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Dicen las encuestas


Circulan por allí ciertas encuestas que revelan nuestras actitudes y decisiones con respecto a las elecciones del próximo 2 de mayo. El asunto no es si creemos o no en ellas, sino en cómo las veamos. Yo me he puesto a examinarlas y lo que me dicen, en promedio, es muy curioso pues, según estas encuestas:
Los panameños matamos por el PRD. En cierta forma, el PRD nos vuela la cabeza. Y es un amor pasional, que va del odio al embobamiento en cuestión de pocos meses. Ayer nada más, en agosto, lo aplastamos en la derrota más humillante que se haya visto en este país. Pero hoy lo respaldamos en esa misma proporción. Yo no creo eso; es más: lo niego. Sin embargo, eso dicen las encuestas.
En 1994 el PRD nos metió un gol desde media cancha, cuando nos convenció de que, con su triunfo, el pueblo iría al poder. Luego vino el Toro, y no hizo más que instalarse en el Palacio de las Garzas para sentirse un rey, y desde ese día el único poder del que disfrutó el pueblo fue el poder sentirse más asfixiado que nunca. Pero ahora vienen los mismos estrategas de esa época y nos cuelan a Martín con el pregón de la Nueva Nación, y vuelven a convencernos. Bueno, yo no como de ese cuento; pero eso dicen las encuestas.
El Toro hizo lo que le vino en gana en este país; claro, tenía una Asamblea sumisa, una oposición en Bosnia y al otro poder del estado comiendo en su mano. De la noche a la mañana, los controladores aéreos quedamos despedidos, los maestros y profesores perdieron sus jubilaciones especiales, los obreros pagaron con sangre un nuevo Código Laboral, las empresas estatales fueron vendidas y los servicios se encarecieron inmediatamente, mientras que el desarrollo del país viene en carreta, por allá lejos. Y la conciencia del viceministro Martín jamás tembló cuando tuvo que asistir a cada una de las sesiones en las que se hundía más y más al pueblo. Pero esas son cosas del pasado, y a los panameños el pasado no nos interesa. En lo que a mí respecta, eso no es así. Pero eso dicen las encuestas.
En cinco años de torismo, los panameños nos hemos llenado de autopistas que no podemos pagar; nos han sido devueltas grandes extensiones de tierra en la antigua Zona del Canal, en las que ahora menos podremos entrar porque los letreros en inglés han cambiado por los letreros de "Propiedad Privada"; hemos perdido una gran cantidad de fuentes de empleo en el interior del país y en la capital; la producción nacional se ha venido a pique; y hasta nuestras fiestas más tradicionales han sido movidas en el calendario. Mientras tanto, cada fin de semana largo el Toro y su corte de íntimos se van de paseo por cualquiera de los cinco continentes, viajando como magnates. Y ahora, su candidato viene y nos promete más de lo mismo, y cinco de cada diez panameños lo apoyamos embelesados. ¿Usted puede creer eso? ¡Yo no! Pero eso dicen las encuestas.
¡Ah! ¡El colmo de los colmos! Resulta que la misma candidata que en 1994 no pudo ganar la Presidencia, porque representaba a un gobierno caracterizado por el ridículo y la incapacidad, viene y repite las mismas estrategias cinco años después. Se dedica a recorrer a paso veloz todo el país, a repetir el mismo discurso soso y vacío de aquella vez y a escapar aterrorizada de cualquier intentona de debate público. Al final, lo único que demostró fue la poca sustancia de su propuesta, y el poco aprecio que siente por el electorado, que reclama verla exponiendo su propuesta junto a los demás candidatos. Sin embargo, ante una candidata tan débil como su propio sistema óseo (recuerdo que uno de sus seguidores le fracturó una costilla, con sólo darle un abrazo), ante un plan de gobierno tan vacío, ante un equipo de trabajo que la propia candidata oculta de las miradas públicas por lo incómodas que resultan sus ejecutorias, ante la incapacidad en persona, los electores panameños reaccionamos brindándole un apoyo que crece masivamente día a día. ¡Qué va, eso no lo creo yo! Pero, eso es lo que dicen las encuestas.
Y, en cambio, viene Alberto Vallarino y expone el mejor plan de trabajo que ha conocido este país en la presente campaña, plantea soluciones a una gran cantidad de problemas enormes que otros gobiernos apenas han manoseado, se compromete con una serie de iniciativas que han de traducirse inmediatamente en bienestar para los más humildes, ofrece eliminar el impuesto sobre la renta a los que ganen menos de 700 balboas, anuncia que subirá el salario mínimo y garantiza que en sus cinco años de gobierno habrá en Panamá 250 mil nuevos empleos. A mí eso me interesa, pero no a la gran mayoría de panameños que parecen no tener el menor interés en iniciativas semejantes. ¿Usted no está de acuerdo con eso, verdad? Sin embargo, eso es lo que dicen las encuestas.
Al parecer, los panameños nos interesa más que Vallarino le llevó la contraria a una minúscula porción de mireyistas en las elecciones primarias de su partido. Así es, resulta que esas elecciones internas (y amañadas como las que más) tienen mayor significado que el interés de entrar al siglo veintiuno con un presidente capaz, que cuenta con la experiencia y con el mejor equipo de trabajo para ofrecer desarrollo y bienestar para todos. Yo sé que usted no piensa así, ni yo tampoco. Sin embargo, eso dicen las encuestas.
Y hablando de equipos de trabajo, imagínense que una candidata como Mayín Correa, con uno de los niveles de aceptación popular más grandes con el que puede contar un funcionario en toda Latinoamérica (para no quedarnos sólo en Panamá), la misma Mayín que encabeza todas las encuestas de popularidad que se hacen en este país, no logra subirle un punto de respaldo a Alberto Vallarino cuando se postula a una de sus vicepresidencias; peor aún ¡le resta puntos luego de unírsele! A mí eso me da risa y, al igual que usted, no creo en semejante patraña. Sin embargo, eso es lo que afirman las encuestas.
Y ahora que Alberto Vallarino recorre el país y es recibido por multitudes que lo vitorean y lo respaldan, que le piden que siga adelante por el bien del país, ahora que en Colón, en Chiriquí, en las provincias centrales, en Veraguas, en Bocas del Toro, en Coclé y en cuanta provincia, comarca, ciudad o pueblo pise dentro de este país lo reciben concurrencias no vistas por otros candidatos, ahora es que menos apoyo le ofrecemos los electores. Un poco más y el hombre queda en cero. Permítame reírme como nunca, porque somos centenares de miles los votantes que no creemos en esto. Pero vaya y vea una de estas encuestas: eso es lo que dicen.
Al final de cuentas, ¡qué importa lo que digan las encuestas! Lo que importa es lo que vamos a decir en las urnas usted, yo y todo el electorado panameño el 2 de mayo. Y en esa encuesta Alberto Vallarino será el número uno.

101 años de Panamá América

 
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