Dichos y hechos
Me cuentan que en estas reuniones de transición, algunos de los estrenados, cuando se les brinda una explicación de sus funciones, quedan con los ojos cuadrados. El asombro de los nuevos inquilinos responde a la falta de preparación académica que les impide comprender las interioridades de proyectos, manejo administrativo, presupuestos y de lo que implica semejante cargo.
Situación en extremo delicada si contemplamos el momento por el que atraviesa el país; una economía en desaceleración, una política económica desconocida hasta que transcurra la toma de posesión, e inquietud de algunos gremios por las designaciones relacionadas a sus carteras de trabajo, por mencionar algunos ejemplos.
Es curioso cómo el pueblo, que creyó en el discurso y promesa del presidente electo, empieza a evaluar la relación entre la arenga política y acciones o hechos que realiza Martinelli. En cierta forma aún es prematura una evaluación del poco o escaso desempeño del presidente electo; concuerdo con algunos expertos en que se debe dar la oportunidad para calificar el trabajo. Sin embargo, es necesario resaltar algunas situaciones que riñen con la transparencia y que son muy delicadas: llama la atención cómo un ministro podrá declararse impedido para participar en ciertos escenarios de considerable interés económico debido a su relación profesional y empresarial. Especialmente cuando el país se aboca al ensanche de la vía interoceánica, proyecto en el que se involucran grandes sumas de dinero.
De igual forma, se hace necesario puntualizar que el presidente electo debería aclarar su situación empresarial antes de ocupar la silla presidencial, pues el representar una de las cadenas más importantes en su ramo, en honor a la transparencia y con el fin de mantener un adecuado clima de negocios entre sus colegas, debiera explicar a la ciudadanía de qué forma manejará sus empresas y su investidura. Pues, para nadie es un secreto que las puertas y oportunidades que emanan del poder pueden ser infinitas, y la experiencia es que en muchos periodos gubernamentales los mandatarios se han ingeniado para enmascarar sus negocios a espaldas de los intereses del pueblo.
Por supuesto, lo anterior es con el ánimo de atraer la transparencia y el cambio, y de más está decirlo, en honor al interés colectivo sobre el interés particular.