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¡Dieciséis años después!... ¿otro Panamá? II


Como hemos convenido en tratar primero aspectos negativos que saltan claramente a la vista, luego de 16 años de ausencia forzada de la Patria, permítame el lector amigo que prosiga con las reflexiones de la primera entrega, publicada el 27 de junio. ¿Por qué ahora? Por el hecho simple de que cuando todavía luchan con las llamas de un incendio (posiblemente en una adusta casa de madera condenada o del Casco Viejo), se tropiezan con precaristas que exigen de inmediato, probablemente al MIVI del Gobierno Central, una "solución de vivienda" inmediata, para todos los afectados y en un área próxima.
Todos recordamos cuando, a partir de los "70, se paralizó la construcción de vivienda popular y, por mucho tiempo, solamente se construían edificaciones de lujo tipo Punta Paitilla. Seguros estamos que la intención del entonces llamado "Racimo de Leyes de Vivienda" no fue el descrito y que, no obstante y sin duda, ha contribuido gravemente al precarismo en numerosas comunidades aledañas a la capital y que ya amenaza, incluso, diversas áreas canaleras revertidas. ¿En qué medida esta situación contribuye a explicar que Panamá aparezca estadísticamente hoy como el país de peor distribución de la riqueza en todo el hemisferio?
No creo estar distorsionado en mi enfoque por el hecho de haber vivido muchos años dentro de la gran clase media inglesa y norteamericana, donde una legislación protectora ha permitido la mayor proporción universal de vivienda propia, apta para los rigores del invierno. Pero es que además he tenido la oportunidad de viajar por toda Iberoamérica y, comparando, pude sentir legítimo orgullo de nuestra superada y culta clase media, hoy reducida ante la polarización de Paitilla y el arrabal. Para aquéllos que puedan sentir dudas, les recuerdo que una mera visita a cualquier hospital del país, permitiría comprobar entre la concentración de profesionales de la medicina que allí labora, cuántos de ésos son hijos de educadores que se esforzaron consciente y grandemente por educar a sus hijos en nuestro propio país y en el exterior. Similar situación puede comprobarse en las otras profesiones.
En Inglaterra, por ejemplo, hasta personas de mayores recursos prefieren pasar como miembros de la clase media, para evitar altos y escalonados impuestos. De allí, como visten y hasta el carro que utilizan. Fenómeno contrario al nuestro, donde la clase media alta se esfuerza por pasar por más adinerada de lo que es y, lo para mí más triste, se esfuerza a conciencia por distanciarse del resto mayoritario de la ciudadanía.
Para no perder la debida perspectiva histórica, precisa no olvidar que a nuestro país lo benefició de forma muy particular, al momento de su separación en 1903, la lucha fratricida que en todo el territorio de Colombia había venido librando los liberales y los conservadores en el Siglo XIX, en cuanto que uno de los temas principales del conflicto era precisamente el de la educación pública para toda la población. Es sabido que al iniciar nuestra vida independiente, los liberales no solamente controlaron el poder en el Istmo, sino que produjeron una generación de prohombres que llevó a la desaparición de la rama conservadora en la arena política de la nueva República. El esfuerzo educativo especial y extraordinario de aquéllos días es fácil de comprobar por la traída de numerosos profesores del exterior, incluida Alemania y otras partes de Europa. ¡Algo totalmente inconcebible en otros países hermanos!
Tal vez lo más negativo, y esto parece un chiste o chiste cruel quizá, fue que al desaparecer el Partido Conservador, sus simpatizantes se hicieron parte de alguna rama del prolífico liberalismo nuestro, con lo cual nos vacunamos contra la violencia política, pero, al no desaparecer el sentimiento conservador ni mucho menos, los partidos tendieron a perder en principios lo que ganaron en camaradería y contactos sociales.
Otra situación, a la cual pareciéramos casi habernos acostumbrado poco a poco, la representa nuestro bendito tránsito de la ciudad capital y nuestra contaminante quema de diesel por unos dos mil autobuses circulando. Ahora, cuando se limpian los muebles noto que el sucio es negro y ya no chocolate o marrón, como antes. Este gravísimo problema para la salud pública ha sido advertido por expertos en la materia, sin respuesta clara y compartida todavía a la vista. Tal vez la única resolución al problema de semejante impostergabilidad sea un moderno sistema de transporte masivo, posiblemente a base de trenes ligeros, cuyos vagones cuenten con aire acondicionado, como existe en otras ciudades.
Por fortuna ya contamos con un estudio de factibilidad donado por Francia a un costo de 700 mil balboas. Es sabido que ese país posee una alta tecnología en materia de "metros" y ferrocarriles en general, incluido el "tren bala", capaz de alcanzar velocidades hasta de unos 500 kilómetros por hora. Ello no significa, ni mucho menos, que únicamente los franceses sean capaces de construir este tipo de obras. La dificultad mayor radica en el financiamiento de la construcción de esta obra de unos 600 millones de balboas, que debe competir con otros proyectos trascendentales, como el saneamiento de la Bahía, de costos comparables. Tampoco puede olvidarse el gravamen que hoy por hoy representa nuestra deuda pública, ni tampoco dejar de anticipar que la operación de un sistema urbano semejante exigirá un subsidio del Estado y hasta del sector privado, basándose en cupones especiales a los empleados, pues no es posible su mantenimiento con peajes de 15 centavos todavía vigentes. (Continuará)

101 años de Panamá América

 
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