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Dichos y hechos


Existen en la zoología de nuestro variopinto y querido país algunos fundamentalistas de varia laya que en sus artículos de prensa, así como en sus intervenciones mediáticas, pretenden enseñar mercadotecnia para "dummies" con una metralleta en la mano, esta vez dirigida a ganaderos y agricultores, sentenciados como "gamonales y cantalantes" (sic) en un Panamá al que comparan despreciativamente con el Macondo de Gabriel García Márquez. Es un pésimo estilo pedagógico para educar al soberano y para exponer ideas con cierta credibilidad honorable.
- La pobreza es un monstruo de muchos tentáculos y el desempleo es la cabeza. Como ejemplo, se dice con fuerza de ley, que el crecimiento económico produce más empleos.
Según un reciente informe de la OIT, por cada punto porcentual de aumento del PBI, el empleo mundial sólo aumentó 0.30 % entre 1999 y 2003, pero sufrió una disminución con respecto al período de 1995 a 1999 que fue de 0.38%. En la región donde creció más el empleo fue en el África sub-sahariana (0.5 a 0.9 %), pero en el ámbito agrícola del empleo informal, por tal razón ese aumento no disminuyó la pobreza. Allí, en el último decenio, el número de trabajadores que viven con menos de un dólar diario aumentó en 28 millones. En América Latina entre 1999 y 2003 el número de trabajadores pobres que viven con menos de un dólar aumentó en 4.4 millones.
- La mitad de los trabajadores del mundo (1.4 mil millones) viven con menos de 2 dólares diarios y sin prestaciones sociales.
- En los últimos 10 años el desempleo oficial mundial aumentó más del 25% y afecta a 192 millones de personas (el 6% de la fuerza laboral)
- De estos desempleados casi la mitad (86 millones) son jóvenes entre 15 y 24 años.
- La migración laboral está en aumento. De los 175 millones de personas en el mundo que viven fuera de su país de origen, cerca de 86 millones son trabajadores inmigrantes económicamente activos. En Asia y Medio Oriente viven 25 millones. En Europa (incluida Rusia): 28.5 millones. En Norteamérica: 20.5 millones.
- Las mujeres representan el 49% de la masa emigrante laboral.
- Los 100 mil millones de dólares que los trabajadores emigrantes del mundo envían a su país natal cada año representa un monto superior a toda la ayuda internacional para el desarrollo. En términos económicos este monto está en segundo lugar después de las exportaciones petroleras.
- Para los países en desarrollo la fuga de cerebros representa una pérdida del 10 al 30 % de su mano de obra calificada y profesional.
- El 35% de los trabajadores emigrantes calificados han sido discriminados durante el proceso de selección.
- Los trabajadores indocumentados representan el 10 a 15 % de la migración laboral total.
Estos datos son globalizados, es decir, se refieren a los habitantes de todo el mundo donde, por ahora, estamos incluidos. Son cifras escuetas y frías, pero detrás de ellas se esconden las historias de millones de mujeres, hombres y niños que entre tanta riqueza e inmensidad despoblada no encuentran, en todo el planeta, un lugar donde vivir dignamente. Allí están impresas, en la desesperación de su rostro, toda la gama de sufrimientos, problemas e insatisfacciones, listas para producir en el mercado libre de la carne humana -donde la oferta y la demanda de trabajo digno son tan evidentes como las estadísticas citadas- una sociedad global cada vez más injusta y por ello más pobre, insegura, arbitraria y violenta. La Historia está llena de ejemplos y si alguna consecuencia puede extraerse de ella es su efecto sobre la memoria y el conocimiento, precisamente para recordarnos un pasado social iracundo. Retroceder a épocas medievales, donde algunos de los feudos de hoy son monopolios mostrencos encubiertos en tratados comerciales y privatizaciones espurias y el señor feudal -con derecho a pernada- un CEO sentado en Madrid o en Nueva York, pudiera tener las mismas consecuencias de entonces, con el agravante que no serán ya ni la hoz ni el martillo las armas que empuñen las multitudes irredentas, porque aunque el mundo gire al revés, con el libre acceso al conocimiento -como la cruda realidad lo demuestra- otras armas más peligrosas se hallan al alcance de todos. Los dogmas de cualquier origen y aún más los que se sostienen sobre las temblorosas y frágiles premisas de una ciencia como la economía, cuyos resultados son casi siempre contingentes (que pueden o no ocurrir), no debieran ser manejados o concebidos con criterios maniqueos de blanco o negro, a menos que un falso profeta tenga la triste misión de engañar. La economía, como su hermana la psicología, tienen en común que se nutren de los caprichos de la conducta humana. ¿Quién puede explicar a cabalidad los insondables misterios del instinto? ¿Quién puede poner el justo precio de lo que el hombre vale, merece o ambiciona?
drjcal@psi.net.pa

101 años de Panamá América

 
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