplicación de conocimientos que permitan la participación activa en las propuestas de desarrollo nacional en el ámbito local, regional y nacional. La educación debe ser parte activa de los procesos sociales que generen o reconstruyan intereses, aspiraciones, cultura e identidades que apunten al desarrollo humano. Debe aportar al crecimiento y consolidación tanto en la conciencia como en la práctica, de los valores de solidaridad, participación, laboriosidad, honestidad, creatividad, criticidad y el compromiso de la acción transformadora. Busca desarrollar la capacidad de articular propuestas metodológicas participativas tanto en el proceso de enseñanza-aprendizaje como en la planificación, evaluación, decisión y gestión, al igual que en la comprensión, búsqueda y solución de problemas, pues el quehacer educativo debe ser espacio del desenvolvimiento de esas capacidades, y estar vinculada tanto a la participación social como a las ciencias, artes y tecnología, desarrollando habilidades, destrezas, creatividad y capacidad de discernimiento.
La descentralización en un elemento fundamental de toda reforma auténtica no sólo de la educación sino del sistema económico, político y social de un país, y que la dificultad estriba en como se desarrolla esa idea y su necesaria aplicación en forma consultada, gradual y participativa. Además la descentralización verdadera no es desconcentración, sino el estímulo real a la autonomía a través no sólo de delegar competencias sino también de los recursos necesarios para que funcione adecuadamente en el marco de un planteamiento integral. Es importante desarrollar la producción y apropiación colectiva del conocimiento. Se trata de capacitar a la gente para construir conocimiento, y apropiarse críticamente del conocimiento universal acumulado, en lugar de sólo transmitirlo undireccionalmente. En este proceso el punto de partida y de llegada es la práctica, constituyendo lo acumulado el momento de profundización que permita a la práctica existente dar el salto de calidad hacia una práctica mejorada, en un proceso siempre ascendente. En este sentido la propuesta educativa debe estar atravesada por el énfasis participativo, la coherencia entre métodos y técnicas. No hay procesos de educación si no se propicia la relación estrecha entre la educación y la vida, visualizando a la gente no sólo como beneficiarias sino como actores principales del proceso.

101 años de Panamá América

 
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