Dictadura del transporte
El transporte es una necesidad primaria de la comunidad. Hay que buscarle una solución. Se trata de buscarla. Y se amenaza con paros. Que si en el interior, que si en un sector de la capital. Y la comunidad esperando y siendo llevada de aquí para allá.
Cuando un pequeño grupo abusa de la mayoría tenemos dictadura.
Gracias a Dios, parece que hay posibilidad de "humo blanco".
Una cosa es la mesa de diálogo y otra la mesa de discusión. A la primera van a participar para lograr un consenso sobre dos cosas, una la modernización del transporte a nivel nacional , y otra una reforma a la antigua ley del transporte que es la nueva ley.
Si no hay consenso en el diálogo, amenazan con un paro. Tal es la consigna de la Asamblea de las bases de los transportistas. Nada de entrar en el primer debate, ya que se trata del medio de propio sustento. Exigen transparencia en la discusión sobre la modernización quedando claro quiénes están interesados en los proyectos de los articulados que dicen que han sido un fracaso en algunos países del Sur o en el costos monorriel de las naciones del primer mundo.
Por otro lado , antes de llegar a la mesa del diálogo se pide tolerancia y, como quien dice, bajar la temperatura de las pasiones durante los intercambios verbales. Se ha exigido que participen en equidad tanto usuarios como transportistas. Por tanto serán 18, uno por cada provincia. Será la primera vez que los usuarios, es decir, los consumidores de este medio tan necesario participen y sobre todo hagan oír su voz. Hasta ahora hablar de transporte era sólo oír a los dueños y conductores y palancas de los vehículos rodantes. Tenía que suceder un 23 de octubre con sus 18 víctimas para que se los tuvieran en cuenta, ya que sin ellos los otros no existirían.
Hombres humildes con deseo de ganarse la vida honradamente entran al negocio del transporte con buenas intenciones de servir al prójimo y en ellos a la comunidad, y por supuesto, se dan cuenta de que vale la pena el esfuerzo, vale la pena el riesgo, vale la pena invertir tiempo, fuerzas, pequeños ahorros porque resulta rentable lo que en este sentido se haga. Quizás personas acaudaladas también pensaron en lo mismo, cuando la ciudad se circunscribía a un radio más pequeño, no existían pero habiendo crecido, sobre todo, hacia el Este de la capital donde vive la mayoría de la población, otra es la realidad y no dudan en invertir sus fortunas en prestarle servicio a la comunidad y no les importa los tropiezos normales que tengan que sufrir con tal de darle trabajo a otros panameños que quieren trabajar en el volante, ya que la inversión resulta rentable.
Pero no se sabe por qué, al cabo de una época aquellos humildes seres que se han dedicado a "servir" a la comunidad se vuelven temibles. Han adquirido o se han dado cuenta de que tienen su gran cuota de poder. Poder económico, político, verbal, masculino, se convirtieron en iconos del machismo. Y hoy no podemos negar que la comunidad a quien han tratado de servir ha descubierto que dentro de la vida civil de la sociedad se han convertido en un problema. Si se trata de resolver entonces nos vamos al paro, o nosotros o nadie. Se aproxima a una actitud de dictadura.
Todos, según percepción contagiosa, los usuarios de ambos transportes, colectivo y selectivo, haciendo honrosas y aisladas excepciones, guardan un rencor y deseos de alguna represalia oficial, contra los transportistas y reclaman que pronto se haga una nueva ley del transporte sobre todo luego del fatídico 23 de octubre del 2006.
Unánimemente la reproducción de las entrevistas periodísticas hechas a los usuarios y usuarias del transporte en sus expresiones no dudan de calificarlo de pésimo, de inadecuado, de abusivo e incluso rara vez se escuchaba, al menos antes del 23 de octubre a nadie protestar por cualquier anomalía que se sintiera que estaba ocurriendo dentro de los vehículos. Ahora ocurre lo opuesto, basta una ráfaga de olor a combustión para que la gente entre en pánico. Y es explicable.
Ojalá se obtenga el consenso deseado
Cuando un pequeño grupo abusa de la mayoría tenemos dictadura.
Gracias a Dios, parece que hay posibilidad de "humo blanco".
Una cosa es la mesa de diálogo y otra la mesa de discusión. A la primera van a participar para lograr un consenso sobre dos cosas, una la modernización del transporte a nivel nacional , y otra una reforma a la antigua ley del transporte que es la nueva ley.
Si no hay consenso en el diálogo, amenazan con un paro. Tal es la consigna de la Asamblea de las bases de los transportistas. Nada de entrar en el primer debate, ya que se trata del medio de propio sustento. Exigen transparencia en la discusión sobre la modernización quedando claro quiénes están interesados en los proyectos de los articulados que dicen que han sido un fracaso en algunos países del Sur o en el costos monorriel de las naciones del primer mundo.
Por otro lado , antes de llegar a la mesa del diálogo se pide tolerancia y, como quien dice, bajar la temperatura de las pasiones durante los intercambios verbales. Se ha exigido que participen en equidad tanto usuarios como transportistas. Por tanto serán 18, uno por cada provincia. Será la primera vez que los usuarios, es decir, los consumidores de este medio tan necesario participen y sobre todo hagan oír su voz. Hasta ahora hablar de transporte era sólo oír a los dueños y conductores y palancas de los vehículos rodantes. Tenía que suceder un 23 de octubre con sus 18 víctimas para que se los tuvieran en cuenta, ya que sin ellos los otros no existirían.
Hombres humildes con deseo de ganarse la vida honradamente entran al negocio del transporte con buenas intenciones de servir al prójimo y en ellos a la comunidad, y por supuesto, se dan cuenta de que vale la pena el esfuerzo, vale la pena el riesgo, vale la pena invertir tiempo, fuerzas, pequeños ahorros porque resulta rentable lo que en este sentido se haga. Quizás personas acaudaladas también pensaron en lo mismo, cuando la ciudad se circunscribía a un radio más pequeño, no existían pero habiendo crecido, sobre todo, hacia el Este de la capital donde vive la mayoría de la población, otra es la realidad y no dudan en invertir sus fortunas en prestarle servicio a la comunidad y no les importa los tropiezos normales que tengan que sufrir con tal de darle trabajo a otros panameños que quieren trabajar en el volante, ya que la inversión resulta rentable.
Pero no se sabe por qué, al cabo de una época aquellos humildes seres que se han dedicado a "servir" a la comunidad se vuelven temibles. Han adquirido o se han dado cuenta de que tienen su gran cuota de poder. Poder económico, político, verbal, masculino, se convirtieron en iconos del machismo. Y hoy no podemos negar que la comunidad a quien han tratado de servir ha descubierto que dentro de la vida civil de la sociedad se han convertido en un problema. Si se trata de resolver entonces nos vamos al paro, o nosotros o nadie. Se aproxima a una actitud de dictadura.
Todos, según percepción contagiosa, los usuarios de ambos transportes, colectivo y selectivo, haciendo honrosas y aisladas excepciones, guardan un rencor y deseos de alguna represalia oficial, contra los transportistas y reclaman que pronto se haga una nueva ley del transporte sobre todo luego del fatídico 23 de octubre del 2006.
Unánimemente la reproducción de las entrevistas periodísticas hechas a los usuarios y usuarias del transporte en sus expresiones no dudan de calificarlo de pésimo, de inadecuado, de abusivo e incluso rara vez se escuchaba, al menos antes del 23 de octubre a nadie protestar por cualquier anomalía que se sintiera que estaba ocurriendo dentro de los vehículos. Ahora ocurre lo opuesto, basta una ráfaga de olor a combustión para que la gente entre en pánico. Y es explicable.
Ojalá se obtenga el consenso deseado